Quien gana la batalla de las mentes gana la batalla del poder

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Por qué, cómo y quién construye las relaciones de poder mediante la gestión de los procesos de comunicación, y cómo se pueden modificar estas relaciones para un cambio social es el tema de la última obra de Manuel Castells.

El sociólogo español, Manuel Castells, ha presentado su libro Comunicación y poder. Para el sociólogo, el poder ha dejado de ser monopolio del Estado y ahora reside en nuestras mentes: “por tanto, quien gana la batalla de las mentes, gana la batalla del poder. La forma esencial de poder está en la capacidad para modelar la mente”.

Según explica, los medios de comunicación se han convertido en el ámbito en el que se despliegan las estrategias de poder, pero, en el actual contexto tecnológico, en la era de Internet y los teléfonos móviles, la comunicación de masas ha traspasado la frontera de los medios tradicionales y ha originado un nuevo entorno comunicativo que ha modificado profundamente las relaciones de poder.

“El poder se basa en el control de la comunicación, ya sea el macropoder del Estado y de los grupos de comunicación o el micropoder de todo tipo de organizaciones. Poder es algo más que comunicación y comunicación es algo más que poder. Pero el poder depende del control de la comunicación, al igual que el contrapoder depende de romper dicho control”, afirma.

Para Castells, la incorporación a nuestra rutina diaria de estas nuevas formas de comunicación, como SMS, blogs, vlogs, podcast, wikis, RSS, YouTube, MySpace.com,  Wikipedia o Facebook, ha generado un nuevo concepto que denomina “autocomunicación de masas”.

En este contexto, “lo único que les queda a los medios de comunicación tradicionales frente a las nuevas formas de comunicación es la credibilidad”.

Castells señaló que la comunicación está cada vez más concentrada en grupos empresariales multimedia pero, a su vez, está más segmentada, más focalizada a audiencias específicas.

Por otro lado, el sociólogo cuestionó que el aumento de canales de televisión mejore la calidad de sus contenidos pues “son las audiencias las que determinan la dinámica de los medios. Las televisiones son un negocio y, aun en crisis, siguen ganando dinero”. Asimismo, afirmó la necesidad de modificar el actual modelo de industria de la comunicación, que se enfrenta a la crisis económica y a la transformación tecnológica.

Además de analizar los cambios que se han producido en la industria global de los medios de comunicación, desde enfoques sociales y psicológicos, Castells ha estudiado distintos procesos políticos y movimientos sociales que ilustran la relación entre la comunicación y el poder en el siglo XXI, como los movimientos que siguieron al 11 de Marzo en Madrid, “que evidencian la estrecha relación entre medios de comunicación y poder político”, o el importante papel que ha desarrollado Internet en la campaña electoral de Barack Obama. Para Castells, este es un ejemplo del potencial político de Internet, “que es un instrumento perfecto de cambio y participación”.

También analiza la desinformación del público estadounidense sobre la guerra de Irak, el movimiento global contra el cambio climático, o el control de la información en Rusia y China.

El sociólogo se refirió también a la “política mediática” que predomina actualmente. “La lucha política se hace hoy desde la política del escándalo, con el fin de desacreditar al contrario. Los últimos cambios de Gobierno o de liderazgo han derivado de este tipo de política. Esto llega a provocar ‘la fatiga del escándalo’, es decir, que el ciudadano finalmente no le crea a ningún político, no vea opciones políticas. Hay una relación directa entre la intensidad de la corrupción y el descrédito de la política”.

Manuel Castells también habló sobre el nivel educativo de los jóvenes españoles, sobre todo estudiantes de secundaria. Según Castells, “somos un país muy maleducado. La tasa de abandono escolar en secundaria es del 30%. Que exista un tercio de estudiantes que no acabe la secundaria es un problema. Aunque creo que la crisis va a ayudar, pues al no haber trabajo los jóvenes estudiarán más”. El sociólogo explica que el foco del problema se encuentra en que “los jóvenes de 14 a 16 años se aburren”, viven en la cultura digital pero Internet apenas está integrado en los estudios. “Tenemos una juventud global y el actual sistema de currículo está en otra galaxia”.

Isabel Bernal

Periodista

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