Aprendiendo la lección, ¿o no?

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Los momentos de catarsis interior le sirven al ser humano para renacer con fuerza de sus cenizas, cuál ave Fénix, y no volver a caer en los mismos errores que le llevaron a la situación que provocó su hundimiento personal.

El modelo económico occidental se encuentra inmerso en su peculiar catarsis interior, y todos los analistas coinciden en que acabará renaciendo de sus cenizas a mediados del año 2009, pero ¿lo hará con la lección aprendida?

Por ahora, los gestores económicos de los gobiernos occidentales están de acuerdo en que una vez superado el horizonte temporal marcado por el ciclo económico negativo, las economías volverán a la normalidad y recobrarán una situación similar a la que disfrutaron antes de la tempestad económica, o lo que es lo mismo, volverán a caer en los mismos errores.

¿De dónde viene la crisis financiera? De la ausencia de regulación. Desde mediados de los años 80, Occidente está sufriendo la liberalización abusiva de la economía. Iniciada en los Estados Unidos de Reagan y secundada por la Gran Bretaña de Thatcher, esta liberalización fue, posteriormente, imitada por los países emergentes del yugo del comunismo.

Estos países vieron en la liberalización masiva ‘la gallina de los huevos de oro’, y ya lo creo que se hicieron de oro, pero sólo unos pocos, sólo aquellos que supieron aprovecharse de la situación, y no siempre de manera lícita.

La Unión Europea, por su parte, siguió esa tendencia desregularizadora, aunque de una manera involuntaria. Debido a los tratados que la conforman, fue allanando el camino para la creación de un entramado económico complejo en los países miembros de la Unión, pero no supo responder con una unión política que estuviera a la altura.

Así, mientras las empresas piensan en dimensión europea, los gobiernos centrales lo hacen con constricción nacional, lo que provoca los graves desacuerdos a los que estamos asistiendo estos últimos días.

La crisis financiera actual nos debería enseñar que la desregulación excesiva provoca que la economía se fagocite a sí misma, y acabe con las bases del propio sistema que la hicieron florecer, dando la razón al nunca bien ponderado Marx, tantas veces vilipendiado y tergiversado.

Por tanto, los gobiernos occidentales deberían elaborar un plan de acción conjunto que permitiera regular la economía, pero hacerlo desde un punto de vista global. Porque, hoy en día, de poco sirve emitir leyes y reglas a nivel nacional, cuando todas las empresas exceden el terreno de la nacionalidad.

Y esta regulación serviría para controlar los excesos de la economía, sin llegar a ahogarla, dejándola crecer, pero siempre bajo el control y supervisión de organismos supranacionales e independientes.

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