MARCAS Y LA UTILIDAD DEL QUE COMPRA

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Como la recesión económica va apretando cada vez más al bolsillo del consumidor, el consumidor se defiende como puede y o no consume o va cambiando su forma de consumir, puesto que como nos han empobrecido, lo inteligente es defenderse con las pocas armas que nos han dejado. Y una de ellas es eludir las marcas e irse a lo genérico, puesto que lo que interesa es el producto  y  no la etiqueta que porta.

Incluso en la medicina, la Seguridad Social (y hace pero que muy bien) receta genéricos y da de lado a todas las marcas que ya no pueden esgrimir sus patentes. También una importantísima cadena de alimentación (Mercadona) se dice ha eliminado de sus 1200 establecimientos, muchas marcas; y los huecos que ocupaban las mismas en sus estanterías los ha rellenado con similares productos, pero de los que se denominan «marcas blancas». Y es que «el lince» de Mercadona, sabe por donde va el mercado y lo ha demostrado con la expansión enorme de esta cadena netamente española.

Debo decir, que en mi larga vida, una importante parte de la misma la ocupé en ventas y también en compras; desde niño estuve tras un mostrador atendiendo clientes y luego estuve más de veinte años como vendedor al comercio, incluso he trabajado con multinacionales y seguido cursos de marketing; donde se me inculcó que la principal inversión de «una marca» es en la publicidad del producto a vender, puesto que al comprador hay que sorprenderlo e inculcarle, los «valores» insustituibles del producto a venderle y que se le meta «en el coco» que es lo mejor del mercado y que incluso con su uso puede incluso mejorar de clase y personalidad… vean si no, que todos los anuncios presentan una vida fácil, unos seres felices y contentos y que todo parezca «jauja». Pero esa brutal publicidad y por lógica aplastante, encarece el producto y el que paga es el que lo compra; elemental.

Pero de siempre (no es de ahora) han existido marcas y productos similares o iguales a los que anuncia «la gran marca» y que han ido vendiendo como han podido, pues está claro, que la publicidad y con su lavado de cerebro, vende lo que quiere… y sonriendo me estoy acordando ahora mismo, de la infinidad de marcas de crecepelo que he visto a lo largo de mi vida; y como los calvos han ido picando en todas, sin que por ello mejorara mucho su más o menos extendida calvicie o… «bola de billar metafórica».

Así y cosas simples como pueda ser el agua, la leche, el queso, el chocolate e infinidad de muchas más cosas, uno no se explica el por qué una marca pueda tener gran diferencia de otras menos conocidas, si al final son productos simples y con poco margen para «florituras», aunque se las pongan y nos lo digan con campanillas.

Los detergentes y productos de limpieza o similares, más de lo mismo… lo que surte el efecto no es la etiqueta sino el producto y las diferencias de precio pueden ser o notables o enormes, pero que la realidad es otra diferente. Y así todo lo demás.

En los perfumes y cosméticos, no digamos… fui vendedor de una crema cutánea famosa en el mundo entero, por su bondad y economía; y los técnicos nos lo decían en aquellas convenciones… «esta crema fue pensada en los componentes del cuerpo humano y lleva todo  lo necesario para el cuido de la epidermis del mismo… todo lo demás son tonterías»… ¡Y lo decían ellos que incluso llegaron a crear otros similares pero de gama de más alto precio para clientes más selectos!

Pero como la publicidad es uno de los renglones más importantes de la sociedad de consumo; visto que los gastos en publicidad bajan; ya hasta algunas cadenas de televisión, van a realizar anuncios para que el consumidor valore las marcas y vuelva a comprarlas… «el negocio es  el negocio y  hay que seguir lavando el cerebro al  pobre consumidor»; pero ya digo, en tiempos de abundancia había para muchas cosas, ahora y en tiempos de pobreza, hay que apretarse el cinturón y si siempre comprar bien fue una de las mejores economías, hoy lo es mucho más, puesto que la necesidad aprieta.

Así es que piense que lo que importa es el producto… la etiqueta y la marca no sirven para nada, absolutamente para nada… compren siempre en un establecimiento donde de verdad le orienten bien, pues está claro que al comerciante también le interesa vender no lo mejor… sino lo más caro; y ello siempre fue así, pues el negocio es el negocio. Pero siempre hubo y hay comerciantes honrados que saben orientar bien a sus clientes, conviene que recurra o vuelva a ellos… por otra parte, el consejo de boca a oído es el mejor.

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