La farsa del debate político (Debate sobre los Presupuestos Generales del Estado)

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El debate político sobre los Presupuestos Generales del Estado está siendo una farsa, una farsa escenificada, pero una farsa al fin y al cabo, una farsa para intentar dar imagen de normalidad y de funcionamiento democrático, pero no deja de ser una farsa, una burda y dañina farsa.

Porque por muchas horas y horas que dediquen a debatir sus señorías, que así se les debe de llamar, no van a sacar nada en claro porque las decisiones ya están tomadas de antemano, entonces ¿para qué sirven estas sesiones de debate?

Para nada, para nadá más allá de la ocurrencia fácil y el gracejo sin gracia, para obtener minutos televisivos en el siguiente noticiero, para disputar la supremacía en la oratoria, en la grandilocuencia, en la demagogia, nada más, nada que pueda servir al ciudadano.

El Gobierno ya tiene pactados los Presupuestos de antemano, con el PNV y con Coalición Canaria, ninguno de los dos sospechoso de ser de izquierdas, lo cuál hace todo más complicado. El Partido Socialista está en el gobierno, y dice que es de izquierdas, pero luego en lugar de pactar los Presupuestos con los partidos de izquierdas lo hace con dos partidos de derecha, ¿alguien entiende algo? Cosas del juego político, supongo, ¿o será que ya no existe ni derecha ni izquierda, sólo centro?

El caso es que los Presupuestos se van a aprobar, unos Presupuestos sospechosos desde ya, sospechosos de déficit fiscal galopante, sospechosos de endeudamiento excesivo, sospechosos de ser pasivos en lugar de activos en la lucha contra la crisis económica, sospechosos de exagerar los ingresos y relativizar los gastos, sospechosos de equivocar las prioridades a la hora de asignar recursos a sus partidas, sospechosos de tener que ser modificados sobre la marcha.

Unos Presupuestos que deberían de haber sido consensuados entre todas las fuerzas políticas, unos Presupuestos que deberían de haber sido fruto de la suma de todos los representantes de la sociedad española, unos Presupuestos que deberían de haber sido tomados como una herramienta para salir de la crisis y no como un arma defensiva, por unos, o un arma arrojadiza, por otros.

Una farsa, en definitiva, una farsa a la que todos asistimos como espectadores impasibles e impotentes, ignorantes de los vericuetos de eso que llaman juego político y que sólo sirve para que ellos se sigan enriqueciendo, a nuestra costa, y nosotros sigamos dando palmas, a su favor.

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