El poder coercitivo del Gobierno Zapatero y su estado de la nación

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Después de hacer los esfuerzos pertinentes para oír el debate del estado de la nación, y para luego digerir las medidas propuestas, además de una soberana indigestión, acidez incluida, como efecto del empacho al que me sometieron los líderes de los partidos políticos con representación parlamentaria, he llegado en resumidas cuentas, a las siguientes conclusiones: debemos pertrecharnos rápidamente para poder hacer frente a una posible depresión económica que se avecina. Que por qué digo esto. Muy simple, el Gobierno ha dejado claro que ya no tiene margen de maniobra, ha agotado todas sus posibilidades, excepto una, la cuál estoy convencido que no la ejecutará por el coste político que implicaría para el Gobierno, y que consistiría en «poner a régimen al Estado de las Autonomías». Otra de las conclusiones que he sacado es que, y en esto concuerdo con la mayoría de analistas y con el propio líder de la oposición, la clase media es la que pagará la factura, como siempre.

El poner a régimen al Estado puede implicar riesgos importantes que estoy convencido que éste Gobierno no querrá asumir, aunque sea lo único que le quede por hacer. De todas maneras, por un lado o por otro, todos nos veremos afectados, ni que duda cabe. Adelgazar el tamaño del Estado implica reducir el Gasto público corriente, es decir, acabar con la sangría del gasto superfluo por innecesario, pero también, con buena parte de la oferta de empleo público durante varios años y la congelación de los gastos de personal. Sobre dichos gastos, lamentablemente, el Estado ya no tiene el control, pues éste ha pasado a manos de los Gobiernos Autonómicos, a los que el Gobierno se ve obligado a exigir, cuando no coaccionar, para que tomen las medidas que proponen, salvo que le impidan o no sean de utilidad para conseguir la mayoría parlamentaria, en cuyo caso, simplemente pueden terminar en unas simples ocurrencias del presidente.

Y es que el Gobierno tendrá que coaccionar a los Gobiernos Autonómicos (otra cosa es que consiga sus propósitos), para que se comprometan a aportar a fondo perdido 500 euros de descuento por la compra de un vehículo. También tendrá que coaccionar a las empresas automovilísticas, quienes deberán aportar 1.000 euros más, y además elevar el gasto público preparando una partida para desembolsar en nombre del Estado español otros 500 euros más. Esta es una prueba patente de que el Gobierno ya no tiene margen de maniobra, que ha perdido el rumbo. Dios nos pille confesados. Estos gastos del Gobierno Central y Autonómicos suponen lamentablemente, o bien un aumento del endeudamiento adicional del Estado, es decir, hipotecar el futuro económico de España por muchos años más, trasladando el mayor peso de dicha deuda a pagar en los próximos 10 años, mediante mayores impuestos en el futuro; o bien, actuar inmediatamente elevando los impuestos. En cualquiera de los dos casos significará más agonía para la cada vez más paupérrima clase media.

Hoy a nadie le cabe la menor duda que el déficit del Estado puede alcanzar el 10% del PIB, cuando el margen permitido por la Unión Europea contempla que este no debería rebasar el 3%. Eso mismo ya lo anticipé en su momento, y hoy lamentablemente se cumple. Y aunque no me gustaría pecar de agorero los datos me llevan a pensar en la «Depresión económica», al menos todas las señales económicas que recibo, me dicen que existen muchas posibilidades de que esto ocurra. La producción caerá entre un 3 y un 5% este año, en el mejor escenario posible; el desempleo superará los 5 millones, la producción industrial sequirá cayendo, probablemente en más de un 30% en tasa interanual en los próximos meses, la construcción seguirá paralizada, la deflación, es decir, la disminución del índice de precios que es del –0,2% tiene vistas a empeorar, no hay liquidez en la economía, etc. En definitiva, todas las cifras son malas, malísimas, con lo que las políticas de aumento en los gastos de consumo público han sido «plenamente ineficaces» para frenar el deterioro de la economía. Pero, no nos debe de extrañar, lo veníamos advirtiendo durante mucho tiempo, pero erre que erre (y no me refiero a los expedientes de regulación de empleo), el Gobierno se empecinó, hasta dejarnos sin capacidad de maniobra, abriéndonos las puertas de la depresión económica. Vuelvo a repetir, Dios nos coja confesados.

La eliminación de la desgravación fiscal, otro golpe bajo más para la cada vez más empobrecida clase media. Los que accedan a la vivienda por primera vez, tendrán un aumento considerable de la presión fiscal, dejarán de deducirse como media unos 860 euros al año, lo cual mermará su capacidad de consumo y de ahorro. Difícilmente se puede pensar que esto será positivo. El poder coercitivo del Gobierno no hará que, antes de la supresión de las deducciones, las familias inviertan más en vivienda, pues el panorama económico deflacionario del sector compensaría con creces la propia deducción, además de la incertidumbre económica de las familias que juega en su contra, y las deducciones a los propietarios para favorecer el alquiler de hasta el 60% que aumentarían la oferta de viviendas en alquiler, actuando como un sustitutivo perfecto a la vivienda en propiedad para las clases medias, que preferirán probablemente trasladar sus opciones de compra para más adelante.

Lo único que podría considerarse en el buen camino, aunque llega tarde como siempre, y además no tendrá demasiados efectos positivos, es la disminución del Impuesto de Sociedades de entre el 5% y el 20%, lo que supone que las pequeñas empresas y autónomos en el mejor de los casos que se podrán deducir hasta 16.500 euros aproximadamente, y esto siempre que la empresa se comprometa a mantener, por lo menos, la plantilla de trabajadores de 2008. La medida beneficiará únicamente a empresas de menos de 25 trabajadores y con un volumen de facturación menor de 5 millones de euros. El problema es que, con la actual coyuntura económica, muchas empresas no podrán mantener a tantos trabajadores y no les compensará las ayudas, probablemente tendrán que recurrir a la reducción de su plantilla, ello debido a la reducción de sus ventas y el escenario macroeconómico al que se enfrentan actualmente.

El presidente de Gobierno pide arrimar el hombro para salir de la crisis, pide también confianza a los ciudadanos, pero, cómo va a conseguir apoyos y credibilidad, si sus políticas nos conducen directamente al abismo más profundo, si ni siquiera presenta propuestas coherentes, y todo por empecinarse, o creerse que puede ser él mismo y sus ideas «geniales» las que salvarán a nuestra sociedad, empleando para ello las políticas económicas más caducas y anacrónicas, propias de un Estado comunista, que de un Estado de libre mercado. Dice que el resto del mundo está aplicando políticas de demanda similares para salir de la crisis. Pues mire, no, ni nos tome por estúpidos señor presidente. En el resto del mundo han emprendido un viaje de ida y vuelta, con políticas serias y con unas economías más flexibles y competitivas, y con unos modelos de sociedad verdaderamente occidentales, como es el caso de los países anglosajones, mientras que usted ha emprendido un viaje sin retorno que nos hará descender de la octava potencia económica mundial que éramos a la mediocridad más absoluta, propia de los países en desarrollo, una situación similar le ocurrió en su día a Argentina y a otros países del ámbito sudamericano. Si usted cree que su modelo tiene algún parecido con el de algún otro país, no puede ser precisamente con estados unidos del presidente Obama, como usted nos quiere hacer creer, si acaso nos parecemos cada vez más a la Venezuela de Chávez.

Gunther Zevallos
Secretario Gral pCUA

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