Últimas noticias de Soseki

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Lo sé, lo sé… Ya vale. No volveré a hablar de Soseki en este blog a corto plazo. Ésta de hoy es, por el momento, la última entrega.

Nunca leo los comentarios que otros dejan en Dragolandia. Tampoco los que envían a mi página web. Esta vez lo he hecho. Es más: los he recopilado, en su versión impresa, porque muchos de ellos -casi todos- me han llegado al alma y me han hecho llorar a lágrima viva. Siguen, por cierto, llegando. Tengo ya una abultada carpeta en cuyo frontispicio pone Soseki. Me servirá su contenido para la obra, breve, pero intensa, que preparo sobre él y en la que inmediatamente voy a enfrascarme. Me gustaría que saliese en primavera. Abrigo el propósito de dedicar los derechos de autor que devengue a la creación de un centro de acogida de gatos en Castilfrío. No sé si eso será posible, porque la burocracia, en este país, lo impide casi todo y yo no sirvo para organizar nada, ni para hacer gestiones, ni -menos aún- para pedir subvenciones. Nunca las he recibido. La Administración me da alergia, y los políticos, cuanto más lejos, mejor.

Ya veremos… Lo más urgente ahora es escribir el libro y mantener viva la presencia de Soseki. Naoko sigue percibiendo su olor, cada vez más tenue. Dicen en el Sáhara que el alma de los gatos permanece hasta que sus dueños mueren en la casa donde vivieron.

¿Dueños? No, no lo éramos. Soseki, como todos los de su especie, no era propiedad de nadie. Son animales soberanos.

Tenemos otro gatito, también atigrado, y parecidísimo, de aspecto y de carácter, al que después de cumplir su misión se lanzó a surcar el infinito. Nos lo han enviado desde Asturias. Es cachorrillo. Aún no tiene nombre. Será él quien nos sugiera cuál debemos ponerle. Yo nunca lo hago. Espero. No pongo etiquetas.

No puedo responder a todas las personas de buenos sentimientos que me han enviado su amistad, su comprensión y sus condolencias. Tardaría años en hacerlo. Lo hago, colectivamente, desde aquí. En algunos casos, poco a poco y privadamente, personalizaré las respuestas. A todos, mi gratitud. Os lo aseguro: es inmensa. La de Naoko, también.

En cuanto a los personajillos de corazón negro -muy pocos, cuatro gotas en el océano- que se han burlado de lo sucedido y han enviado esputos de mala baba, con su mismo veneno se los coman. Son gentuza. No merece la pena ni serviría de nada reparar en ellos.

Cuando murió Giner de los Ríos, Antonio Machado pidió que se le hiciera un duelo de labores y esperanzas. Es lo que yo quiero hacer en memoria de Soseki: convertir su muerte en sementera de vida.

Soseki ya tiene epitafio. Se lo ha puesto un lector de este blog: Koshinga. Dice: Requiemcat in pace. (Ojo: no requiescat, sino requiem y cat).

El resto es silencio.

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