Sociopolítica

Evaluación de un pueblo puertorriqueño: La visión de Juanito Rosa Méndez

A él lo conoce y lo quiere todo el mundo. A la gente prepotente y malvada, y no necesariamente se refería a Tite Pagán, la desarma sin violencia. Con su estilo comedido y culto, Juanito Rosa Méndez es un hombre que cavila. Sabe mucho sin trasladarse a lo elato y presuntuoso. A menudo, al platicar con maestros abusivos de vieja escuela, o mérito vetarro, cita con ironía al Dr. Pangloss del «Candide, ou’ le optimisme». No que esté contra algún tutor para las mocedades ni contra ninguna esperanza; pero él prefiere que el cimiento de lo soñado no sea ilusorio, desorientador o carezca de solidez. Hay cosas que observa y no le gustan y su función social, en la vida del ‘Pueblo en Sombras’ (San Sebastián del Pepino), es ésa. Corregir con paciencia, verificar lo equívoco. Juanito es auditor municipal y secretario para asuntos educativos.

Es autodidacto. No fue a la universidad, pero es un intelectual verdadero. Con afectos de pueblo. Se conoce a Quevedo y Góngora al revés y al derecho; le gusta la recurrencia al decir breve del concepto y no está mal que la ironía sea un adorno.

Alega que en el pueblo quien ha de ser poeta comienza en a niñez y, por lo menos, desde 1965 en adelante, vista la juventud, se ha formado un alumnado malvado, irrespetuoso y estúpido. Futuras vedetizaciones de pendejos con suerte, consentidos, narcisistas y viciosos.

Juanito Rosa aún cree en la poesía pensante, en la profundidad. Discute a Voltaire, Rousseau, Schiller y, al recordar a su padre, recita las coplas de Jorge Manrique. Con su esposa Angela Cardona, maestra de español en la Escuela Ramón María Torres, repasa a García Lorca y la Generación del ’27. El ama a España, no con hispanismo vacuo. Es <em>albizuísta de corazón,</em> pero no uno que pierde la chaveta como muchos en Pepino, por razones más triviales que la patria.

Sobre él, a ciencia cierta, se sabe que su padre trabajó como secretario en la Corte del Pepino cuando chanchullaban los gringos del 1900 y los republicanos de Cheo Font y el corrupto González, coercisionador de Lares, y aspiraban a quedarse con el poder en el pueblo, seguramente, aliados con los Echeandía y Oronoces. El y su padre fueron distintos. Creyeron que Narciso Rabell Cabrero sería el hombre del cambio: el Padre del Pepino Moderno. «Sí. El merece la distinción de haberlo sido», dijo Juanito a su esposa Angelita.

Han pasado 50 años. Ahora, en los ’70, después del plesbicito del estatus (1968), lo que juzga es una nueva horneada de ladrones. Las Alcaldías son cuevas de Ali Babá, porque la política no es seria. «Ahora sí que vamos a robar» es consigna a <em>sotta voce</em> del anexionismo y con Mon Román y otros tantos <em>populares,</em> estadolibristas con Hernández Colón como su papito, tal empeño es lo que se  urde. «Antes que lo hagan ellos, que seamos nosotros. Anticipemos este golpe».

Por esta razón, el cavilar autocrítico de Rosa Méndez se ha hecho triste. Tiene nostalgia de Muñoz Marín, aquel en quien creyó «y quien ya no está con nosotros; excepto que le bendecimos tras su muerte». En torno al Vate es que piensa más que en su cepa. Que es la misma que la de Santitos Rosa y de Cabán Rosa, el temible jefe de las partidas sediciosas.

Pero lo evalúa: Juan Tomás Cabán fue jefe irreductible de los <em>comevas y tiznaos. </em>Boca de humo. Ante Muñoz, con quien tenía acceso incondicional, directo, cosa de distinción a su conocimiento, Juanito trascendía a una bohemia verdadera. Luis Muñoz Marín, de Barranquitas, era como él. Veían en el bosque. El panorama extenso y amplio. Las perspectivas posibles. Creyeron ver los asomos de un Hombre-Bestia colectivo comiéndose al jíbaro del país.

Por eso después que se regresaba de su rumbo y de su tertulia en La Fortaleza, Juanito parecía totalmente repleto, recargado de energía y se veía, moralmente feliz, en lo que cabe, porque hizo sus descargos de consciencia con «un mortal que es poeta y estadista vigoroso». Alude a Muñoz, el benefactor de los puertorriqueños, el visionario del Estado Libre Asociado. «Juan Tomás no cabía en ese esquema. Era un boca de humo».

