La Madre de la Nación

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a Winnie Madikizela-Mandela

Si ella hubiese sido una mujer blanca, nadie le disputaría el título que le dan quienes la aman y apoyaron sus luchas. Madre de la Nación. No es el caso. A mediados de 1950, su palabra se hizo contestaria, acusadora. Su discurso premeditó una liberación que el rival blanco obstruye y su nombre mismo, Madikizela en dialecto africano, significa «quien intenta u organzadora», Intentadora. Desde los albores de los arrestos masivos de mujeres en 1958, ella urde contra un régimen separador que el Occidente eurocéntrico y blanco justifica. Por eso Winnie está en el centro de las represiones como inbatible víctima. Como gata boca arriba, aún tirada, lanza sus zarpasos. Se defiende y, por hacerlo, la clasifican como subversiva, vulgar delincuente, ladrona y sedienta de sangre.

Curioso es que una mujer con dos licenciaturas, una particularmente en diplomacia, tenga que comportarse de esta manera. Desde 1962, se le prohíbe que se desplace a otro lugar que no sea Soweto. Se le arresta por visitar a su marido preso. La enchilolaron por un mes en El Fuerte penitenciario por hacerlo. No se le cita nunca cuando habla acreca de concordia, libertad, dignidad humana; pero, la imagen y la voz que de Winnie se perpetúa es que obstinadamente la acusa como defensora del lazo estrangulador y las quemazones. «With our boxes of matches and our necklaces we shall liberate this country», se le cita. Por mucho menos que ésto, se bombardea su casa.

Ahora su propio guardaespaldas la traiciona. Dice que ella le mandó a cometer un secuestro y a asesinar a un informante chota. Es un chiquillo de 14, pero con la maldad de un viejo de 70. Le echaron una sentencia de seis años de cárcel, sólo porque otro acusa. Por desgracia, Stompie el Chota está muerto y ahora es cause célèbre para desacreditar a la esposa del Gran Líder, preso en Robben Island.

Están haciendo trizas las reputaciones de todos los Mandela. La arrestan por desafiar restriction orders. No se autoriza que salga ni a comprar su medicamento contra la diabetes. La confinan a Johannesburg. Un régimen brutal ha encarcelado a su marido por casi 30 años. No ha vivido desde entonces un día en que no sea hostigada, intervenida, arrestada, cuestionada por todo lo que dice y todo lo que hace.

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