Epitafio

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Deletus est Occidens, Occidente occiso. No soy economista, luego sé de economía. Basta, para eso, con tener sentido común. No sabiendo los oficios, los haremos con respeto. / Para enterrar a los muertos / como debemos, / cualquiera sirve, cualquiera, menos un sepulturero (León Felipe). Los políticos tampoco saben de política. Una caterva de incompetentes gobierna el mundo. Enviemos el coche al chatarrero, recorramos en autostop la ruta 66 hacia la California del Mar de China y humillemos la cerviz con la sesera protegida del sol naciente por un sombrero cónico para recoger en un arrozal los racimos de las uvas de la ira. Lo del 29 fue una broma. Elevémoslo al cubo de Rubik con las seis caras de color negro. ¿Depresión? No. Socavón, cráter, metástasis de entropía terminal, fin de ciclo, de cielo y de era. Tenía que suceder. La culpa no es de la libertad del mercado, sino del capitalismo, el keynesismo, la socialdemocracia, el Estado del Bienestar, la corrección política, el idioma performativo de los progres (cómo hacer cosas con palabras), la avaricia de los brokers, la implantación de una economía basada en el monetarismo, la especulación y la ingeniería financiera, y el delirio de creer que el dinero puede producir riqueza. Pues no. Lo único que la produce es el trabajo. En Europa no apenca nadie: todo es subvención e IRPF. Potencias emergentes: las que, recurriendo a los Fondos Soberanos, están haciéndose con el control de las multinacionales. Arabia Saudí, los Emiratos, Venezuela (que por el momento se limita a nacionalizar lo propio), Rusia y, por supuesto, China. Los bancos, en Japón, sólo aceptan euros a regañadientes y cobrándose un interés leonino. Son los chinos quienes sostienen el dólar. Si retiran su apoyo, será el acabóse. ¿Efecto dominó? No. ¿Efecto mariposa? Tampoco. Efecto alud, efecto avalancha. El enorme vacío dejado por el derrumbe de Europa y USA (torres gemelas) será inmediatamente ocupado por China, Rusia y el Islam. No es cuestión de lustros, sino de meses. Quizá de días (irae). ¿Qué cabe hacer? ¿Ir a la tercera guerra mundial? ¡Venga, hombre! Resignémonos a recoger los lichis de la ira y a comer bosta de dromedario en la Ruta de la Seda. Fue Spengler quien avisó en l922 de que lo fáustico tocaba a su fin. Reléanlo. Aquel filósofo de la historia era Juan en Patmos. Cojan el dinero y corran con él hacia ninguna parte, porque se lo robarán. Occidente es un hervidero de cacos. El 73 por ciento de los españoles cree que nuestras leyes han sido concebidas para proteger a los delincuentes. ¿Levantamos un búnker de acero de a palmo en cada casa y enterramos en él, como hacían los faraones con los albañiles de sus tumbas, a los cerrajeros que conozcan la combinación? Perdonen el sarcasmo, pero ya sólo nos queda el humor negro. Otra vez León Felipe: Un día todos sabemos / hacer justicia. Tan bien como el rey hebreo / lo hizo Sancho el escudero / y el villano Pedro Crespo. Tomen nota los incompetentes que nos gobiernan. Los idus de marzo y los días de la ira se avecinan. Si estoy equivocado, mejor.

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