Economía

El hecho diferenciador de ser de izquierdas (Una vuelta de tuerca a la propuesta de reforma de los contratos laborales)

Izquierda y derecha se confunden, cada vez más, en el monocromático mapa político de la sociedad del siglo XXI, en el que los políticos de derechas promulgan políticas de izquierdas al grito de ¡abajo con los rojos!, mientras que los políticos de izquierdas promulgan políticas de derechas al grito de ¡no pasarán!

Este hecho provoca un claro y evidente problema de identidad ideológica de los partidos políticos, que ya no saben lo que defienden, y rebuscan en las hemerotecas de sus sedes en busca y captura de unos ideales que perdieron hace ya demasiado tiempo.

Con ello, sin embargo, solo consiguen defender una ideología obsoleta que ya no representa la esencia de las siglas que defienden. El ejemplo más claro lo estamos viviendo con el Partido Socialista que ha puesto el grito en el cielo ante la nueva propuesta de reforma de los contratos laborales promulgada desde la CEIM (Confederación de Empresarios Madrileños), y posteriormente apoyada por la CEOE (Confederación Española de Organizaciones Empresariales) y el Banco de España.

La argumentación del PSOE es que la reducción de indemnización por despido daría libertad a los empresarios para deshacerse de sus trabajadores con más facilidad, en una herencia izquierdista de la Revolución Industrial.

Olvidan los políticos del PSOE que los empresarios no despiden porque sea más fácil hacerlo, sino que lo hacen porque la coyuntura económica es negativa, y su empresa ya no da beneficios, por lo que se ven obligados a realizar reestructuraciones para soportar, en la medida de lo posible, la crisis. Entonces, con una indemnización tan alta como la que sufre España no se evitan despidos, sino que se consigue que éstos se realicen en función de costes en lugar de en función de productividad.

En la situación actual un empresario siempre despedirá al trabajador que le cueste menos despedir, independientemente de que sea más o menos productivo, en definitiva, no se está premiando al mejor trabajador, sino al que más cuesta despedir.

Y, sinceramente, no se me puede ocurrir una medida más injusta y menos de izquierdas.

La reforma propuesta abarataría el despido, sin duda, y ello provocaría que el empresario dejara de un lado la diferencia de costes, que ahora sería mucho menor, y se decantara por quedarse con el mejor trabajador no con el más costoso de despedir.

Por otro lado, la elevada indemnización por despido de 45 días por año trabajado crea una actitud defensiva en el empresario que no genera empleo hasta que no le es absolutamente imprescindible para poder continuar con su negocio. Si se redujera hasta 20 días por año trabajado, el empresario podría tomar más riesgos y adelantar la contratación, convencido de que el error o una coyuntura económica negativa sería menos gravosa.

Y, por último, una indemnización por despido baja permite que se genere una mayor estabilidad laboral, en contra de la argumentación izquierdista tradicional, que se basa en las teorías ideales y se olvida de la realidad. Ésta nos dice que los empresarios encadenan contratos temporales para evitar contratos indefinidos que les hipotecan para el futuro. Si estos contratos indefinidos no les hipotecaran, no les importaría olvidarse de los contratos temporales, porque, no nos engañemos, no hay nada peor para la productividad de una empresa que la temporalidad laboral.

Por tanto, dejémonos de demagogias basadas en ideologías obsoletas y hagamos un análisis serio y riguroso. Reducir la indemnización por despido fomenta la productividad de los trabajadores, adelanta la contratación e incentiva los contratos de larga duración, es decir, es una medida claramente de izquierdas, por mucho que digan los partidos supuestamente de izquierdas y los sindicatos, presuntos defensores de los intereses de los trabajadores.

Sobre el autor

Jordi Sierra Marquez

Jordi Sierra Marquez

Comunicador y periodista 2.0 - Experto en #MarketingDigital y #MarcaPersonal / Licenciado en periodismo por la UCM y con un master en comunicación multimedia.

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