Ahora que el Congreso federal aprobó y se traerá a Puerto Rico el Welfare / nuevos programas de beneficencia para pobres, Juanito entre verso y verso, salpiques de la Generación del ’27, especialmente, el andaluz Miguel Hernández, dejó dicho que cree en el mérito personal, «mucha caridad no es buena; pero el hambre es siempre mala»; cree en el carisma weberiano; pero la gente de Pepino es tribal y rencorosa. Y los niños se van haciendo marionetas, mecánicos, sin consciencia. «Están más sanos que ayer, Muñoz, pero ya son ventajosos. Si no hay control, no hay sentido de respeto. No hay decencia. Ni espíritu de buen vecino».

Mas ahí está Juanito Rosa, muñocista hasta la médula, albizuísta en el corazón. Un intelectual que le sabe al Vate todos sus secretos: por ejemplo, cuando en 1920 tuvo sus pininos con el Partido Socialista de Santiago Iglesias y le hizo campaña para la elección de noviembre, antes de la muerte de Barbosa, el pitiyankee. En 1927, Muñoz denunció la políca expansionista e imperialista de los EE.UU.. «Ni Albizu lo hubiera hecho mejor». En la elección de 1932, «el Vate y yo votamos por el Partido Unionista y por Albizu Campos al Senado».

Como regresó recargado de memorias, Juanito recuerda muchas coas: el boicot electoral del Partido Nacionalista a las elecciones de 1932, la disolución del Partido de la Unión. Ese mismo año, Muñoz fue electo por el nuevo Partido Liberal, la misma gente unionista; sólo diferente el nombre. En 1935, la Matanza en Río Piedras durante la gobernación de Winship; en 1936, Elías Beauchams que mató al jefe policíco, Corretjer que cae cautivo en La Princesa y es Muñoz quien le tiene clemencia. «No fue lo mismo para Albizu, cuando cayó preso en julio en 1936, pero a Muñoz yo se lo dije. Se lo dije en nombre de todos los muertos en el 1937… yo quiero a mi país, Muñoz. Lo quiero más que Julio Pinto Gandía. En Pepino, no hay quien quiera más a Borinquen que yo».

«Yo se lo dije a Muñoz cuando él firmó La Ley 53, la maldita Mordaza. Yo se lo dije en nombre, no del municipio donde Méndez Cabrero me ocupó antes de la Constituyente. Se lo dije en nombre de la amistad. Le dije: ‘Firmaste La Mordaza y eso no es ser amigo de esos puertorriqueos que, por desesperación, matan a policías como Antongorgi o mueren en Río Piedras o Ponce’. Y cuando yo se lo dije: allí en la oficina de mi Vate estaba Ernesto Ramos Antonini, Ernesto Juan Fonfrías, Vicente Géigel y Palés Matos»

Siempre escuchador, sonriente y comprensivo, Juanito dijo que no guardó otra amargura. Supo cuando perdonó a Albizu, dos años después que la Legislatura revocara La Mordaza. «Es cierto que el Vate pidió la amnistía en el ’59 y mira si no hay poder en la isla que el perdón ejecutivo le vino 15 años después. Mira si hay un Hombre-Bestia colectivo, gestado en cada rincón de la tierra, que te han intentado matar los mismos que desearon asesinar a Rómulo Gallegos, a Fidel Castro, a Albizu en el mismo hospital presbiteriano del Condado», y lo dicho no era una queja contra Muñoz. «Por primera vez, me vine de Pepino, aunque no me llamaste, y te dije: <em>Te comprendo, Vate. Ahora sólo vine a agradecerte y a pedirte que hagas llegar a mi pueblo ese programa de zapatos escolares».</em>

A Juanito le importó la gratitud. Sabía que no sería Muñoz quien traerá la libertad política que fue emblemática por decenios: <em>Pan, Tierra y Libertad.  </em>Siempre estuvo dispuesto al recórdarselo al Vate. «Tú sabes que yo soy abizuísta; yo soy en Pepino quien te recuerdo tu Talón de Aquiles». Entonces, le dijo lo que oyó de la boca de Antonio Celestino.

Desde antes de 1950, Tite Pagán González fue uno de los hombres de Muñoz. Pagán tenía camiones, equipo y movía nmcha gente. Daba empleos y La Pava contenta. El Departamento de Obras Pública le daba los contratos para hacer carreteras de Yauco a Ponce, de Aguadilla a Arecibo; «pero yo quiero que sepas lo que él dice sobre tí y por qué la gente dice que está loco. Es mejor que lo sepas por mis labios. El ha caído en gracia de la gente; pero, de elecciones no sabe. Las convierte en sinsentido, en imagen de sí mismo, no de sustancia. El dice que tú mandaste a los agentes federales a Ponce. Ordenaste un bombardeo con gases a la casa de Albizu. Que lo sacaron inconsciente. Que fue el operativo para que sufriera una serie de hemorragias cerebrales; él te limpió el camino a La Fortaleza y no le has pagado, sitiándole la casa, poniéndole en chirola nuevamente… Dice que los senadores<em>pipiolos </em>Susoni, Eugenio Font y Rafael Betancourt,
toda la gente que movilizan en sus distritos, van a prestarle el voto en noviembre. No a tí, a él, a Tite… Que se vaya despidiendo ya como cacique Puyi Méndez y Alfredo Colón de Aguadilla; ‘ya si el mismo Vate viene a mis precintos, lo derroto’; así habla él, eso es lo que dice porque presta (su dinerito) a todo el mundo, como loco, y la política la cimenta en billetazos; pero no hay gratitud, Luisito. El poder, cuando se sube a la cabeza, llena el corazón con las mentiras».

ii.

