Todos los discursos parlamentarios de Sagasta en la web

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La web de la Fundación Sagasta cuenta desde ahora con un nuevo apartado de discursos parlamentarios en el que se recogen todas las intervenciones de Práxedes Mateo Sagasta ante el Congreso de los Diputados. Una brillante trayectoria política de casi 50 años que dejó miles de ejemplos de la mejor oratoria hecha en España. El trabajo forma parte de un proyecto de investigación desarrollado en la Universidad de La Rioja.

“Cuando se me concedió la palabra, pensé no hablar, al ver lo desiertos que se hallaban los bancos; pensé no hablar, porque veía con sentimiento que cuando se trata una de las cuestiones más importantes para el país, no estuviesen los bancos de los Diputados como cuando se tratan las cuestiones políticas, a las cuales se les da más importancia de la que debe dárseles”.

Suena actual, ¿verdad? Pues se trata de una intervención de Práxedes Mateo Sagasta ante el Congreso de los Diputados en 1855. Y la cita, además de estar de actualidad, es literal, tomada de uno de los 1.737 discursos del político riojano que recoge la web .

Aunque no se recuerde el texto con exactitud, la página dispone de un buscador en el que basta con introducir algunas palabras clave para obtener la referencia correcta. También puede buscarse por fechas, legislatura o tema.

La riqueza del material disponible y la rapidez en las consultas son dos de los puntos fuertes de este nuevo apartado de discursos parlamentarios recién incorporado a la web. Es fruto de un proyecto de investigación liderado por José Antonio Caballero, decano de la Facultad de Letras y de la Educación de la Universidad de La Rioja, en el que participan siete filólogos y cuatro historiadores.

La nueva página recoge todas las intervenciones que Sagasta realizó ante el Congreso de los Diputados en los casi 50 años que estuvo en primera fila de la política española (desde 1854 hasta su muerte en 1903), como diputado en 34 legislaturas, y presidente del Congreso y del Gobierno (siete veces, con las dinastías de Saboya y Borbón).

“No hay un político que nos permita seguir mejor la convulsa trayectoria de España en la segunda mitad del siglo XIX”, explica Caballero. Con esta edición en formato electrónico su equipo ha tratado de hacer accesibles todos los discursos parlamentarios de Sagasta tanto a los investigadores de la historia como a los estudiosos de la retórica y la oratoria, y a la sociedad en general.

El proyecto de investigación ha generado, además, 17 artículos en revistas científicas y 5 tesis doctorales, entre otros resultados. Lleva en marcha 6 años, (financiado por el Ministerio de Educación y Ciencia, el FEDER, la Universidad de La Rioja y el Instituto de Estudios Riojano) y continuará con una segunda fase en la que está previsto añadir a la página web todas las intervenciones de Sagasta ante el Senado, hasta completar un total de 2.500 discursos.

Todo un tesoro de la llamada “edad de oro” de la oratoria política española (la época de Cánovas del Castillo, Castelar, Echegaray, Moret, Olózaga y Ríos Rosas, entre otros), más bien olvidada hasta ahora, aunque de nuevo el “efecto Obama” nos haya hecho recordar lo magnífico de un buen discurso.

Una anécdota: el “diputadito”

Cuando Sagasta expresó su malestar por los asientos vacíos del hemiciclo era todavía un desconocido diputado por Zamora, llegado a las Cortes Constituyentes apenas un año antes. Pero pronto alcanzó fama de buen orador y polemista incansable, con episodios como el protagonizado junto a un veterano general que refiriéndose a él preguntó: “Pero, ¿quién es el que vino a plantear semejante tema? Un diputadito de la última hornada, un ingeniero modestísimo a quien allá en Zamora nadie conoce por otro nombre que el del puente”.

A lo que Sagasta contestó: “No creo que tenga nada de particular que siendo ingeniero yo y habiendo construido un puente, “El del puente” me llamasen. ¡”El del puente” y a mucha honra! No llamarán a su señoría “El de las batallas”, porque no ganó ninguna”. Un ejemplo de las anécdotas que recoge la nueva web, en este caso, por el investigador José Luis Ollero.

Fuente: Fundación Sagasta

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