EL INMENSO CAOS DE AFGANISTAN

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La participación del Gobierno Español en este inmenso caos que es Afganistan es a mi parecer, un tremendo error, una insensatez para la seguridad interna de nuestro país y una contribución al dislate y sufrimiento afganos. Si el Gobierno sigue empeñado en el envío de tropas, tendrá que ser de nuevo la opinión pública la que deje oír la voz de la cordura exigiendo que no se le exponga a innecesarios peligros y que termine de una vez este irrazonable conflicto.

 

Con la muerte del cabo Cristo Ancor Cabello Santana, sucedida el pasado mes de octubre, asciende ya a 90 los militares españoles muertos en Afganistán. La Ministra de Defensa Carmen Chacón afirma que “la permanencia de nuestras tropas en Afganistán es para garantizar la seguridad de nuestros hogares y ayudar a los pobres afganos con una “misión humanitaria”, aunque al parecer la mayor parte de la población afgana no diferencia claramente la Misión de la Fuerza internacional de Asistencia (ISAF) de la operación “Libertad Duradera”, confundiendo muy a menudo la misión de nuestras tropas en el marco de la OTAN con la “guerra de ocupación”, que en nombre de la “Paz, la Reconstrucción y de la Democracia” lidera EEUU en este país. Por lo cual no es de extrañar el rechazo del pueblo afgano a nuestra “pacificadora” presencia militar.

 

Según un informe sobre Afganistán presentado en agosto de 2005 por el Secretario General de la ONU, el objetivo explícito de la misión era el de acabar con el “peligro” que suponía para la seguridad mundial la presencia de bases operativas  de Al Qaeda en Afganistán (cuyos “terroristas talibanes”, para más ironía, fueron en su momento entrenados, financiados y armados por la administración Reagan), así como implantar una “democracia”, salvaguardar los derechos humanos, en especial los derechos de las mujeres, y mejorar el estado de una población sumida en la miseria. Pero ¿acaso se han alcanzado en estos cuatro años algunos de los objetivos explícitos? ¿Es el mundo ahora más seguro que hace cuatro años? Al Qaeda no solamente sigue existiendo sino que además ha puesto pie en zonas donde no lo tenía antes (Irak). Y en cuanto a la democracia, el bienestar de la población afgana y los derechos de las mujeres, que yo sepa, no parece que hayan avanzado absolutamente nada.

 

Como afirma la Oficina para la Seguridad de las ONG en Afganistán, hubo alrededor de 2.000 muertes de civiles no combatientes, de las que más de la cuarta parte fueron causadas por las fuerzas internacionales y algo menos de la mitad por los grupos insurgentes. Se cometieron violaciones de derechos relacionados con la educación, la salud y la libertad de expresión, especialmente contra las mujeres, que siguen siendo ejecutadas por el bárbaro procedimiento de la “lapidación”. Asimismo hubo ataques indiscriminados de todos los bandos, desde bombardeos aéreos, efectuados por la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (FIAS) y por las fuerzas de la Operación Libertad Duradera, dirigidas por Estados Unidos, hasta atentados suicidas perpetrados por grupos armados. Se sometió a amenazas, intimidación física, detención u homicidio a defensores y defensoras de los derechos humanos y periodistas. Y si además tenemos en cuenta que desde la invasión norteamericana se han batido todos los records mundiales de producción de opio, me pregunto: ¿No estaremos legitimando con nuestra complicidad a una potencia invasora que masacra sistemáticamente a la población civil indefensa? ¿No estaremos sacrificando vidas en aras de los intereses de Estados Unidos? ¿Ha sido en realidad la reconstrucción del país y la mejora del bienestar de la población afgana la prioridad por parte de EEUU, o más bien ha sido el interés por ocupar un país geoestratégicamente importante para el control y transportes de los recursos energéticos derivado del petróleo? Según declaraciones de la canciller alemana, Angela Merkel, considera razonable un plazo de cinco años para el repliegue de las tropas internacionales de Afganistán, cosa que a España le parece igualmente razonable ya que, según Chacón, «necesitamos afganización y plazos (…) y un horizonte de que antes de cinco años hayamos conseguido ese objetivo». ¿A qué objetivo se están refiriendo? ¿A imponer una “paz” cuyo entramado es puro interés económico? ¿Por qué cinco años más de sufrimiento y muertes?

 

Si en el año 2003 millones de españoles mostramos nuestra repulsa a la presencia militar española en Irak, no sería de extrañar que esas mismas movilizaciones vuelvan a repetirse para exigir el regreso de las tropas españolas de Afganistán bajo el grito de NO A LA GUERRA.

 

La guerra es una masacre entre gentes que no se conocen para provecho de gentes que sí se conocen pero que no se masacran. Paul Valery

 

                                                      Maite García Romero

                                                 http://maitegarciaro.blogspot.com  

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