Decíamos ayer

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Ayer, no. Fue el 3l de julio cuando cerré los postigos de este bloc. Lo de blog no me gusta un pelo. Escribo en castellano. No soy un cibernauta. Me he pasado al ordenador, sí, pero lo utilizo sólo como procesador de textos. De ahí a otras cosas media un triple salto en el vacío, y por supuesto sin red. Aún no tengo carné de conducir por Internet. ¿En qué academias enseñan eso? ¿Podrá sacarse a mi edad? ¿Tendré que someterme a pruebas psicotécnicas? Hakuna matata. Vamos allá. Mis amigos no salen de su asombro. Luis Alberto de Cuenca me dice que soy un moderno. ¡Caramba! Es la primera vez que me llaman eso.

Lo de procesador tampoco me gusta nada. Me da repelús y mala espina. Suena a Tribunal de Represión de Masonería y Comunismo. Fue éste muy famoso. Cosas de Franco. ¡Mira que tú que mancomunar judicialmente a los comunistas y los masones! Era aquello meter a dos gatos, callejero el uno y de Angora el otro, en el mismo saco. A mí también me procesó.

Para procesadores, Garzón, que se cree Jesús de Galilea y dentro de poco, al paso que va, dictará orden de detención contra Poncio Pilato, Caifás, el Sanedrín en pleno y Judas. Éste último por malversación de fondos. ¡Y hale, todos, también, en el mismo saco! Me he desayunado esta mañana con la noticia de que el susodicho juez quiere investigar lo sucedido en Madrid, Sevilla, Córdoba y Granada durante la Guerra Civil y los primeros años del franquismo. ¿Por qué no, ya puestos, también los del segundo? Igual averigua por fin cómo, por qué y a manos de quién fue asesinado García Lorca. Seguro que a Ian Gibson le inquieta la noticia. ¿Qué dirán Hugo Thomas, Stanley Payne y Paul Preston? ¡Este Garzón!

Ya he dicho que cibernauta no soy, pero psiconauta, sí. La última vez que ingerí una sustancia enteogénica fue en compañía de Leopoldo Alas y otros amigos. No diré el nombre de éstos, no vaya a ser que Garzón los procese, pero el de Leopoldo, sí, porque ya se encuentra fuera de su jurisdicción. Murió, como seguramente saben los lectores de este cuaderno de psiconáutica, mientras sus postigos permanecían cerrados. Fue, para mí, una de las tres peores noticias privadas del verano. De las públicas no voy a hablar. Ya lo ha hecho todo el mundo. También murieron Luis Cencillo y Solzhenitsin. Sirvan estas líneas de íntimo, personal, privado homenaje a los tres, pero sin orla ni corbata negra. El luto sólo debe ser interior, y cuando no lo es, como en el caso de los políticos que han chupado rueda del avión de Spanair, es cinismo, trepa y vanidad. El Lobo Feroz lo ha dicho en la edición impresa de este periódico, y yo lo reitero y lo remacho aquí.

Termino. Ya está bien por hoy. No hay que forzar los motores después de su reposo. ¿Reposo? ¡Pero si me he pasado el verano –entre diez y doce horas al día, palabra- sentadito ante el ordenador para escribir mis memorias! El escritor siempre está de guardia. Servidumbre y privilegio de la literatura. No nos afecta el dichoso síndrome postvacacional. Tontunas. Decíamos ayer…

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