Historia del Ordenador

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En nuestro anterior capitulo vimos como la evolución mental del hombre hizo que éste requiriese idear formas cada vez más evolucionadas que le permitiesen realizar cálculos con facilidad y agilidad.

Esta semana veremos como esa misma idea evolucionó en otra necesidad y esta necesidad ha acabado derivando en lo que hoy conocemos como “Ordenador”.

Para entender este proceso hay que remontarse al momento de la historia en que a alguien se le ocurrió que necesitaba guardar y organizar todos esos cálculos que realizaba por medio de los sistemas que ya vimos en su momento, así como otra serie de datos que podrían o no estar relacionados con los propios cálculos.

Es obvio, que todas las civilizaciones conocidas han tenido, en mayor o menor medida, lo que comúnmente llamamos “burocracia”, para el común de los mortales más conocida como “papeleo”. Por poner un ejemplo, culturas como la babilonia o la egipcia disponían de escribas que tomaban notas de leyes, cálculos, documentos de propiedad, cartas, solicitudes o cualquier documento de índole administrativa que se nos pueda ocurrir, ya que las formulas que hoy en día se utilizan, en muchos casos son las mismas que se usaban ya entonces, solo que más evolucionadas y adaptadas a nuestros días.

La burocracia o papeleo consiste en llevar a la práctica el proceso de gestión administrativa de una serie de documentos que registran acciones. Dichas acciones pueden ser meros trámites de solicitud, exposiciones de hechos o cálculos efectuados con diversos motivos. En muchos casos, los procesos administrativos a lo largo de la historia, han consistido en registrar acciones en las que confluían varios de estos casos a la vez.

Quizá, para entenderlo, sería más fácil poner un ejemplo. Si una persona quiere pedir una beca de estudios, tendrá que rellenar un formulario donde solicitará la beca (solicitud) y expondrá el motivo de porqué la necesita (exposición de hechos). Muy probablemente se le exigirá algún tipo de registro económico como puede ser el reguardo del pago de impuestos (cálculos) que en nuestro caso sería la Declaración de Renta.

A lo largo de la historia, las civilizaciones han evolucionado, se han vuelto más complejas y han requerido de un nivel más elevado de burocracia. Así que, para los comunes mortales, llegó un momento en que no les bastaba con poder hacer cálculos de sus impuestos o con guardar los documentos que les acreditaban como poseedores de alguna propiedad o valedores de algún derecho en particular. Las personas requerían de un sistema que les permitiese guardar y acceder a la información de manera rápida. Así nacieron los conceptos de “base de datos” y “proceso de datos”.

Una base de datos es un compendio de registros de cualquier cosa, ya sea la lista de la compra que escribimos en un papel y en la que cada registro se corresponde con cada una de las cosas que vamos a comprar, bien sea un archivador lleno de carpetas donde cada una de ellas contiene todos los recibos de las cosas que hemos comprado durante un mismo mes del año. El primer ejemplo sería el tipo más simple de base de datos. El segundo sería un caso más complejo, pero hoy no voy a hablar de tipos de bases de datos ni su evolución, lo dejaremos para un próximo artículo dedicado exclusivamente a dicho concepto y que englobaré en aquellos que dedique a la ofimática, hasta entonces, todavía nos queda camino por recorrer.

Así que, el hombre utiliza bases de datos desde los inicios de los tiempos. Nuestro “homo erectus” de la semana pasada creó su primera base de datos haciendo rayitas en la pared de la cueva, dejando constancia de cuantos bichos había cazado. Por supuesto, él seguía sin ser consciente de la que estaba liando.

Como decía, no solo era necesario guardar los datos o realizar cálculos. En algún momento alguien se dio cuenta de que había una necesidad que gestionar toda esa información. No bastaba con guardarla, había que acceder a ella para poder utilizarla con posterioridad. Y eso es, simplificando, el origen del proceso de datos.

En 1822, Charles Babbage (Inglaterra, 1791-1871) inventó la “máquina de diferencias o diferencial”, que era capaz de calcular logaritmos de hasta veinte decimales, aunque fue su hijo Henry Prevost Babbage (Inglaterra, 1824-1918) el que la llevó a la práctica tras la muerte de su padre.

