Las clases medias piden la palabra

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Está por llegar lo peor de la verdadera crisis económica. Latinoamérica empezará a sentir sus estragos pronto si no se toman medidas inteligentes.

La crisis económica supone para Latinoamérica exportar menos y más barato, tener menos inversiones extranjeras y ver reducidas las remesas, colchón de protección social para más de 100 millones de personas. Pero también presenta una oportunidad para re-negociar su papel geopolítico en el mundo.

En lugar de la misma foto, la próxima cumbre del G20 podría recordarse como la cita en que los dirigentes de México, Argentina y Brasil plantearon iniciativas para evitar el crecimiento de la pobreza en la zona, que podría alcanzar los 215 millones de personas desde las 200 millones actuales.

La Vicepresidenta del Gobierno español insiste en que España debe estar para representar los intereses de América Latina. Sin embargo, Brasil, Argentina y México han vivido en carne propia los estragos del neoliberalismo y se pueden representar a sí mismos y al resto de países de la zona, con síntomas sociales, políticos y económicos similares.

Casi todos los Gobiernos de la región pusieron en práctica la privatización de servicios básicos, el cambio de sus modelos de exportación y la importación de productos y bienes con los que se ha especulado. El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional ofrecieron esas medidas como la receta mágica para atraer la inversión extranjera.

El fracaso del Consenso de Washington puede servir como punto de partida para nuevas alternativas de mercado como ha sucedido en algunos países asiáticos, actualmente con una deceleración en su crecimiento, pero sin la recesión de otras regiones.

Aunque nadie forzó a los Gobiernos latinoamericanos a seguir el modelo de “la mano invisible que todo lo regula”, los modelos de comercio y las relaciones internacionales se han configurado desde la idea que los países del G8 tienen del “libre comercio”. Aranceles férreos para productos agrícolas y primarios de los países emergentes, subsidios a la producción y exportación de productos agrícolas al “Tercer Mundo” y el intercambio comercial de materias primas básicas de las economías más frágiles a cambio de excedentes de producción.

Se trataba de privatizar el acceso a la salud para entrar en el club de los privilegiados, para atraer inversionistas extranjeros, considerados muchas veces los “motores” de las economías y los “salvadores” para incrementar la eficiencia en el servicio. Así le sucedió a Bolivia, que privatizó el acceso al agua y dejó a millones de familias sin poder pagar las tarifas de la multinacional y con la única opción de recurrir a las tomas ilegales de agua.

Si la crisis forzara la quiebra de empresas que gestionan servicios básicos en esos países, se tendrían que hacer cargo los Gobiernos que de por sí tienen problemas de recaudación fiscal, devaluaciones y, en algunos casos, grandes problemas con el crimen organizado.

Entre las medidas que se tomen en la próxima cumbre del G20 tendrá que estar la protección de la clase media latinoamericana, que supone un tercio de la población total de la región, creadora del 95% de las empresas y generan en la actualidad 160 millones de puestos de trabajo, según los datos que aporta el analista argentino Bernardo Kliksberg.

El acceso a la salud, el trabajo, la educación y las pensiones descansan en el dinamismo social y el nivel educativo de la clase media. Sin la adecuada protección, muchas personas podrían cruzar el umbral que los separa de la pobreza en una región cada vez más empobrecida.

Si los grandes bancos del mundo han sido capaces de rescatar a las entidades responsables de la crisis, se tendrán que escuchar propuestas con mayor legitimidad y base ética.

La Reserva Federal de Estados Unidos y los bancos centrales de Brasil, México, Corea y Singapur han llegado a un acuerdo para dotar de liquidez a sus mercados. Para asegurar el acceso a la salud, la educación y las pensiones, se podría crear un fondo “latinoamericano” con el apoyo de las grandes economías. Esto redundaría en nuevos puestos de trabajo y en generaciones jóvenes mejor formadas para no exponerse al fantasma de la pobreza y a la delincuencia como alternativa. El mundo le debe ceder la palabra a la clase media latinoamericana.

Carlos A. Miguélez Monroy

Periodista

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