Una Guía desorientadora acerca los Padres Fundadores de la mano del Dr. Brion McClanahan

0
1381

Facsímil de portada de la Guía Políticamente Incorrectada a los Padres Fundadores
Facsímil de portada de la Guía Políticamente Incorrectada a los Padres Fundadores

Tom Brokaw, quien es uno de los más talentosos periodistas estadounidenses, ha escrito memorias y «álbumes» retrospectivos desde 2001; pero, en 2007 y, con unas meditaciones sobre el decenio de los Sesentas [«Boom! Voices of the Sixties: Personal Reflections on the 60’s and Today», 2007] y el libro que descubrí tardiamente «The Greatest Generation» [Random House, 1998], es que me inspira el apetito de leerlo. En la pantalla de la NBC-TV, Brokaw se ha vuelto aburrido. No es quien convulsionara mi asiento, al generar excitación cuando, para 1987, escribía y comentaba «The Arms, the Men, the Money», su investigación sobre los rebeldes corruptos de la Contra y se convertía en el primer entrevistador estadounidense, cara a cara, con Mikhail Gorbachev y en reportar sobre el colapso del Muro de Berlín en 1989.

A Brokaw se le han conferido grados honoríficos; se le dio la Medalla de Honor del Congreso por su periodismo de excelencia y con – Peter Jennings (ABC) y Dan Rather (CBS) – se le considera uno de los llamados «Big Three» de las Comunicaciones Noticiosas.

Lo que me interesa en este artículo es extrapolar «The Greatest Generation» [1998], que es una pintura del carácter e ideas de los estadounidenses de la Generación del ’30, crecidos durante la Depresión y veteranos en la Segunda Guerra Mundial. A éstos, en particular, Brokaw les llamará los «más grandes norteamericanos».

El análisis histórico de Brokaw, si bien acepta que la ideología del progresivismo nace en las postremerías del siglo XIX, como una respuesta a los cambios que trajo la industrialización y una alternativa al proyecto conservador tradicional y al influjo radicaloide que se propone desde el socialismo y el anarquismo que hizo una valiente presencia en los EE.UU., desde principios de siglo y, en particular, durante el primero de los siete partidos que, en diferentes ocasiones, han ostentado el nombre de «Progressive Party». El que el Presidente Theodore Roosevelt fundara en 1912 fue uno y ha sido descrito como el más exitoso tercer partido en una nación cautiva en el sistema bipartidario.

Cuando Brokaw juzga los partidos alternativos (alguno que pueda juzgarse «the most successful third party en modern American history»), descubre a los «más grandes hombres» y curiosamente no son los adláteres a los Padres Fundadores, que tanto defenderá Brion McClanahan. Los «progresistas» / o progresivistas / influyen presidentes capaces de organizar ese tipo de pensamiento y agenda: Theodore Roosevelt, William H. Taft, Woodrow Wilson, Franklin Delano Roosevelt y Lyndon Baines Johnson. Aunque menos exitoso que el primer partido «progresivista», con el nombre surgieron otra vez en 1924 y 1948, época en que Brokaw ubicara el contenido de su libro para concentrarse en The Greatest Generation.

En una tarea reaccionaria («quítate tú, para ponerme yo») y con el fin de «dar respiración artificial a los muertos», el Dr. Brion McClanahan presenta «The Politically Incorrect GuideTM to the Founding Fathers» [Regnery Publishing, Inc., 2009, 277ps.] para asegurar que los Padres Fundadores son los que merecen todo crédito. Constituyen «the most important group of men in American history» y contra ellos los progresistas e izquierdistas han inventado ataques acusatorios, dudas sobre sus reputaciones y validez de los principios conservadores en los que aseguramos la libertad –«that we secured our liberty». El hecho escueto es que el «Progressivism» se opone a las ideologías conservadoras que sustentaron los Padres Fundadores de la Nación estadounidense, no en todos sus principios claro. Pero los neo-conservadores de hoy que, en todo ven diablos azules y moros con trinchetes, declaran que el progresismo es política izquierdista
(«left-wing politics») y acusan al progresivismo, con el efecto de sus propias palabras: «Nos malinterpretan».

Dr. Brion McClanahan escribe sobre la Generación Fundadora porque la cree a menudo «ignorada, olvidada y mal interpretada» en sus ideas. Brokaw dice lo mismo de la generación de los progresistas de los años de la Depresión y la Segunda Guerra Mundial. Agrega que si los progresistas defendieron «cambios, reformas», el fortalecimiento del Estado y su dirección hacia políticas igualitarias en el sector económico, fue porque ese tipo de administración gubernativa fue necesaria. La dirección liberal en cuanto a políticas sociales no se riñe con las libres opciones («personal choices»). Los conservadores tienden siempre a cerrar esa puerta de las opciones privadas.