Esta máquina fue la base para la que idearía en 1834, conocida como “maquina analítica”, una quimera para su época, ya que nunca llegó a construirla. De haber sido así, podríamos decir que hubiera sido el primer ordenador (aunque no un ordenador completo como veremos después), pues disponía de una memoria donde se almacenaban los números  con los que realizaba las operaciones, un dispositivo de entrada de datos para guardar en la memoria y dispositivos de salida de datos que daban el resultado del proceso. Disponía de una unidad aritmética para realizar los cálculos y de una unidad de control para asegurarse de que el proceso de los datos seguía el orden correcto.

Babbage elaboró varios diseños, como curiosidad, en 1991, con motivo del bicentenario de su nacimiento, el Museo de Ciencias de Londres encargó la realización de una reproducción de una de estás máquinas, basándose en los diseños originales de Babbage padre. La reproducción en cuestión se corresponde con el modelo número 2 de la máquina diferencial o de diferencias, diseñado entre 1847 y 1849. El proyecto de construcción fue dirigido por el Doctor en Ingeniería Doron Swade, que lo finalizaría en el año 2000. Actualmente es director del Proyecto Babbage para el “Computer History Museum” en California (EEUU). El Doctor Swade está considerado a nivel mundial como una de las máximas autoridades en Ingeniería, Historia y Museología de la computación.

Paralelamente a la evolución del procesado de datos, en 1871, René Prudent Patrice (Francia, 1819-1900) inventó la microfilmación. Las bases de datos ya no serían tan complicadas de consultar porque ya no sería necesario rebuscar entre tanto documento, bastaría con consultar un rollo de filminas mediante algún sistema de proyección que previamente se habría filmado en un determinado orden.

Sin embargo, era pronto para ambos adelantos. Las ideas de Babbage y Patrice iban por el buen camino, pero les faltaba la tecnología y el procedimiento adecuados para ser llevadas a la práctica con éxito. El primer paso hacia ello lo dio Herman Hollerith (EEUU, 1860-1929) allá por 1880 con diversas innovaciones en el campo de las tarjetas perforadas, creando tabuladores automáticos, clasificadores eléctricos que clasificaban las tarjetas reconociendo el espacio perforado en base a la dispersión de la corriente eléctrica, e incluso perforadoras de teclado que funcionaban de forma similar a una máquina de escribir. Y ahora alguien se preguntará ¿y para que sirve una tarjeta perforada? Supongo que todos conocemos los CD-R, los DVD-R y +R o el BLUE-RAY. Bien, pues las tarjetas perforadas eran los CD-R, DVD-R y +R y BLUE-RAY de aquella época. Podías escribir en ellas y podías consultar sus datos, pero no podías reutilizarlas (de ahí que haya especificado R y no RW que son regrabables) pues, una vez perforadas, los huecos no podían taparse.

Hollerith patentó su máquina en 1884 y 1890 el Gobierno de los Estados Unidos la utilizó para elaborar el censo de población. Se tardaron un total de tres años y se obtuvieron un total de 56 millones de tarjetas perforadas que guardaban la información. En 1896 fundó la Tabulating Machine Company, que tras fusiones y cambios de nombre diversos, en 1924 se convirtió en la que hoy conocemos como International Business Machines Corporation (IBM). Hollerith está considerado como el primer informático de la historia, ya que fue el primero en automatizar con éxito la información aunque su sistema todavía requiriese de un alto grado de intervención humana.

Los tempestuosos comienzos del siglo XX hicieron que hasta, al menos, 1928 no se avanzase nada o casi nada con respecto a finales del siglo XIX. Fue entonces cuando una empresa, Recordak, aplicaría el invento de Patrice a la organización documental de la Banca de la época. Allá por 1934 las bibliotecas y los medios de comunicación guardaban ya sus archivos documentales de prensa en microfilm.

