¿Leche? No, gracias

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Voy a ganarme un puñado de enemigos. Últimamente escaseaban. A los viejos casi todo se les perdona. Decía Martí: “Quien enemigos no tenga es señal de que no tiene ni talento que haga sombra, ni valor temido, ni carácter que impresione, ni honra de la que se murmure, ni bienes que se codicien, ni cosa buena que se envidie”. Tan viejo soy que se me están muriendo los adversarios. El general Narváez, conminado in artículo mortis por su confesor a perdonar a los suyos, adujo que no podía, porque los había fusilado a todos. Mi situación es análoga, aunque sin paredón por medio. Parece ser que el sector lácteo de nuestra economía anda en apuros. Los más siesos dicen que hasta podría echar el cierre. Iría eso en detrimento del bolsillo de quienes viven de la leche en cualquiera de sus variantes, pero redundaría en beneficio de la salud de los que la consumen. La leche, el yogur, el queso y la mantequilla son venenos para el organismo de los no lactantes. Sabrosísimos, por supuesto, como la mayor parte de los tósigos (el chuletón de buey, el foie, las patatas fritas, los embutidos), pero desencadenantes o coadyuvantes del deterioro de la salud. Imposible sería enumerar aquí las dolencias relacionadas con el consumo de lácteos. Las hay a cientos. ¿Por qué ningún mamífero, excepto el humano, se amorra a la ubre después de la lactancia? Vayan ustedes a la consulta de un buen nutricionista o a cualquier clínica puntera de los Estados Unidos y verán cómo les dicen que renuncien a la leche no descremada y a sus derivados por los siglos de los siglos. En Europa, sin embargo, y en Vandalia ni les cuento, esa droga nociva y altamente adictiva aún disfruta de buena prensa. La que le han granjeado al hilo de muchas décadas el bombardeo de los lugares comunes, el petardeo de la publicidad -15.000 teleanuncios al mes- y el dinero invertido en convencer a los médicos de que los burros vuelan. Si es usted varón, cuide su próstata (por ejemplo). Ni blanco ni en botella. Y si es mujer, olvídese de lo que asegura una patraña muy extendida: la leche no evita ni retrasa la osteoporosis. ¿Quieren calcio? Pues recurran a los vegetales de hoja verde y a las leguminosas. Y ahora, pónganme a parir, envíen cartas al director, digan que digo disparates. Poco importa. La ciencia me avala y la verdad es la verdad por mucho que vaya en contra de los intereses de los damnificados por ella. Mal de algunos, consuelo de todos, que no de tontos. Tomen soja.

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