Crisis Financiera para «Dummies» y Ecuador

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Como dos gotas de Agua

Si hay algo en lo que coincido con el Sr. Correa es su apreciación sobre la evidente mediocridad del periodismo ecuatoriano. Él utiliza el calificativo para desprestigiar su labor potencialmente opositora, yo prefiero ceñirme a lo estrictamente profesional. Desconozco si esta mediocridad es causada por carencias a nivel de docencia Universitaria, ejemplos catedráticos como el infame Chiriboga Albán de la Católica me inclinan a intuir que gran parte del problema tiene su origen en las aulas; o si el problema radica en la ínfima exigencia de los medios, más interesados en bustoparlantes agradables en retina (TV), fanáticos futboleros de hipo-grito huracanado (radio), o dóciles juntaletras al servicio de intereses diversos (prensa escrita). El caso es que se trata de un gremio muy venido a menos desde hace décadas.

Un ejemplo sintomático es el tratamiento que le han dado a la Crisis Financiera de las Hipotecas Sub Prime. Es evidente que el periodista promedio carece de preparación suficiente como para afrontar un comentario argumentado ante una situación que, suponen, rebasa, a enorme velocidad, el áspero pedregal de su preparación académica. Sin embargo, lo acontecido en Estados Unidos tiene explicaciones relativamente sencillas de entender, si se libera el componente distorsionador del punto de vista politizado.

Revisemos la situación:

La Federal Reserve (FED), el Banco Emisor de dólares, con toda la buena voluntad de paliar la inevitable recesión tras el 11-S, y obsesionada con el control de la inflación vía política monetaria (comportamiento, por otra parte, tan popular como dañino en burócratas de todo pelaje) decide mantener una política de tasas de interés extremadamente reducidas. El objetivo: compensar, mediante el abaratamiento del recurso financiero, las elevaciones de precios de otros factores de producción (hacer más barato el costo del dinero).

La tasa de la FED es la Federal Reserve Funds Interest Rate. Sobre esa tasa, los bancos calculaban la tasa Prime (tasa FED más una Prima) para préstamos interbancarios (entre bancos) y a clientes preferenciales. Normalmente, al común del sujeto de crédito se le aplican tasas superiores a la prime. Luego se inventaron las “subprime” tasas variables en condiciones especiales que permitieron préstamos a empresas e individuos que nunca antes accedían a crédito. De ahí que mucha gente se refiera a esta crisis como la crisis de las “sub-Prime”.

Los bancos encontraron una situación en que, para obtener beneficios, no necesitaban hacer esfuerzos por captar depósitos que canalizar hacia proyectos rentables; base primigenia del negocio bancario, simplemente le pedían prestado el dinero a la FED, y lo trasladaban al mercado a tasas muy reducidas. Pronto se encontraron en una situación donde tenían más dinero que proyectos que financiar, así que decidieron ampliar su base de clientes y encontraron el siempre interesante sector de los bienes raíces, listo para recibirles con los brazos abiertos.

El negocio parecía muy sólido. Con intereses muy bajos y plazos larguísimos, se ampliaba la base de clientes que, en teoría, estarían en capacidad de asumir una hipoteca a precios inferiores a lo que costaría alquilar el mismo bien que hasta entonces arrendaban (beneficio para el pueblo). La economía se dinamizaba con la necesidad de generar nuevos proyectos inmobiliarios con los cuales atender el evidente incremento de la demanda.

El gobierno ganaba al ampliar la recaudación impositiva sobre cada transacción de compraventa, más cuanto mayor fuese la plusvalía obtenida en el proceso, además de lo recaudado en impuestos sobre la renta y patrimonio de constructoras, corredores y todo tipo de personas, naturales y jurídicas, involucradas en el proceso.

Añadiendo el componente inobjetable de que el mismo crecimiento de la demanda provocaría un incremento constante en el valor de las viviendas, aparentemente se eliminaba el riesgo de pérdida que provocaría una eventual incapacidad de pago de las hipotecas por parte de los compradores. Si el sujeto no podía pagar, siempre le quedaba el recurso de vender el bien, cancelar la deuda e incluso sacar un billetito libre de polvo y paja en el camino. El modelo era una auténtica belleza. Todos ganaban: gobierno, ciudadano, bancos, constructoras, la economía en general…

Tan bueno era, que el ejecutivo presionaba para que la FED mantuviese esa política de tasas. La FED lo hizo, pero restringiendo el cupo otorgado a cada banco, para evitar concentración de riesgos más allá de lo razonable. Los bancos que completaban sus cupos siguieron sin acudir a la captación de depósitos, simplemente tornaron hacia bancos que todavía tenían cupo con la FED o a entidades internacionales en busca de recursos frescos, ofreciendo interesantes paquetes de cartera hipotecaria en garantía. Con esos recursos piramidaban las cancelaciones a la FED o invertían en nuevos y “aparentemente” rentables propuestas inmobiliarias. La pescadilla se mordía la cola del círculo virtuoso.

Mientras tanto, mercados emergentes como China e India, liberaban sus economías y crecían a tasas inimaginables impulsadas por la necesidad de abastecer los requerimientos de las economías primermundistas y los de su propia y gigantesca demanda doméstica.

