El debate necesario sobre el aborto

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Mientras el presidente del PP nos ilustraba a los españolitos de a pie con el arte de hacer bocadillos de tomate y jamón cocido, la gente en la calle, aunque alguno quiera decir lo contrario, chismorrea, habla, oye y opina sobre el tan polémico tema del aborto. Un debate imprescindible e ineludible para el ínclito presidente del gobierno del «Estado español» y un debate innecesario que se usa de cortina de humo para el nuevo rey del pollo frito, el presidente del partido del centro español.

Desde un punto de vista eminentemente médico, puesto que no puedo valorar los aspectos jurídicos del mismo, el debate del aborto es conveniente. Existe una legislación blanda que nadie cumple y sobre todo existe una mafia de medicuchos, zampabollos, vividores y sacacuartos que se dedican a lucrarse con el negocio de lo que eufemísticamente se llama interrupción voluntaria del embarazo… eso que se liga al «derecho de la mujer a decidir».

Vaya por delante mi absoluto rechazo al aborto. Como médico y como cristiano nunca practicaré o intervendré en un aborto, diga lo que diga el Ministro de Sanidad. Me parece algo abyecto que significa el mayor fracaso de la salud pública que cabe imaginar. No obstante, y aunque pueda resultar contradictorio, como ciudadano-miembro de un estado de derecho-, acepto y defiendo la existencia de una nueva legislación en torno al aborto que acabe con este negocio definitivamente.

El primer punto que se debe trabajar en la sociedad es la prevención de los embarazos no deseados, íntimamente ligados con las ETS. Es función ineludible de los profesionales de la salud y de los poderes públicos realizar campañas de difusión, concienciación y educación sexual. Todo aquel que se ríe y se mofa de las campañas de anticoncepción a parte de un ignorante y un atrevido, cae en la contradicción que supone el dualismo anticoncepción-aborto.

En segundo lugar hay que crear una legislación que garantice los derechos de todos los ciudadanos. Por un lado el derecho de una mujer a que libre, consciente, responsable y voluntariamente decidida llevar a cabo un aborto. Es una opción lícita que la legislación española debe respaldar. La prohibición del aborto no va a llevar a su desaparición. La mujer que quiera abortar lo hará aquí, en Inglaterra o en Laos, pero acabará abortando. Sólo con la salud pública se puede evitar al máximo, nunca de forma absoluta, este problema real que existe en la sociedad. Y por supuesto que las administraciones tienen que dotar al sistema sanitario de las infraestructuras y medios humanos y económicos necesarios para cumplir la ley del aborto. Respetando a su vez a los que no estamos dispuestos a llevarlo a cabo sin presiones ni insultos. Con el mismo amparo legal que las potenciales abortantes.

Un punto intermedio esencial es el papel de las administraciones en evitar los abortos en las mujeres embarazadas. A parte de dotar al sistema con profesionales y medios adecuados, el Estado debe poner a disposición de los pacientes equipos psicológicos y asistenciales que orienten asépticamente a la mujer. Y por supuesto, ayudar y doblegar esfuerzos en caso de mujeres o parejas que quieran seguir adelante con un embarazo, pero no tienen medios económicos. Y ligado a esto aparece el tema de las adopciones temporales y parciales que pueden ser una vía de solución muy interesante y por supuesto menos drástica.

Más allá de la moral o de consideraciones personales, los profesionales de la salud nos enfrentamos en nuestra vida a situaciones como las de una chiquita que pide asesoramiento por una sospecha de embarazo no deseado. A mi me preocupa su embarazo, o su posible sífilis, VIH o Chlamydia. Me preocupan todos los aspectos de su salud, que la OMS engloba en este nuevo concepto dinámico de salud entendida como el máximo grado de bienestar físico, psíquico y social del individuo. Cualquier punto que se me olvide de estos no servirá para proteger y promocionar la salud, y por tanto estaré incumpliendo mis obligaciones legales e hipocráticas.

El médico no juzga, no castiga ni hace juicios de valor. El médico estudia, aprende y sirve de instrumento al servicio del enfermo y del paciente. Cuando un médico se pone la bata deja de tener ideología política o religiosa, afición futbolística o mal carácter… se convierte en un profesional que debe prevenir, proteger y promocionar la salud. Ver el aborto desde fuera y hacer juicios de valor gratuitos es muy cómodo. Oponerse desde un púlpito o un periódico al aborto es tremendamente fácil. Pero en la vida diaria se ven más problemas relacionados con el ámbito sexual del que la gente se puede imaginar. Así que si quieren, en estas situaciones, les damos la dirección de sus casas para que ellos, que tanto saben, las resuelvan.

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