Enfoques cooperativos, Hoy: Sobre la Guerra Guazú-Guerra de la Triple Alianza- Análisis-2 Parte

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Por José Yorg, el cooperario


, esperando la efectiva participación escrita que la incorporaremos como parte de este trabajo.

En esta segunda entrega analizaremos el siguiente texto, continuación de la carta enviada desde el Cuartel General en Marcha en Tuyucué 18 de Noviembre de 1867

Vuestra Majestad, tiene a bien encargarme muy especial¬mente del empleo del oro, para, acompañado al sitio, solucionar la campaña del Paraguay, que viene haciéndose demasiado larga y cargada de sacrificios y aparentemente imposible por la acción de las armas, pero el oro, Majestad, es recurso ineficaz contra el fanatismo patrio de los paraguayos desde que están bajo el mirar fascinante y el espíritu magnetizador de López. Y es preciso convencerse, pues será crasa necedad mantener todavía lo contrrio, que: los soldados, o simples ciudadanos, mujeres y niños, el Paraguay todo cuanto es él y López, son una misma cosa, una sola cosa, un solo ser moral e indisoluble; lo que viene a dar como resultado que la idea proclamada de que !a guerra es contra López y no contra el pueblo paraguayo, no solo es asaz quimérica, sino que, comprendiendo ese pueblo de que López es el medio real de su existencia, se comprenda también que es imposible que López pueda vivir sin el pueblo paraguayo, y a éste sea imposible vivir sin López, y es aquí Majestad, un escollo insupe¬rable, un escollo que por sí mismo quiebra y repele el verbo de la guerra al Paraguay, en la causa y en los fines.

Y es aquí lo que muestra la lógica de que es imposible de vencer a López, y que es imposible el triunfo de la guerra contra el Paraguay; porque resulta insostenible de que se hace contra López, y que en vez de ser una guerra que apunte hacia la meta de legítimas aspiraciones, sea una guerra determinada y terminante de destrucción, de aniquilamiento.

Esto muestra, incuestionablemente, que si no tuviéramos doscientos mil hombres para continuar la guerra al Paraguay, habríamos en caso de triunfo, conseguido reducir a cenizas la población paraguaya entera; y esto no es exagerado, porque estoy en posesión de datos irrefutables que anticipada¬mente prueban que, si acabásemos de matar a los hombres, tendríamos que combatir con las mujeres, que reemplazarán a éstos con igual valor, con el mismo ardor marcial y con el ímpetu y la constancia que inspiran el ejemplo de los parientes queridos y nutre la sed de venganza. ¿Y sería admisible un posible triunfo sobre un pueblo de esa naturaleza?

Podemos, acaso, contar con elementos para conseguirlo, y si aún lo consiguiésemos, cómo lo habríamos conseguido? Y, después qué habríamos conseguido? Cómo habríamos conseguido, fácil es saber, tomando por exacto o infalible antecedente del tiempo que tenemos empleado en esa guerra, los inmensos recursos y elementos estérilmente emplea¬dos en ella; los muchos millares de hombres también estérilmente sacrificados en ella; en una palabra, los incalculables e inmensos sacrificios de todo género que ella nos cuesta; y si todo eso no haya dado por resultado más que nuestra abatida situación, cuánto tiempo, cuántos hombres, cuántas vidas y cuántos elementos y recursos precisaremos para terminar !a guerra, esto es, para convertir en humo y polvo toda la población paraguaya, para matar hasta el feto del vientre de la mujer y matarlo no como un feto, aunque como un adalid. Y lo que tendríamos conseguido, también es difícil decir: sería sacrificar un número diez veces mayor de hombres de lo que son los paraguayos; sería sacrificar un número diez o veinte veces mayor de mujeres y niños de lo que son los niños y mujeres paraguayas; sería sacrificar un número cien mil veces mayor de toda clase de recursos de lo que son los recursos paraguayos; sería conquistar no un pueblo, pero un vasto cementerio en que sepultaríamos en la nada toda la población y recursos paraguayos y cien veces más la población y recursos brasileños.

¿Y qué seríamos sobre un vasto cementerio? Seríamos los sepultureros que tendrían que enterrar las cenizas de nuestras víctimas, que responder a Dios y al mundo de sus clamores; y más que esto, desaparecida la población paraguaya, desaparecida la nación paraguaya y desaparecida en proporción equivalente la población brasileña,¿quién sería, sino, única y exclusivamente el Brasil, el responsable delante de las naciones extranjeras de los inmensos daños causados con esta guerra y a sus súbditos? Y exhausto de recursos y de población el Brasil, cómo responder a estas deudas sino con sus vastos territorios: ¿Qué harían las naciones extranjeras, aún con el mejor derecho de lo que hicieron las naciones bárbaras sobre el Imperio Romano?

Qué derecho y qué práctica internacional alegaría en su apoyo el Brasil cuando se encontrase sepultando sobre una fosa de una nación soberana y de sí mismo, haría mucho menos que el Imperio Romano, que delante de los bárbaros se encontró como un cuerpo helado y frío, el Brasil ante las poderosas naciones extranjeras se encontrará como una planicie con entrañas de oro y diamantes.

No habría una sola nación europea, como no habría una sola nación americana, que no se aliste y forme en las filas de esa revolución reparadora, y es para no dudar que nuestros aliados de hoy, el Estado Oriental y la República Argentina, que no se han sacrificado tanto como pretendíamos y habíamos deseado, reunirían sus restos, for¬mando un cuerpo unido y compacto, poniéndose al frente de esa desesperada expedición sobre el Brasil, reclamando también, no solo los territorios de que se les ha despojado, sino hasta los mismos gastos y todos los daños y perjuicios causados por la guerra.

Pero, como en el cuadro que dejo trazado y se destacan dos acontecimientos inesperados, y de los menos esperados y no premeditados efectos de la guerra; y que, por tanto, lejos de tomar parte, contradice extremada y abiertamente el risueño repertorio de felices resultados que esperábamos de ella, basados en la gran facilidad de triunfar sobre el Paraguay, que no encontraríamos resistencia alguna que nos detuviese en nuestra marcha triunfal un solo minuto y que como César sobre Farnaces en el Asia, diríamos a V. Majestad lo que él dijo al Senado Romano ‘Vini, vidi vici’, cúmpleme informar a V. Majestad, como me propuse, lo que es en sí nuestra situación y nuestros elementos actuales para la guerra, suponiendo que ya tengo transmitido a V. Majestad de una parte muy importante que es el conocimiento del enemigo contra quien combatimos, y ojala hubiésemos tenido de él siquiera una remotísima idea, en lugar del cúmulo de falsas y erróneas apreciaciones que se han hecho de él.

Análisis

Cuarta aproximación: Nos evidencia el contenido del documento en estudio que la motivación primigenia de la guerra era una cuestión lucrativa por medio del pillaje.

Quinta aproximación: que López encarnaba la Nación paraguaya y que ésta se reconocía en él como su guía y conductor en un proceso de desarrollo conveniente al pueblo.

Sexta aproximación: que la guerra Guazú, guerra de la Triple Alianza constituyó una guerra de exterminio, una guerra genocida y un holocausto reconocido por el mayor exponente de dicha acción agresora.

Espero amables comentarios y aportes.

¡En la fraternidad, un abrazo cooperativo!

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