El Padre Marcos y la Economía Solidaria «Que el que consume defienda al que produce»

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SANTA ANA: Tuve la oportunidad de escuchar con interés al presbítero y luchador social, Marcos L. Linares, quien es uno de los exponentes mexicanos de la visión, pastoral-social de su Iglesia, que es llamada Economía Solidaria. El Padre Marcos es además el fundador de la Asociación Michoacana de Promotores de la Empresa Social, A. C. (AMPES) y, desde hace 4 años, promueve a nivel estatal y nacional ideas cooperativistas basadas en los valores de la unión, la solidaridad y organización de pequeños empresarios y grupos migrantes.

Su asociación ofrece a sus miembros asesoría sobre el trabajo comunitario y en equipo, la capitalización de remesas para proyectos productivos, aprovechando mercados seguros. «Hay que partir de lo que el mercado pide; hay que unir al que produce con el que consume, evitando a los intermediarios, que funcionan como coyotes y se llevan la ganancia». Para Linares, hay una alianza potencial que debe cuajarse. Que el que consume apoye al que produce. «Ambos, consumidores y productores, se necesitan mutuamente y lo que falta es que se organicen como aliados, hagan ofertas y vendan, hagan sus propias comercializadoras y quiten de su camimo a los intermediarios, banqueros y empacadoras, que se llevan la gran tajada de los beneficios».

Con un lenguaje razonador, pero sencillo, el Padre Marcos convence. Ha identificado a muchos «migrantes exitosos» que tienen deseos de hacer negocios entre México y los EE.UU., empresarios que tienen la capacidad de distribuir los productos del campo o las artesanías mexicanas en este lado de la frontera, si ya estuviesen dadas las condiciones de previa organzación, capacitación y solidaridad. El modelo necesario y con futuro está en las fases iniciales, pero con mucha promesa de éxito. Linares advierte que, de vez en cuando, «los gandallas, flojos y egoístas» dañan los grupos, así como dañinos han sido históricamente el partidismo, las ideologías politiqueras, y aún la mala comprensión del carácter cristiano, cuando de trabajar juntos y organizadamente se trata.

Siendo sacerdote en San Cristóbal, Michoacán, en tan sólo 6 años de su labor pastoral-social, Marcos Linares produjo un cambio físico y cultural en la ranchería. El pueblo tenía entonces no más de 5,500 habitantes, Bajo su liderazgo se materializaron 56 obras de infraestructura y producción, con inversiones de 6 millones de dólares. El pueblito fue el primer campo de experimentación social en el que el Padre Marcos puso «en práctica la religión fuera del templo» y el primer Equipo Promotor de Empresas en la República Mexicana, cuyas ideas están probándose efectivas al ayudar a muchas comunidades.

A través de su asociación AMPES, unas 300 comunidades con más de 15,000 pequeños productores, organizados en 92 municipios de Michoacán, están siendo entrenados y ayudados. Nacionalmente, el interés por sus propuestas crece. El Padre Marcos utiliza su experiencia, viaja a EE.UU., al interior de la República, al exterior y promueve la idea con conferencias.

Por lo que hace, está bajo la mirilla del Gobernador de Michoacán y el mismo Presidente de México que lo admiran y lo han invitado a aplicar las mismas estrategias a nivel nacional. La valentía con que el Padre Marcos habla sobre los problemas y carencias en México es parte de su éxito y su amor por la verdad. El explica que son ocho males los que definen la realidad mexicana: (1) Pobreza (que afecta a 60 millones de compatriotas); (2) corrupción, (3) emigración que asola pueblos, separa familias y crea pueblos sin juventud, pueblos fantasmas, (4) Inseguridad social, ocio, vicio y delitos, (5) bajo nivel educativo, (6) destrucción ecológica, (7) descomposición del tejido social y (8) mucha injusticia; pero, para cada uno de los problemas mencionados, la actitud de Linares es esperanzadora pues cree que el mexicano «puede recuperar su verdadero rostro y sus valores, recuperar lo bueno de sí mismo», basándose en las sencillas premisas de la
Economía Solidaria y la reconstrucción del Tejido Social desde el sector productivo.

Explica que organizarse es el primer paso para un proceso permanente de educación y formación humana. «Lo primero es dejar el egoísmo. Pasar del Yo al Nosotros; lo segundo, es pasar del Nosotros al Trabajo en Equipo y la tercera cosa es pasar del Trabajo en Equipo al cooperativismo. Estas tres etapas constituyen la base de la Economía Solidaria, en la que la persona es privilegiada sobre el dinero y la ganancia, tratándosele con equidad y justicia y haciéndola participar adecuadamente de la distribución de la riqueza».

