Sociopolítica

Justicia: la estafa de las fianzas y condenas

Las leyes (muchas veces) parece ser que fueron hechas por o para los delincuentes; o sea para favorecerlos y no para castigarlos ejemplarmente y para evitar reincidencias o “escuelas de delincuentes”, que es lo que prolifera hoy por doquier; y a la vista está la enormidad de delincuentes de todo tipo y condición, que estudiando las leyes actúan sabiendo que en caso de que los cojan… “hay salidas para todo o casi todo”. Por ello o las leyes se revisan y concretan lo más exhaustivamente posible o la sociedad seguirá estafada, robada e incluso asesinada y todo ello en aumento constante.

Lo último y más grande que ha ocurrido, puesto que ha sido calificado como la mayor estafa de todos los tiempos, ha sido el caso de ese bandido internacional, apellidado Madoff, el que se dice ha estafado la increíble cantidad de cincuenta mil millones de dólares (en pesetas hay para llenar una línea de este escrito, en números) y al que le han puesto de fianza, cinco millones y ya está en la calle. Estafar es robar y si lo he calificado de bandido, es por que los bandidos también son ladrones y unos y otros, de inmediato a que se les coge deben estar en una penitenciaría y de inmediato también ponerlos a trabajar para que al menos con su trabajo, paguen su mantenimiento y estancia, que no tiene por que pagar el contribuyente con sus impuestos.

El delito o es delito o no lo es, por tanto la fianza debe desaparecer de las legislaciones, puesto que si un delito se puede “comprar” con una fianza, a la que se soborna es a la propia justicia que se deja sobornar con dinero. Por tanto de inmediato a que se agarre a un delincuente y hechas las declaraciones o “atestados” oportunos, el juez debe saber si lo mete en la cárcel o lo deja suelto, pero fianzas no… salvo la excepción de que el ladrón o estafador, deposite la totalidad de lo robado y lo ponga “sobre la mesa del juez”; y aún así, como el delito estaba demostrado, el reo a la cárcel y a trabajar mientras se establece el juicio oportuno. Nunca entenderé el por qué, la persona honrada tiene que trabajar para ganarse su pan y el delincuente no tenga esa misma obligación, que para mí es elemental y de plena justicia humana.

También resulta un cachondeo o una burla al pueblo, que es el que pagamos todos los tinglados de los que luego nos van a juzgar.

Veamos lo de las condenas. ¿Por qué se aplican condenas que luego no se cumplen? Nadie entiende (menos aún en los casos de terroristas y otros bichos similares) el que a un individuo le apliquen condenas de decenas, cientos o incluso miles de años y que luego, pasado un tiempo (el que sea) quedan en la calle y “limpios de polvo y paja”. Las condenas hay que establecerlas para que se cumplan en su totalidad y si el condenado no vive ese tiempo, es simple… que muera en la penitenciaría y punto. ¿Tuvo él caridad con sus víctimas? ¡No!… pues reciprocidad y punto. Si no hay dureza en las condenas y que marquen ejemplaridad, no hay solución.

Para solucionar los posibles errores de los jueces, existe la revisión del caso y lo que no se le puede negar a nadie, que presente indicios para revisar su causa o pena.

Y sobre la tardanza en resolver los casos judiciales, eso ya no es cachondeo, eso es ya de bochorno… y quienes sean… tienen que solucionar ello para agilizar todo a plazos comprensibles; lo que no puede es seguir en esas demoras que sólo benefician a los delincuentes y perjudican a muchas personas honradas, que están cogidas “en esos cepos” injustificables, con tantísimo adelanto como hoy proporciona la “ordenadomanía” y demás avances tecnológicos.

¿Qué hacen los políticos de todos los partidos, que sólo se preocupan en su medro y ascenso a mejores puestos y que tienen al pueblo totalmente abandonado? ¿No entienden que no se ganan ni el sueldo que les estamos pagando?

Sobre el autor

Jordi Sierra Marquez

Jordi Sierra Marquez

Comunicador y periodista 2.0 - Experto en #MarketingDigital y #MarcaPersonal / Licenciado en periodismo por la UCM y con un master en comunicación multimedia.

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