Josef K.

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Oscar Wilde tenía razón: la naturaleza imita el arte. Basta con leer la prensa. A Josef K., protagonista de El proceso de Kafka, lo despertaron dos tipejos una mañana y se lo llevaron detenido sin explicarle el motivo de su arresto. Ahí comenzó para ese desdichado una odisea judicial a la que sólo la muerte puso fin. Nunca supo de qué se le acusaba ni por qué moría. Nació entonces un concepto que ha hecho fortuna: el de “situación kafkiana”. Kafka era checo. ¿Qué habría escrito caso de ser español? Lo leí el viernes en este periódico. El 8 de abril llegó a Granada el enfermero Juan Enrique Tena Martín con el propósito de pasar allí las fiestas de Semana Santa, que lo son, mayormente, de Pasión y Crucifixión. Para él lo fueron. El día 9, a las seis y media de la mañana, dos policías, madrugadores ellos, irrumpieron en la habitación del hotel donde se alojaba, lo esposaron y lo encerraron en una mazmorra. No le explicaron por qué. Ni siquiera ellos lo sabían. La Red (¡y tan red!) había decretado su busca y captura. Saltó la ficha al registrarse en recepción. Era puente. Eso, en Vandalia, significa que Antón Pirulero deja de atender su juego. La Administración se paraliza. Las luces se apagan. Ni servicios mínimos ni leches. Lo primero es lo primero, no vaya a ser que los derechos de los trabajadores, conquistados a lo largo de un siglo de heroica lucha sindical, vengan a menos. Eso es lo único que importa. A Juan Español que le den torrijas: las del Jueves Santo. No hubo para el recluso Domingo de Resurrección. ¡Cómo iba a haberlo! Seguía el puente. No quedaba ni un maldito retén en la Audiencia Nacional. Sus empleados estarían asando choricillos en las barbacoas de sus chalés o haciendo senderismo con la prole por un centro comercial. ¿Habeas corpus? ¡Por favor! Don Enrique, que está ahora en tratamiento psiquiátrico, siguió en la trena hasta el lunes por la tarde. Lógico. Le habían hecho la pascua y era día de eso, aunque en Granada no se celebre. Fue entonces cuando se descubrió la mona, digo, el pastel. Era un error. Doble, por cierto, ya que Juan Enrique Tena Martí, sin ene final, estaba en la cárcel desde el 13 de febrero. Ni busca ni captura. Al falso culpable, en Estados Unidos, lo habrían resarcido con un pastón. Aquí tendrá que conformarse con unas palmaditas en la espalda. Sólo en una cosa parecen estar de acuerdo Zapatero y Rajoy: España es un estado de derecho. ¡Qué alivio! ¡Pleitos tengan esos dos!

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