El Padre Marcos explicó que la Economía Solidaria es posible cuando se cumplen las siguientes condiciones: (1) Se crea un equipo promotor, o grupo profesional que instruye sobre la «cultura nueva y solidaria que deseamos». Una cultura que rechaza el engaño y la ventaja egoísta. «Hay un reducido grupo, de políticos y millonarios que no ama a la gente de abajo. Sabemos que los que tienen el dinero y defienden las injusticias del sistema neo-liberal vigente no defenderán lo mismo que nosotros ni vendrá a ayudar al más pobre», explica y añade: «El gobierno es culpable de muchos de los problemas; pero, otra parte de la culpa es nuestra. Hay que aprender a organizarse y a hacer cosas, con o sin el gobierno. No se puede contar con gente que está corrompida por los intereses de los partidos o del poder y el dinero»

Designado responsable de la actividad pastoral-social de la diócesis de Zamora, el Padre Marcos cree que para existan los proyectos productivos y trabajar con las remesas enviadas por trabajadores migrantes, hay que buscar un modelo de economía solidaria y comercio justo. «Hay que eliminar a los intermediarios, a los brokers, a los que se llevan la mayoría de las ganancias, que deben estar repartidas entre los productores y los consumidores… y ésto se logra, mediante una organización que funcione con la actitud  de gente positivamente unida, no en forma individual, o queriendo hacer las cosas solos; gente que no siente a esperar que el gobierno les cumpla una promesa, que es su responsabilidad, sino que sea parte activa y gestora de la presentación de políticas públicas. Deben aprender a presionar y no cruzarse de brazos».

«Lo que nuestro país necesita es el cooperativismo y la equidad, no los programas sociales y el paternalismo que han minado al ser humano. El mal de México no es el gobierno, sino la cultura de la división», dice el Padre Marcos Linares. Piensa que, con las persona adecuadas, honestas, trabajadoras, no con cualquier «gandalla y oportunista», se obtiene cohesión y continuidad en la organización.

«Ya hemos visto los intentos de formar clubes y federaciones que terminan paralizadas y manejadas por intereses que no son el bienestar de los demás y que desmoralizan a sus miembros porque subsisten peleándose entre ellos». Las empresas sociales que el Padre Marco propone, capitalizando las remesas en proyectos productivos, requieren de la creación de un «Fondo Solidario» para capitalizar, de sus propias «comercializadoras» y de identificar muy bien el «Mercado Solidario». Los mexicanos que dejan sus pueblos y campos «es gente muy capaz para el trabajo que ha estado engordando a otro país y empobreciendo al suyo».

Advierte que: «El 80% de la producción de aguacate en Michoacán está en manos de extranjeros o grandes consorcios privados. Entonces, la verdadera alianza es que cuando un productor pequeño del aguacate venda, el consumidor lo prefiera, no al extranjero. Al pequeño productor y al consumidor son a quienes hay que integrarles y sumarles», explica Linares que dice que, a nivel nacional AMPES ha asesorado a 90 invernaderos, entre chiquitos y grandes, muchos de los cuales se insertaron en el «Programa 3 x 1».

En lo que se gestiona la obtención de Fondos Solidarios de capital, acceso a créditos y capacitación técnica y jurídica, es preferible «ganar poquito, pero seguro» y no «hacerse rico en un día». Por ser creyente en la reactivación del campo, los empresarios que el Padre Marcos organiza en el sector de inmigrantes, son los mismos habitantes como socios de los proyectos y no sólo como empleados, «porque para que se sientan parte de los proyectos y le tomen cariño es necesario que sean dueños».

En la estructura de un proyecto de Empresa Social, basada en la economía solidaria, a los empleados se les descuenta 25 por ciento del salario, para que adquieran hasta cinco acciones de la sociedad; un máximo establecido para evitar monopolios o acumulación de tantas acciones que se desvirtúe el espíritu del proyecto. Lo ideal es incluir el máximo de socios para distribuir más beneficios.

Michoacán tiene un gran potencial para este modelo productivo ya que, sólo en el año 2003, las remesas enviadas por los michoacanos que residen en Estados Unidos fueron por mil 680 millones de dólares. No obstante, hay un peligro que se viva atenidos a las remesas que mandan los familiares. Esa tendencia, en 10 o 15 años, no funcionará más, porque la inmigración a los EE.UU. crece y las familias enteras se van. «México no puede convertirse en un país de mantenidos. En el Evangelio, en un nivel simbólico y duro se dice, por boca de Pablo, el que no trabaje que no coma. Esto equivale a decir: Que se mueran los flojos».

El deterioro de la moral de trabajo en México es un aspecto de la intensificada emigración. «Trabajar es parte de un proceso educativo permanente para formarse como individuo. Hay que sustituir la cultura de los padres que dicen en la esquina, en la plaza, al vecino: ¿Por qué voy a trabajar si mi hijo me manda?»

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