Sociopolítica

Hacia un nuevo modelo de relaciones eurolatinoamericanas

La presidencia española del Consejo de la Unión Europea supone una oportunidad para remodelar las entre América Latina y Europa,  asentadas en un pasado reciente pero con mucho futuro por delante.

Dentro de pocos meses celebraremos el 25º aniversario del Tratado de Adhesión de España y Portugal a las Comunidades Europeas. Uno de los cambios más importantes en ese período de tiempo ha sido la incorporación de América Latina en el mapa de las relaciones exteriores de la Unión Europea. Es cierto que España tuvo que adaptarse al acervo comunitario en su dimensión interior y exterior, pero no es menos cierto que, desde ese momento, la Unión Europea se latinoamericanizó.

Todo ello, además, en el marco de profundas transformaciones, tanto en la propia España –con el proceso de transición-, en la vieja Europa que rejuvenece con la caída

del Muro de Berlín y con el cambio en las reglas de juego que vivimos con el fin de la Guerra Fría y la inexorable presencia de la globalización. Pero también hay cambios en América Latina, que recupera regímenes democráticos y economías, que, en todo caso, sigue teniendo en la desigualdad uno de sus elementos caracterizadores.

En este período de tiempo, las relaciones eurolatinamericanas han pasado a una cierta normalidad, asentadas en los tres vectores que la caracterizan: el diálogo político institucionalizado, la relación comercial y la cooperación para el desarrollo. La Unión Europea buscó una relación sustentada en las relaciones regionales con las distintas agrupaciones: centroamericana, andina, caribeña (con una dinámica distinta al basarse en la pertenencia al Grupo de países de África, Caribe y Pacífico, ACP) y ‘mercosuriana’.

El diálogo político tiene como máximo exponente las ‘cumbres’, celebrándose la primera en Río de Janeiro, en 1999. El enfoque regional se completaba con relaciones bilaterales (Chile y México). Toda una serie de factores han modificado sustancialmente ese enfoque: hoy la relación es mucho más intensa en lo bilateral, habiéndose concedido a Brasil y a México el status de socio estratégico, manteniéndose la relación bilateral con Chile.

Por otro lado, haciendo un balance general de la relación, se puede seguir afirmando que lo eurolatinoamericano se caracteriza por una armonía en lo político y una clara divergencia en lo comercial. Hoy esa armonía política también está en entredicho, dada la distinta percepción que se tiene en función de cada Gobierno latinoamericano y la irrupción de nuevas formas de relaciones regionales (ALBA, Unasur).

Los datos avalan que la Unión Europea es un socio activo de América Latina, tanto en lo político en lo económico, en inversiones y en cooperación para el desarrollo. Pero hay toda una serie de riesgos que pueden poner en cuestión ese papel, ya que aparecen otros actores (China, Irán, India, países árabes…) y algún otro reaparece, como Estados Unidos con el presidente Obama. La región, además, sigue siendo convulsa (golpe de Estado en Honduras, tensiones entre Colombia y Venezuela…).

La presidencia española del Consejo de la Unión Europea en el primer semestre de 2010, ya con el Tratado de Lisboa en vigor, supone una oportunidad para remodelar unas relaciones ya asentadas en un pasado reciente, pero que tiene mucho futuro por delante.

José Ángel Sotillo

Director del Instituto Universitario de Desarrollo y Cooperación (IUDC-UCM)

Sobre el autor

Jordi Sierra Marquez

Comunicador y periodista 2.0 - Experto en #MarketingDigital y #MarcaPersonal / Licenciado en periodismo por la UCM y con un master en comunicación multimedia.

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