LOS MONSTRUOS Y FALSOS ÍDOLOS DE HOY

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El bochornoso estado actual de ese espectáculo de masas que dicen es el deporte en general y que no es deporte en absoluto… perjudica mucho más que beneficia la marcha del mundo… puesto que se van creando monstruos, que y por lógica meridiana el resto no pueden ni igualar, pero en el intento SUCUMBEN MILLONES Y MILLONES DE ILUSOS QUE QUEDAN DESTROZADOS en el camino. Por ello estos ídolos monstruosos perjudican mucho más que benefician; no merecen por tanto ese fanatismo con que se les premia y menos aún las cantidades monstruosas que reciben por unos hechos, que poco o nada aportan de positivo al hombre. ¿Qué ha cambiado sobre lo que nos dicen de los anfiteatros  o circos romanos? Yo creo que pronto pudieran volver incluso «los gladiadores».

Aquella misma mañana, visitamos las ruinas de Itálica y allí imagine a la  chusma, a la plebe… gritar como energúmenos, mientras comían «el pan y circo».

Fue el día once de marzo, veníamos en un autocar con  sesenta y ocho viajeros; todos mayores de edad y la casi totalidad jubilados, por tanto la mayoría éramos ya viejos; y al decir viejo lo digo con ese sentido de valoración plena a lo que es y representa la experiencia de la vejez y ancianidad, no en el sentido despreciativo que les dan los imbéciles. Eran sobre las ocho treinta de la noche y a algunos se les ocurre que el  conductor conecte con la retrasmisión de unos campeonatos internacionales de fútbol y cuya denominación yo no sé, pues hace muchísimos años que ese juego (que no deporte) me repele por lo violento y absurdo y no le presto atención alguna. Pues bien, por aquella petición de varios, tuvimos que tragar todos (la mayoría mujeres) el tormento durante casi dos horas de trayecto… a nadie se le ocurrió, al menos, pedir votación y aceptar lo que la mayoría votase. Los que protestamos que fuimos bastantes, fuimos callados por los berridos de los locutores de tal retransmisión, que para mí fue demencial… pero por lo visto todas ya son así; es algo así como un inmenso manicomio lleno de locos furiosos, histéricos, violentos o lo que queramos imaginar, puesto que el delirio que allí se grita, para mí es inexplicable el que con ese veneno violento otros se contagien.

Algunos terminamos riéndonos de esos locutores payasos, que con gritos incalificables, se supone que se retuercen de gozo y placer (supongo que diabólico) al berrear el marcaje de un gol… inexplicable, incomprensible… y que a las masas las hayan embrutecido con estos espectáculos… no me lo explico, no lo entiendo por mucho que me lo argumenten. Menos aún que se paguen las entradas a alto precio.

Lógico la deriva de la sociedad y el estado actual de la misma que sigue cayendo hacia ni sabemos donde. ¿Dónde están los valores tantas veces pregonados y repetidos por los verdaderos educadores y sabios de toda la historia del hombre? Han desaparecido y nadie se preocupa por rescatar esas enseñanzas que sirven para cualquier época  verdaderamente civilizada.

Da vergüenza analizar el que millones de niños y jóvenes, estén pensando más en «hacer carrera de ese engendro que se dice deportivo», que en las múltiples carreras y nobles oficios, que de verdad son necesarios a la sociedad y por cuanto ellos son los que la sostienen. No digamos de esos progenitores (cuesta trabajo denominarlos padres) que visto la capacidad de la criatura, ya la encaminan a la palestra de los falsos ídolos… no por otra cosa que por cuanto llegarían a cobrar y que les solucionaría el problema… a los padres; pues algunos ídolos cuando caen (y todos caen) termina suicidándose tras padecer los tormentos infernales que ellos sabrán; pero… «dinero, dinero, siempre dinero».

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