La demanda de energía a nivel mundial, se disparó, impulsando los precios de petróleo y materias primas a niveles nunca antes vistos. Esto elevó los costos de todo tipo de productos (la famosa inflación a nivel mundial que tan socorrida le resulta al Sr. Correa para justificar su culpabilidad inflacionaria), restringiendo el poder adquisitivo del americano promedio, que, de pronto, se vio en la imposibilidad de pagar las cuotas de sus hipotecas.

Las posteriores confiscaciones de los bienes provocaron una sobreoferta de propiedades inmobiliarias, con el consiguiente desplome de los precios de dichos bienes. Una irrisoria recuperación de cartera complicó la capacidad de algunos bancos para poder cancelar sus compromisos de pago con entidades superiores. Una cadena que termina afectando sobre manera, curiosamente, a los bancos y aseguradoras más poderosas, tenedores últimos de los paquetes más fuertes de instrumentos financieros con respaldo hipotecario.

Juntemos a todo esto el gasto desmedido de la administración Bush para financiar el costo de la Guerra de Irak y tendremos, casi al completo, los detonantes de la crisis financiera actual.

Resumiendo sin retórica:

1.- Política Monetaria Intervencionista por parte de burócratas de la FED provoca excesos de liquidez en el mercado;

2.- Exceso de liquidez provoca incremento artificial en la demanda de bienes raíces, empujando los precios de los mismos al alza;

2.- Derrochador Gasto Público por parte del Gobierno de los EE.UU. financiado, en parte, con el lucro impositivo de los beneficios del mercado financiero;

3.- Crecimiento de la Demanda en China e India provoca subida de precios de materias primas y petróleo;

4.- Aumento de precios de bienes y servicios provoca disminución de poder adquisitivo, se hace imposible cancelar las hipotecas. Remate de viviendas, provoca sobreoferta y desplome de los precios de las mismas;

5.- Desplome de valores ilíquidos en garantía provoca imposibilidad de cumplimiento de los compromisos financieros de las entidades.

6.- Gobierno interviene adquiriendo las carteras inmobiliarias para devolver liquidez al mercado.
Está claro, ¿verdad?

7.- Estupidez de los nostálgicos del socialismo jurásico provoca comentarios absurdos sobre el derrumbe de la Economía de Libre Mercado y cambios de época, abogando por un mayor intervencionismo de los Estados.

8.- Periodistas mediocres propagan dicha explicación que les parece muy creíble, sin cotejar los hechos irrefutables y evidentes.

9.- Masa populares desinformadas se comen el cuento e insisten en propagar la buena nueva predicada por los apóstoles del castrochavismo.

10.- El gasto público y las políticas intervencionistas no se frenan y la crisis se alarga mucho más de lo deseable.

LA REALIDAD:

De no haber existido intervencionismo monetario errado por parte de “burócratas bienintencionados” el mercado financiero no hubiese permitido burbujas de este calibre.

Al intervenir adicionalmente, en realidad, el Estado está devolviendo parte de lo que ya lucró con su propia especulación financiera. Sin embargo, está creando una falsa sensación de seguridad que incentiva la falta de prudencia a la hora de evaluar riesgos crediticios.

Las entidades que mantuvieron prudencia la margen de todo el sistema salen fortalecidas pero perjudicadas ya que se mantiene artificialmente vivos a competidores mucho menos prudentes.

EL CASO ECUATORIANO

El columnista del diario “El Comercio”, Sebastián Hurtado,sintetiza el evidente paralelismo con el caso Ecuatoriano:

“Es difícil dejar de notar algunas similitudes con lo que actualmente ocurre en Ecuador. Mientras en el resto del mundo las tasas de interés han tendido al alza, las autoridades monetarias ecuatorianas se han empeñado en reducirlas ‘a la fuerza’ y probablemente continuarán haciéndolo en los próximos meses.

Con una inflación anual proyectada por sobre el 10%, buena parte de las tasas locales -entre ellas las hipotecarias- están volviéndose negativas en términos reales, incentivando a consumidores y empresas a endeudarse e impulsando la demanda y la inflación.

A esta sensible expansión del crédito a través del sistema financiero -18% en lo que va del año- hay que sumar los recursos crediticios que inyectarán a la economía algunas instituciones financieras estatales. Por ejemplo, el Seguro Social pretende otorgar $600 millones en créditos hipotecarios a tasas reales negativas y en condiciones crediticias que asustarían hasta al más arriesgado banquero de Wall Street.

Si llega a estallar en Ecuador lo que parecería ser una burbuja económica en formación, no faltará quien acuse a banqueros, deudores y al libre-mercado por lo sucedido, sin voltear a mirar que las crisis económicas -tanto aquí como en otras partes del mundo- usualmente las gestan los gobiernos.”

Lo único que nos puede salvar de la burbuja es que no existe banco emisor que pueda prestar recursos a los bancos a bajo interés, con lo cual, las tasas de la banca privada seguirán elevadas A NIVELES DE MERCADO.

Si no se produce una reactivación económica más allá de la burbuja petrolera actual, ante la inminencia de la quiebra técnica del IESS, le echarán la culpa del previsible fracaso económico a los empresarios pelucones que no se adhirieron al maravilloso sistema Estatista propuesto en la nueva Constitución, eliminaran la dolarización e implantaran la pseudo moneda regional del sur.

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