El virginiano McClanahan obtuvo una M.A. y el Ph.D. en Historia Americana de la University of South Carolina. Es un articulista conservador que teme a cualquier revisionismo histórico que el Presidente Obama pueda sugerir. Da una señal de inseguridad, disfrazada de competencia, el que siempre el hombre anglosajón estadounidense, esté en la actitud de titular a otros como el mejor / el más eficaz / el más poderoso / sin juzgar a cada quien en su contexto. Esto extraña de un hombre que tiene formación como historiador.

No hay que desmerecer a los progresivistas del siglo XX para que luzcan en sus méritos los Padres de la Patria; tampoco cegarse a los defectos de aquellos que crearon la Constitución y, como dicen los progresivistas, la escribieron «abierta y vaga» para que se pueda revisar u ofrezca espacio para que se interprete a la luz de mayor modernidad lo que no dice. Allá los anti-revionistas que en su miopía no comprenden ésto y su conformidad escritural los hace dogmáticos.

Este es el caso de McClanahan y un libro que parece escrito, como arranque de celos, ya que Tom Browka optó por llamar a una partida de izquierdistas su generación valiosa, la «más grandemente crecida», ante los complejos desafíos que implicara la Depresión y la Primera y Segunda Guerra Mundiales.

Defendiendo su afirmación («the World War II generation the greatest generation ever»), Tom Brokaw coincidirá con Arthur Schlesinger, «one of the pre-eminent historians of our age» y refrasearía del modo siguiente:

«Los Padres Fundadores tenían un poder intelectivo («brain power») y más visión que cualquier otra generación, pero en un pequeño grupo de personas. Y lo que he dicho acerca de esta generación de la Guerra Mundial y los Progresivistas es qe yo creo que su grandeza fue su fortaleza colectiva… Empero, los Padres Fundadores… todos eran blancos. Todavía teníamos la esclavitud en ese tiempo. Las mujeres no tuvieron ningún papel asignado… En la Generación de la II Guerra Mundial, cada uno tenía un rol y los afroamericanos no se dieron por vencidos, a pesar de que ellos eran víctimas de una extraordinaria discriminación y, de veras del modo más vicioso… Los japoneses, enviados a campos de concetración en los EE.UU. mismo, al final de la guerra regresaron a sus hogares, negocios y comunidades, e hicieron sus vidas como ciudadanos estadounidenes sus negocios, sin el tipo de amargura que se esperaría de otros grupos».

Brokaw festeja el hecho de que esa generación progresivista, sin excesivo egoísmo, que reconstruyó a los EE.UU., modernizándolo, dio servicio y amor incondicionalmente, cuando la nación necesitaba de ellos, pese a todo lo que sufrió durante «the New Deal, Great Depression and other problems of the 1930s». Una generación con grandeza no tiene que tener una solución a la medida («state-of-the-art everything») para todo, pero sí lealtad, integridad y determinación, que le permita la nobleza de carácter y la derrota del miedo.

Y fue el progresivismo el que dio el rumbo: al no ser monolíticamente conservador, al no adorar el Establecimiento ni obsesionarse con el hacer dinero. Fue una gente, hasta cierto punto gris, que se conformaba con quedarse en su casa, junto a una famlia 2.6 niños; si algo hizo la guerra, fue darles un sentido de propósito y una vez que termnó la guerra, volver a sus vidas, formar sus familias e iniciar carreras o negocios que ayudaron a la ética del trabajo y reconstruir la nación en la posguera.

Ciertamente, al libro de Brokaw, haría yo ciertas críticas por eludir algunos resultados de la políticas de posguerra y que se relacionan al relevo del progresivismo y al toma del poder por los conservadores. Pero el libro es revelador en cuanto explicita los cambios que el progresivismo trajo: por ejemplo, las contribuciones de la mujer a periodo y esfuerzo de la guerra, al insertarse sin uniforme militar o con él a las tareas. Brokaw describe en su libro los asuntos de derechos civiles, desigualdad de las minorías y el rampante discrimen. Preguntan por qué había esas condiciones y contesta bien: a esa fecha, el progresivismo en la mentalidad estadounidense daba sus primeros pasos. «Ser progresista aún era difícil y su función sería educar a las mayorías para que lo fuesen».

En el libro de McClanahan, The Politically Incorrect GuideTM to the Founding Fathers, hay que empezar desentrañando el postulado «all men are created equal» y, bien… y si eso es lo que creen, se postula y se enseña, por causa de la Constitución, ¿por qué el negro estuvo y está marginado y oprimido junto a otras minorías? ¿Por qué. si tan heroicos y visionarios fueron los Padres Fundadores. tan largamente se mantuvo un sistema de patricios, estructuralmente excluidor y apañado por los políticos de las élites de poder de turno?

