Sociopolítica

Yak-42

YAK-42

Yo vi llorar a soldados y mandos, abrazados a familiares y amigos de José Antonio Tornero, sargento primero, víctima del siniestro vuelo Yak-42.  “así  lloran 62 familias, alcalde”, me dijeron. En aquellos días era yo alcalde de Albacete. En el cementerio, otro día,  también lloré yo. Sendas bolsas negras cambiaron de féretro y ciudad, el cuerpo de José Israel Ferrer Navarro vino a su ciudad.  – “¿sabes que mi madre en sueños decía, ay, que ese no es mi José Israel?”. Llloré con la “viuda de su hijo”. Estaba una mujer menuda, callada, más envuelta en nostalgias y dignidad que en compañía, la mañana del intercambio, también la del homenaje municipal,  -“sólo dolor, tengo, don Manuel. No entiendo nada de cuanto, además de la muerte, nos ha pasado”. Era Antonia García el duelo de Francisco Javier Cobas Ligero.

 “Porque los que viven saben que han de morir, pero los muertos nada saben, ni tienen más recompensa. Su memoria cae en el olvido.”, canta el Eclesiastés (9:5). Nada más incierto. El accidente Yak-42, ha de ser investigado; las negligencias que lo ocasionó, tanto más si van pertrechadas de mordidas sucesivas, han de ser penadas. Mas a  la causa  judicial debe añadirse la reflexión de Antígona: la confrontación de la razón de la Verdad, que es la Justicia y la razón del Poder, mal llamado Política.

Eteocles y Polínices, los dos hijos varones del desterrado Edipo, mueren peleando en las afueras de Tebas. Eteocles del lado de la ciudad; Polínices del lado de los sitiadores. Creonte, déspota gobernador de Tebas, decreta que Polínices, que murió defendiendo el bando de los sitiadores, sea dejado insepulto sobre la tierra. Contradiciendo el dictamen del déspota, Antígona, hija también de Edipo, se propone ir por la noche a enterrar a su hermano. Las tradiciones griegas establecían el deber sagrado de sepultar a los muertos. Antígona es sorprendida por los soldados de Creonte, quien había decretado pena de muerte a quien entierre a Polínices. Entre el tirano y la doncella se produce un diálogo,  que  hace chocar  la piedad familiar de Antígona, con la voluntad personal y arbitraria del tirano. Creonte sentencia según su poder. Antígona argumenta según la Justicia: “No fue por cierto Zeus quien impuso esas leyes; tampoco la Justicia, que vive con los dioses del hades, esas leyes a los hombres dictó”, declama Antígona. Se asiste en esa escena al nacimiento de la libertad, de la dignidad humana, de la conciencia personal, “No nací para compartir el odio, sino el amor”, continúa gritando Antígona. Creonte, no obstante,  pronuncia su sentencia de muerte y Antígona es condenada a ser enterrada viva en una cueva, sobre la montaña. Hemón, hijo de Creonte, que amaba a Antígona, es encontrado muerto sobre el cadáver de ella. Su propia madre, la reina Eurídice, esposa de Creonte, se retira de escena al comprobar la doble muerte de su hijo y su prometida. “La Reina -dice el Corifeo- ha desaparecido sin decir palabra”.

A don Federico Trillo.

 

Manuel Pérez Castell

Diputado de España por Albacete

Sobre el autor

Jordi Sierra Marquez

Jordi Sierra Marquez

Comunicador y periodista 2.0 - Experto en #MarketingDigital y #MarcaPersonal / Licenciado en periodismo por la UCM y con un master en comunicación multimedia.

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