La Directiva de la vergüenza

0
68

Mi amigo Mohammed es un tipo huraño, de difícil carácter, y de escasa sociabilidad. De él me gusta su sentido del humor, irónico y sarcástico hasta herir o blanco y respetuoso hasta hacer reír.

Mi amigo Mohammed es un tipo honesto, de palabra, de esos que cumplen lo que prometen, y por eso me gusta, por eso es mi amigo, porque estoy harto de farsantes de poca monta que venden la luna sin título de propiedad.

Mi amigo Mohammed es un tipo ilegal, o eso dicen la legislación española. Entró en nuestro país de alguna forma que nunca me ha querido confesar, y los últimos tres años ha estado malviviendo por las calles de Madrid. Ahora, lleva un par de meses con un trabajo más o menos aceptable, y ganándose la vida como puede, pero sigue siendo ilegal.

Mi amigo Mohammed es un delincuente, y eso que nunca cometió ningún delito, más allá de una falta administrativa. Tiene miedo, escucha las noticias y se atemoriza. ¿De qué le acusan? De buscar un futuro para su familia.

Mi amigo Mohammed es un símbolo para mí, un símbolo que representa a los miles de inmigrantes ilegales que vienen, y vendrán, a nuestro país, y a los que la Unión Europea tiene miedo. Y, claro, cuando se tiene miedo se toman decisiones equivocadas.

Porque la represión policial es una decisión equivocada, se mire por donde se mire. Lo único que conseguirá ‘la Directiva de la vergüenza’ es radicalizar posturas y evitar la integración de los inmigrantes en los países miembros.

A la Unión Europea le hace falta plantearse el verdadero problema: ¿por qué vienen esos inmigrantes a nuestros países? Podemos estar seguros que no vienen por gusto, o porque les parezca que nuestro país es mejor.

Vienen, simplemente, porque en su país no tienen ningún futuro. Entonces, ¿cuál es la solución? Basta con crearles un futuro allí. Bien es cierto que no es una tarea fácil (sería demagógico no aceptar este hecho), pero la Unión Europea debería centrar sus esfuerzos en la inversión en origen, y olvidarse de medidas represivas excesivas que no nos llevan a ningún lado.

Si esta es la Unión Europea a la que estamos abocados, ¡qué paren el tren que yo me bajo!

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here