¡Y dos huevos duros!

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Fue en 1798 cuando el economista Malthus agarró por las vedijas la madre del cordero del cataclismo que ahora nos aflige y puso sobre el tapete de la historia los naipes del futuro de la humanidad. Anda ésta a punto de perder el plato y las lentejas que contiene. Rindámonos a la evidencia: es el crecimiento demográfico lo que nos ha conducido al actual callejón sin salida. Siete mil millones de egos no caben en las sentinas del planeta. El aforo de ese barco tiene un límite. No hay ni puede haber comida, agua y trabajo para todos. La hambruna, la sed, el paro y la pobreza irán constantemente a más. Esto es un naufragio y será pronto un hundimiento. En el arca de Noé sólo cupo una pareja de cada especie. Si hubiesen entrado más se habría ido a pique. Las leyes de la naturaleza no admiten excepciones. Los zoólogos saben que está condenado a la extinción cualquier grupo animal que crezca por encima de lo que su hábitat consiente. ¿No es el hombre un animal? ¿No hemos crecido (en número, no en virtud ni en sabiduría) infinitamente más de lo que madre natura puede amamantar? El científico Lovelock y quienes lo siguen, valedores todos de la llamada Hipótesis Gaia, sostienen que el universo es un sistema inteligente y capaz, por ello, de identificar y exterminar a quien lo amenaza. Así perecieron los monstruos descomunales del parque jurásico. Gaia nos tiene en su punto de mira. Cambio climático, agujeros de ozono, degeneración irreversible de los fondos marinos, terremotos, inundaciones, enfermedades víricas de nuevo cuño, deterioro del esperma del homo protésicus… ¡Anda, jaleo, jaleo! Ya comenzó el alboroto, pero la mascletá aún no ha estallado. El hombre hace cuanto puede para acelerar su llegada. Una pulsión suicida del inconsciente colectivo lo obliga a ello. Es el mandato de Gaia. Somos como esos ejércitos de roedores que salvan distancias inverosímiles para llegar a la orilla del océano y arrojarse a él. ¿Saben cuántas guerras hay ahora? Casi trescientas. Más que nunca. ¿Por maldad congénita, por instinto de depredación? Sí, claro, por eso, pero también porque en el mundo no cabe un alfiler. Es como el metro en hora punta. Hay que avanzar a codazos. Cuesta admitirlo y decirlo, pero la especie humana sólo sobrevivirá si algo o alguien la diezma. ¿Será Gaia? ¿Será Wall Street? ¿Será el Club Bilderberg? Seremos nosotros. Malthus no fue un economista. Fue un profeta. ¿Estamos a tiempo?

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