Angela, me puedes creer que no me siento viejo. Las buenas cosas que yo tuve que hacer las hice. Yo he sido fiel al Vate. Ve y llama a Syraida y Elba Rosa, que estoy muy orgulloso de mis hijas. Quiero decirles que se cuiden. Que sean buenas maestras, como tú, Angelita, como tus hermanas Juana y Rosita, esposa de Paco Lugo.

No es que me voy a morir; pero, me gustaría dejar memoria de algunas cositas que he pensado, desde la vez que ví a los niños de tu escuela. Te ví dando regalitos de reyes porque todavía hay muchos niños pobres en Pepino, niños que son abandonados o bastardos…

Cuando yo me crié. Era tan difícil ir a la escuela. Podía decirse que había escuelas de hambrientos y escuelas parroquiales para los hijos de la clase adinerada o con más recursos. En 1915, se permitió por primera vez, que se enseñara en español del primero al cuarto grado. Fue cuando era el Comisionado Paul Miller… No, cuando tú enseñabas en Lares, tus primeros años de maestra, ya todo había cambiado. No se enseñaba en inglés. El colonialismo cultural e idiomático lo sujetó José Padín en su puño y, más tarde, Pedro Cebollero… Díle a mis hijas, si algún día yo falto más sobre ésto que te digo porque me iré primero. Infórmales que Juanito Rosa amó a los maestros, a los alumnos, a su terruño. Díle que también amé el idioma y a los poetas, que lo mantienen vivo, sea De Diego o Corretjer.

Que no haya maestros como Onofre Torres, director escolar de La Marias. ¡Eso sí que sería una desgracia! porque sólo traen a los salones sus complejos de inferioridad, su insatisfacción cultural sus desviaciones. Me contaron que él tira como sacos de ñame o de yautías a las maestritas sobre los escritorios. Desprecia lo ajeno, cree que una mujer es una hembra consentida, una muñeca más o menos civilizada. Es un fornicario. Hay que sacar a esa gente de las aulas. Siempre que hablan sobre las «Muñequitas Consentidas», lo que valoran de la mujer es que afloja las piernas ante quien la excita y le huele la testosterona, o peor, para ellos, es una mujer que les pare, aunque no ofrezca placer en la cama, o más vale la mujer ajena, la que excita desde el peligro…

¡Este pueblo, este pueblo! le perdió el respeto a la mujer que educa y cría y, después, a atenenernos al producto de esa generación que nace de estos machistas con su muñequita consentida… Ese es el «Nene Bribón», esos cachorros, medio delincuentes, que pintan con garabatos las paredes de la escuela; van y rompen las persianas y entran a robar. A cerrar el círculo, van como de la mano el viejo macho  con el nene bribón que no tiene respeto por la escuela. Y si un día, se gradúa de la escuela el hijo bribón,  se hallará una  maestra se deja manosear; cuando el varón, con genes engre1dos,  toma la escuela por burdel ya que nunca se le dijo: «La escuela es un templo y la mujer el altar».

Al niño no se le puede dejar que haga lo que le venga en gana. Así como yo no apoyo, al maestro que disciplina a reglasos y cocotazos, o jaloneando las orejas, como antes, tampoco con que la escuela sea pasiva con los narcisistas y los deje que sean enemigos de su propia clase y huérfanos de su propia dignidad. Mira cómo están las escuelas, Angela. Niños que fuman marihuana, o ya van al bar, o dicen que nada importa educarse. No dan su respeto a la familia ni los mayores. A veces porque hasta sus propios padres no entienden que es la occidentalidad. No hay memoria, No se habita el pasado, sólo porque es un reto muy grande ser como Prometeo. ¿Qué si el Prometeo es Albizu y con lo que se lucha es un modelo planetario, occidental, de Bestias Colectivas, que son regresión anti-cultural?

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[Dedico este escrito en memoria de  don Juanito y su esposa Angela Cardona, mi exprofesora en la Escuela RMT. El texto es una versión de la entrevista grabada que hice a Juan Rosa Méndez para un proyecto de Historia Oral. Nombres y hechos mencionados sobre la historia puertorriqueña y pueblerina son reales].

Sobre el autor

Jordi Sierra Marquez

Comunicador y periodista 2.0 - Experto en #MarketingDigital y #MarcaPersonal / Licenciado en periodismo por la UCM y con un master en comunicación multimedia.

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