¡Abajo Europa! ¡Viva Rosa!

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No voy a explicar a estas alturas por qué detesto Europa…

¿Europa? Bueno, no. Lo que detesto es la Unión Europea, ese ámbito cristianoide de totalitarismo y tercermundismo.

Tercermundismo porque a él se autocondenan todas las economías basadas en la subvención, la intervención de lo público en lo privado y la confiscación de lo que se gana con el sudor de la frente para repartirlo entre los gandules y conseguir sus votos.

Totalitarismo porque a él conduce la confusión entre dos conceptos antitéticos: la sociedad y el estado. Comenzó esa danza de la muerte de la persona a mayor gloria del hombre masa en 1789 y culminó en el mes de mayo del 68. Es curioso. Aquellos niños querían librarse de sus papás para meterse en la cuna de otro papá: el Estado. Quienes ahora gobiernan Europa son los nietos de éste. En su casa siempre se cena lo mismo: sopa boba.

Y, de postre, liberticidio con guarnición de igualitarismo.

Lo dice Eduardo Arroyo en sus memorias (Minutas de un testamento, Taurus): nunca en la historia del mundo han sido los artistas menos libres de lo que lo son ahora. Cierto. Y si el arte carece de libertad, la sociedad no la tiene.

El domingo votaré, pero no por Europa, sino por Rosa Díez…

Enmienda a la totalidad de la clase política, moción nacional de censura a Zapatero, moción nacional de desconfianza hacia Rajoy, voto de castigo al pasteleo de los maricomplejines y los putisocialistas, tirón a las orejas de burro de los ciudadasnos (ciudadasnos, he dicho) que siempre votan a quienes ellos llaman los suyos, apuesta por una mujer firme, honrada, diferente, que dice lo que piensa (no como Rajoy) y piensa lo que dice (no como Zapatero), y que puede poner fin a la tenaza del bipartidismo, al chantaje de los nacionalismos y a los excesos del Estado de las Autonomías, devolver al gobierno central todas las transferencias cedidas a los taifas en lo concerniente a la educación y defender el uso y la dignidad de la lengua en la que escriben Mario Vargas Llosa, Fernando Savater, Álvaro Pombo, Antonio Escohotado y un tal Dragó. Por ejemplo, y perdonen que me incluya.

Votar a Rosa es votar decoro, decencia, diferencia e ilustración.

Votar a Rosa es hacerlo por el bien de España.

Votar a Rosa es hacerlo por el bien del PP, porque ese partido necesita librarse de Rajoy, convocar primarias entre sus militantes y dar paso a la esperanza que Esperanza representa. ¿Nunca va a haber en España un gobierno liberal?

Votar a Rosa es votar por el mal del político más tramposo, mentiroso, cínico, incompetente, inculto, circunflejo y trepa que la historia de España ha deparado. ¿Exagero? Quizá. Pero más exagera él.

Tiempo de primavera. ¿Florecerá esta rosa, dará brotes y retoños? Ustedes tienen la palabra.

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