La Importancia De Las Personas

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Avanzamos desde el pasado siglo por las veredas de la tecnología, encauzada para hacer nuestra vida más cómoda a nivel físico y mental. Nuestra casa es refugio de multiplicidad de aparatos inexistentes en la mente de nuestros antepasados: calentador, estufa, climatizador, nevera, plancha, lavadora, rizador del pelo, cepillo de dientes automático, televisión, radio, coche, ordenador, teléfono… todo funciona a base de teclas.

¿Se han parado a reflexionar cuántos mandos tienen en sus hogares? Y con sinceridad ¿saben para que sirven todas los botones o los han usado cada uno al menos una vez?

De todas maneras, a estas alturas no puedo dejar de reconocer lo difícil que sería vivir sin alguna de estas máquinas.  ¡A mí que no me quiten la lavadora!

Por otra parte, si bien rindo tributo a lo que la tecnología puede hacer por nosotros, hay un aspecto negativo difícil de contrarrestar: la deshumanización. La tecnología esta empezando a invadir y sustituir, como antes hizo en las fábricas, el componente humano en el sector servicios. Muchos de ellos se ofrecen ya exclusivamente por teléfono o por internet. Ahorramos tiempo y esfuerzo, es verdad,  pero ¿para hacer qué? ¿Entretenernos con otros aparatos como la televisión o el ordenador?

Paradójicamente, a medida que nos concentramos en ciudades y se reduce el espacio físico entre las personas, aumenta la distancia emocional. Vivimos defendiendo nuestro pequeño islote levantando murallas que nos protejan del exterior.

Si quiere tal servicio; marque el 1, si desea este otro; marque el 2… ¿les suena? Seguro que sí.

Dentro de poco las máquinas se codearán con nosotros (como suena a película futurista ¿verdad?), y dejando atrás los telefonillos de información turística, llegan a los museos los autómatas para encargarse de las visitas guiadas.

Aquí les enlazo la noticia: El MUJA dispondrá en 2009 de uno para las visitas guiadas.

Navegamos hacia un mundo perfecto en el que las máquinas cada vez van teniendo más protagonismo; pero precisamente esa perfección que les demandamos, es lo que las hace imperfectas e incomparables al ser humano.

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