El tipo de análisis que McClanahan provee hace más daño que favor a sus defendidos porque les pinta en su conjunto como individuos irresolutos, con abstractas nociones de poder, pero con la coartada eficiente para que se interprete del modo que convenga. Para él, los Padres de la Nación ni siquiera querían formar una «unión de Estados», sino que «each individual State would have full power as an independent country». Unidos, pero no revueltos de modo que los asuntos de banva, poderes de guerra, autoridad ejecutiva, libertad de prensa, palabra, religión, activismo jurídico, control de armas, comercio e impuestos, en la invocación de los Derechos Estatales, lo permitiese todo. Esto es, si quiero esclavitud es mi derecho de Estado, si quiero excesos fiscal es mi derecho de Estado, si quiero comerciar con naciones enemigas y opresoras, no importa, en la desuniformidad, está mi Derecho Estatal a cualquier comportamiento por obsceno que sea.

Veamos algunas quejas de Brion McClanahan en su libro. Indica que revisados las Normas Nacionales para la Enseñanza de la Historia, en 1995, se eliminó a George Washington y otros Padres Fundadores / Founding Fathers / de la curricula, remplazándolos por otros individuos y asuntos «politically correct». La palabra «eliminar» es una exageración y ya hace cuestionable y dudosa la intención de lo dicho. Por lo general, las normas / History Teaching Standards / que los conservadores patrocinan y gustan son aquellas nociones que, por conformidad, se han perpetuado en favor de largamente tergiversadas situaciones y figuras en la historia.

La juventud en Norteamérica ya no está en la edad de que se le siga repitiendo que George Washington es el hombre que nunca dijo una mentira o que cada Padre Fundador fue como un angelito. Hay que respetar la inteligencia y la verdad, en la medida en que aflora por responsable investigación que expone el adormecimiento crítico y el apañamiento intelectual de los viejos textos, utilizados en la currícula.

Para enseñar sólida y autentificadoramente la hisoria, hay que señalar en el periodo de los Padres Fundadores, aún después de la Independencia, que en las colonia quedaron las élites de Boston y debe explicarse lo que era el área occidental de Massachusetts como escenario de injusticia. Es allí donde surge como estallido de los Reguladores, o mejor conocidos, como Shaysites. Un líder revolucionario, patriota [Daniel Shays] organizó a sus vecinos, agricultores pobres, arruinados, por las deudas y los impuestos.

El jefe del Ejército Libertador George Washington no tenía empacho de reclutar sin paga a muchos patriotas; pero, triunfante la revolución, arduamente se le vio abrir la boca para ayudar a esos veteranos. Este hecho, la revuelta de los shaysitas, ha servido como punto de partida para evaluar la conducta de los Padres Fundadores. Sin quitar méritos a su labor militar, liberadora y motivación patriótica de poner coto a la explotación inglesa, ante la egregia figura de Washington hay preguntas por hace. la revisión histórica comience por él.

Los veteranos del Ejército Continental, una vez dados de baja («upon dischage») eran sujetos al abuso, incluyendo su encarcelamiento por deudas. Razón para que comenzaran a organizarse en sus vecindarios, a formar escuadrones y compañías de autodefensa, en particular, en las fincas sitiadas y amenazadas con conficación, para que la situación no continuara. Agotaban sus recursos ante las Cortes de sus Condados.

En la historia se documenta que la primera rebelión shaysita se inició el 29 de agosto del 1786 y que para enero de 1787, más de 1000 de ellos fueron arrestedos. «A militia that had been raised as a private army defeated an attack on the federal Springfield Armory by the main Shaysite force on February 3, 1787». Según Daniel Shays marchaba hacia la Suprema Corte Judicial de Massachussetts, con su causa revolucionaria, y «seven hundred armed farmers, most of them war vets», así crecía el cinismo de las autoridades. El deseo de silenciarlos de sus primeros años de Gloria y triunfo de la cúpula del Ejército Continental y la República. A los shaysitas hab1a que hacelos pasar por «disorderly, riotous, and seditious persons» para que los Washington y los Adams queden bien, per secula seculorum.

Esos primeros «Padres de la Patria» sí que tenían espíritu represivo ante la resistencia de aquel pueblo movido por un espíritu de libertad; pero que, en boca de la nueva élite bajo la República, fue definida «gentuza» o, tal como se expresa en las actas de amotinamiento («Riot Act»), «traidores, vendepatrias», quienes deben ser ejecutados y privados de habeas corpus. Se documenta a Samuel Adams, acusándolos sin base alguna de eran manipulados por extranjeros o emisarios británicos. Adams propuso que en una república la rebelión sea castigada con la muerte, a diferencia de lo que se practica en la monarquía.

