Sociopolítica

Formas

Con ocasión de una de las numerosas crisis del Ayuntamiento de Marbella  (no recuerdo el año)  los medios reprodujeron una imagen de Jesús Gil, que se me ha quedado grabada: el alcalde (o podía ser ex-alcalde en ese momento) salía de los juzgados de Málaga; hacía calor y el hombre, con la camisa abierta y resoplando como una locomotora, dejaba ver impúdicamente su oronda barriga y, de paso, una cadena de oro, seguramente cara pero de pésimo gusto.

 

La famosa foto, que fue reproducida generosamente en todos los medios, me suscitó una reflexión y me aseguró en una idea que hace tiempo tengo y que cada día confirmo. Esto es: la democracia es, sobre todo, una cuestión de formas, un problema formal. Me explico.

 

La mayoría de los políticos y algunos tratadistas hablan, hasta convertir el tema en un tópico, de la democracia desde un punto de vista moral. Es el discurso –tantas veces oído y que es acervo común de derechas e izquierdas- de los valores democráticos, el coraje cívico, la tolerancia, la solidaridad, etc. Esto es: la democracia es un conjunto de valores éticos y ser demócrata es poco menos que ser buena persona.

 

Sin embargo, la función de la democracia -al menos su función principal- no es crear o llenar de contenido estos valores (religiosos, laicos, trascendentes, inmanentes, da igual), sino organizar todo esta diversidad de forma coherente, lógica y -sobre todo- con posibilidades de rectificación, si se mete la pata. Se trata de montar un mecanismo complejo, un complicado juego de equilibrios, donde gente que poseemos distintas ideas, credos diversos, intereses contrapuestos, gustos contrarios nos tenemos que poner de acuerdo en algunos puntos sin liarnos a mamporros, que es lo que ha hecho el hombre históricamente a lo largo de casi toda su historia en este planeta. Por tanto, más que un sistema de valores, la democracia es un complejo sistema (prueba de su complejidad es lo difícil que resulta su implantación en tantos lugares) para organizar una pluralidad de valores distintos y hasta contrarios. En suma, lo dicho: cuestión de formas. “Formas” en un amplio sentido de la palabra, un sentido que abarque los usos y costumbres, pero también los aspectos jurídicos, institucionales, culturales, lingüísticos.

 

¿Se imagina alguien a los señores diputados hablando en bermudas y camiseta y llamándose de tú? ¿Qué ocurriría  si no se respetase el turno de palabra, si no hubiese un horario para votar, si no existiesen unas normas fijas -y por tanto convencionales- que ponen un poco de orden en ese caos que es cualquier acción humana colectiva? No es casualidad que la nación que tiene el  copyright del invento, el Reino Unido, sea sumamente cuidadosa con las  normas y el protocolo, compatibles, en su caso con la mayor modernidad en otros ámbitos.

 

Vuelvo a mi imagen del principio. No tenía ni tengo nada personal contra ese señor. Incluso siento por su oronda humanidad y su elementalidad  una pizca de simpatía. Pero, pensé al verlo: por principios, nunca votaría a alguien que, por  mucho calor que haga, se desabroche  en público más de tres botones de la camisa.

 

Sobre el autor

Jordi Sierra Marquez

Comunicador y periodista 2.0 - Experto en #MarketingDigital y #MarcaPersonal / Licenciado en periodismo por la UCM y con un master en comunicación multimedia.

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