Más educación, menos delito

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La mano dura es una estafa. Cuesta más dinero, es injusta y favorece la exclusión social de jóvenes que, para protegerse, se refugian en bandas criminales que los “acogen”.

Estados Unidos tiene la más alta tasa de criminalidad de los países desarrollados. Una nueva investigación acaba de arrojar importantes conclusiones que pueden ser muy útiles en América Latina. El estudio muestra que, de cada 10 hombres que no terminaron el colegio secundario, uno está actualmente en la cárcel. Mientras que entre los que finalizaron la secundaria es uno de cada 35. Los jóvenes que no terminan la secundaria, tienen una posibilidad 400% mayor de caer en la delincuencia. La conclusión es clara: reforzar la educación.

Otro estudio mostró que 2/3 de los que salen de la cárcel vuelven a ella antes de tres años. Al salir, la posibilidad de conseguir trabajo es remota. El Congreso americano lo entendió y aprobó la “Ley de la segunda oportunidad”. Se compromete a darles todo tipo de apoyo laboral y educativo para reinsertarlos. Baja la reincidencia y es mucho menos costoso que lo que se gastaría en policía, juicios, y cárceles.

En América Latina aumenta la demanda ciudadana de seguridad. Es totalmente legítima, pero se corre el riesgo de caer en manos de una visión demagógica: “la mano dura”. Promete solucionar el problema, bajando la edad en que se puede encarcelar a los niños, dando más facultades a la policía, suprimiendo derechos y garantías. Culpa a los jueces por las reincidencias.

En los países donde se aplico una mano dura, la delincuencia juvenil aumentó en lugar de bajar porque no ataca sus causas, sino que más bien las agrava. El 50% de los jóvenes no termina la secundaria. Desertan por los males de la pobreza. Las empresas no aceptan personas sin secundaria. Uno de cada cuatro jóvenes ha quedado fuera del mercado de trabajo y del sistema educativo.

Los jóvenes pobres son los más discriminados. Son presuntos culpables. La prestigiosa ONG Periodismo Social analizó 120.000 noticias en 22 diarios argentinos y concluyó: “pocas fuentes, pocas estadísticas, títulos que condenan antes que lo haga la justicia”.

La mano dura ignora todo esto, y sólo reprime.

En América Latina hay dos tipos de delito que hay que diferenciar. Uno es el crimen organizado, las bandas del narcotráfico, la trata de personas, los secuestros. La sociedad debe defenderse con todo el peso de la ley, fortaleciendo y profesionalizando la policía para encararlas. El otro es lo que se conoce como delincuencia juvenil. La mano dura los termina de expulsar de la sociedad, facilita que el crimen organizado pueda reclutarlos ante su desesperación. Eso sucede con las maras en Centroamérica, en Ciudad Juárez, en el Gran Buenos Aires argentino.

La mano dura es una gran estafa. La verdadera mano dura es la que hay que aplicar a las causas de la delincuencia juvenil, dando a los jóvenes marginados oportunidades de trabajo, de educación, y fortaleciendo sus familias.

Bernardo Kliksberg

Analista político internacional y periodista

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