En el libro de McClanahan, se percibe su deseo de justicar a Samuel Adams, acreditándo vaticinios de la Guerra Civil estadounidense. Adams es para él un observador de las debilidades de un gobierno federal, «weaknesses that are abundantly on display today». McClanahan quiere, a su paso, hacer defensa de Elbridge Gerry — ahora en aras de que se conozca como algo más que el gerrymandering: Gerry es otro que creyó que el Congreso debe tener el mínimo de poder y otras ramas del gobierno aún menos.

Durante la fecha en que Thomas Jefferson fue Embajador en Francia y, al enterarse de la Rebelión de Shays, sólo comentó: «A little rebellion now and then is a good thing. The tree of liberty must be refreshed from time to time with the blood of patriots and tyrants». En su A People’s History of the United States [1980], Howard Zinn explica cómo los Padres Fundadores siempre estuvieron agitando la bandera de guerra como un medio de distraer a la gente ante sus propis problemas económicos y, sobre todo, obstruir y sofocar los movimientos populares, «una estrategia que los líderes dfel pa1s continuarían utilizando en el futuro».

A McClanahan le interesa si fue cierto o no que Thomas Jefferson engendró un hijo con una esclava. Es tal detalle irrelevante; si lo tuvo o no, es asunto menos importante que su posición ante estos hechos: la esclavitud de los afroamericanos y la servidumbre entre británicos pobres en la Trece Colonias. Las primeras disputas sobre el asunto del abolicionismo en los Estados Unidos datan de los primeros decenios de1600; pero comprometer, por la vía de las elecciones, a la sociedad estadounidense a poner fin a la expansión de la esclavitud, polarizó la nación, que no tardó en volcarse en una guerra civil.

Es durante la guerra civil que Abraham Lincoln se agencia mês poderes que cualquier otro presidente previo. Dirigió su esfuerzo bélico para derrotar una Confederación rebelde que se involucró en todo tipo de actividad contra la Unión. No sólo se invirtió dinero sin autorización del Congreso y se ampliaron los privilegios de Lincoln en el uso de los poderes de guerra, aún suspendiendo el habeas corpus, para los racistas y los insurrectos de la Confederación, el racismo y el discrimen continuó cultivándose, disfrazándose hasta hoy.

Vernellia R. Randall, profesora de leyes de University of Dayton, ha puesto en la internet un interesante trabajo «Opinions of the Early Presidents, and of the Fathers of the Republic, upon Slavery and upon Negroes as Men and Soldiers» [New York, 1863]. La recopilación «Opinions of Early Presidents about Slavery» se puede accesar e incluye los primeros siete presidentes, esto es hasta Jackson, pero también la declaración sobre el tema de The Virginia State Convention of 1774.

No se necesita jugar los eufemismos y sutilezas para hacer defensas de uno de esos padres fundadores «although a slave holder, was an early proponent of the abolition of slavery, and is the antidote to the ‘politically correct’ interpretation of the Founding generation (which is why he is so often ignored, forgotten, or misrepresented)». Como historiador McClanahan es un sofista.

De los primeros cinco presidentes, cuatro poseyeron esclavos mientras eran presidentes; pero si uno se lee el librito que reproduce la profesora y abogada Vernellia R. Randall, parecen revestidos de santidad. De los presidentes que van al sexto al décimo, sólo dos poseyeron esclavos durante su mandato. Se puede ir yendo, administración tras administración, hasta llegalr al último de los presidentes que fue esclavista, que el décimo-segundo, Zachary Taylor (1849-1850).

Al presidente Thomas Jefferson, al que McClanahan, intenta justificar y defender, se le conocieron más de 140 esclavos cuando se le considerada el más grande hacendado y esclavista de Virginia. En 1790, como obsequio de bodas para su hija y esposo, les cedió 1000 acres de tierra y 25 esclavos. [Which U.S. Presidents many owned slaves]

Todas esas opiniones que se pueden hallar, impresas o dichas, por las bocas de los Padres de la Patria, son brisa que se lleva el viento, sino están respaldadas por hechos. Aún la opinión que coquetea con la nocióm libertad y dignidad humana, pero que se queda en teoría y palabras bonitas para el abolicionista y el esclavo, son un método, hasta peor que el racismo declarado, para reforzar el sistema económico y la desigualdad de unos respecto a otros. ¡Qué diferencia entre un libro que desarticula las concepciones desfiguradoras de la historia y el libor de McClanahan defendiendo normas de enseñanza de historia que deifican la hipocresía!

Howard Zinn, para quien el racismo no es natural, explica sobre las instancias de camaradería y cooperación que se han dado entre esclavos y siervos blancos, aún casos excepcionales en que un oprimido es fiel a su opresor, por cariño más que por dependencia; pero, lo que más se ejemplifica en la historia es el esfuerzo por escapar de la opresión, que solidariza a blancos y negros, cuando entienden que por ser clase trabajadora que los dominadores lucran con el yugo.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here