Cualquier tiempo pasado fue mejor (Los sindicatos españoles no aportan nada a la resolución de la crisis)

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Si comparamos la crisis económica que estamos viviendo en la actualidad con una crisis de similares dimensiones, como fue la Gran Depresión de finales de los años 20 del siglo pasado, nos encontramos con que la situación, aunque preocupante, no es, ni mucho menos, tan dramática como entonces.

En aquellos años veíamos a la población muriéndose, literalmente, de hambre, colas enormes de hombres buscando empleo, familias teniendo que subsistir sin ningún ingreso. Ahora, las cosas han cambiado, la situación es tan mala como entonces pero el drama se ha relativizado.

¿Por qué?

La principal diferencia radica en los derechos laborales que han ido adquiriendo los trabajadores occidentales después de la Segunda Guerra Mundial gracias a la labor de sindicatos eficientes y emergentes, que supieron detectar las debilidades de los trabajadores, las dificultades por las que pasaban, y luchar por sus derechos, tomando, en ocasiones, decisiones complicadas, aceptando acuerdos que no les beneficiaban en el corto plazo, pero con amplitud de miras suficiente como para plantearse el futuro como su objetivo. Debido a ese sacrificio y a ese comprender la economía en su conjunto hoy nos encontramos con una crisis que afecta en menor medida que las de antaño.

Ahora es cuando se podría esperar, entonces, que los sindicatos actuales trabajaran para ayudar a los trabajadores en problemas, los que los tienen ahora y los que tendrán en el futuro, y ¿qué nos encontramos?

Sindicatos que se limitan a cacarear la mismas premisas que aprendieron de sus antecesores sin comprender que los tiempos han cambiado y que no se puede ser sindicalista si no se cambia con los tiempos, si no se acepta la nueva realidad y se intentan solucionar los problemas laborales de hoy con acuerdos de hoy, y no con acuerdos de ayer.

En España el momento de los sindicatos ha llegado. La reforma laboral es inminente e indispensable, y es el momento para que los dirigentes sindicalistas sepan comprender que no nos encontramos en el mismo paradigma que en 1940, que hoy los trabajadores son valores añadidos para la empresa, y no sueldos que pagar, que hoy los trabajadores se pueden y deben reciclarse, y no mantenerse en el mismo puesto de trabajo toda la vida, que hay que apostar por el despido realmente libre con políticas formativas adecuadas, y no aferrarse al trabajo fijo a cambio de que la empresa quiebre.

Hasta hoy, día 8 de junio de 2009, los sindicatos no han planteado nada positivo a la resolución de la crisis, más que su silencio y su repetición de premisas antiguas. Espero que desde hoy la cosa cambie y comiencen a ayudar, de verdad, a los trabajadores en lugar de dedicarse a mantener sus puestos.

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