¿Dónde estábais?

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«Nuestro primer enemigo no es Bin Laden ni Al Zarqaui, es el Corán, el libro que los ha intoxicado»

Oriana Fallaci

Me había prometido a mi mismo no hablar de este conflicto. Pero no puedo evitarlo. Ya lo hice -como excepción- días atrás en mi reflexión Políticamente incorrecto y hoy, de nuevo, me toca, al menos, levantar la voz en defensa del pueblo israelí. Y lo hago porque a diario recibo cientos de correos -manipuladores, tendenciosos, superfluos, ignorantes de la Historia…- alentando casi a una yihad -guerra santa con imposición del Islam y aniquilación el enemigo no sometido- contra Israel por el presunto genocidio en Gaza.

Y me pregunto: ¿Dónde estaban todos estos escritores y poetas defensores de la libertad, la paz y demás tics libertarios cuando Lula no acomete soluciones para esas más de 30.000 muertes violentas que se producen al año en Brasil? ¿Dónde están su voces y sus letras cuando Rusia de la mano del kgbiano Putin entra a saco contra cualquier país ex satélite con tanques y AK47 tirando a la barriga de pacíficos ciudadanos? ¿Dónde estaban sus poemas cuando se exterminaba a grama rematá por orden de Milošević en el corazón de Europa? ¿Dónde están sus versos o cantos la libertad cuando las mujeres, bajo un velo opresor, son lapidadas, repudiadas o sometidas a mutilaciones genitales en nombre de Allah?

Y es que como decía la gran escritora Olliana Fallaci, somos unos débiles contra el Islam y el fundamentalismo islámico. Y eso Israel, nación democrática con igualdad entre hombres y mujeres, lo sabe muy bien. Por eso no se achanta pese al antisemitismo creciente -muy típico del fascismo y del comunismo- e ignorante.

Me pregunto si las poetisas -ellas- que hablan de genocidio, saben lo que es un genocidio -se estima que el gobierno comunista chino ha fusilado a más de 60 millones de sus compatriotas- qué les pasaría si decidieran someterse a las normas de los chicos tolerantes de Hamas o Al Fatah.

Y a ellos les pregunto qué – o cómo- podrían escribir sobre la libertad, la paz o la democracia bajo el imperio del miedo de una religión que impone el terror a sus ciudadanos en nombre de un dios.

La guerra jamás es justificación de nada. Pero si uno cree y practica la libertad, la paz, la igualdad jamás podrá hacerlo bajo el velo del Corán, el calor del Islam o el paraguas protector de cientos de cohetes Katiusha.

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