En 1940, la compañía Bell Telephone Laboratories fundada a finales del siglo XIX por Alexander Graham Bell (Escocia, 1847- Canadá 1922), (inventor del teléfono según unos, quien solo lo patentó según otros, asunto del que hablaremos otro día),  construyó una máquina basada en calculadoras de relés telefónicos. Esta máquina empezó a  idearse allá por 1930, pero tardó diez años en poder llevarse a cabo. Cuatro años más tarde, en 1944, IBM construía el Mark I en la Universidad de Harvard bajo la dirección del físico Howard H. Aiken (EEUU, 1900-1973). También conocida como “Calculadora automática de secuencia controlada”, su funcionamiento era similar al que Babbage había conceptualizado en su “maquina analítica” hacía ya más de un siglo.

Así que el hombre necesitó más de un siglo para conseguir aquello que ya tenía en mente. A partir de ahí la cosa se aceleró un poco.

En 1946 aparece el ENIAC, el primer calculador e integrador numérico electrónico. Fue construido en la Universidad de Pensilvania con fines militares por John Presper Eckert (EEUU, 1919-1995) y John William Mauchly (EEUU, 1907-1980). Ésta ya no era una máquina mecánica, ya que funcionaba por medio de válvulas, aunque los datos que procesaba seguían siendo introducidos y reproducidos por medio de tarjetas perforadas o variantes del mismo sistema como las cintas perforadas. Por otro lado, seguía siendo necesaria una alta intervención de componente humano en el proceso de los datos y su tamaño seguía siendo considerable, ya que ocupaba una superficie de 167m². Sin embargo, lo más llamativo del ENIAC fue que quienes lo programaron fueron seis mujeres: Betty Snyder Holberton (EEUU, 1917-2001), Jean Jennings Bartik (EEUU, 1924), Kathleen McNulty Mauchly Antonelli (Irlanda, 1921- EEUU, 2006), Marlyn Wescoff Meltzer (EEUU ¿?-2008), Ruth Lichterman Teitelbaum (EEUU, 1924-1986) y Frances Bilas Spence (EEUU 1922).  Una de ellas, Jean Jennings Bartik, obtuvo en 2008 el galardón que concede cada año el Computer History Museum y que compartió con Bob Metcalfe y Linus Torvalds (responsables de la Ley de Metcalfe y de los sistemas Linux respectivamente). Junto con Frances Bilas son las únicas supervivientes del grupo. El machismo generalizado en el entorno de la ingeniería, matemáticas y ciencias llegaron a hacer pensar en los mismísimos años 80 que las mujeres que aparecían posando en las fotos del proyecto eran simples modelos a las que llegaron a denominar “Refrigerator ladies” (Mujeres frigorífico). Sin embargo, fueron las que consiguieron sentar las bases de una programación asequible a todo tipo de profesionales (Betty Snyder fue una de las madres del Cobol, lenguaje que hoy en día sigue utilizándose mucho en Banca), iniciando una forma de programar que permitió que la informática avanzase a pasos agigantados a partir de aquel momento.

Gracias a estas mujeres y a sus innovaciones, al poco tiempo se creo el primer ordenador que incorporaba una programación que no requería la intervención constante del operador de la maquina. Como esta máquina estaba sobre todo destinada a realizar “cómputos de datos” o lo que es lo mismo “Cálculos” se le denominó “Computer” (computadora).

Este revolucionario aparato no tardaría en fabricarse en serie, así nació en 1951 el UNIVAC I (Computadora Automática Universal), también bajo la dirección de Eckert y Mauchly y presumiblemente contando con el mismo equipo femenino que les llevó al éxito con el ENIAC (Jean Jennings Bartik formó parte del equipo, así como Betty Snyder), al que seguirían otros. Esta máquina introducía la novedad de utilizar cintas magnéticas para gestionar la información, lo que facilitaba la reutilización del soporte, ya que podían borrarse cuando sus datos ya no fuesen necesarios y volver a grabar nueva información en ellas. Se diseñó para resolver problemas comerciales y no se limitaba a realizar cálculos matemáticos, sino que organizaba información. La empresa encargada de su comercialización fue la Remington Rand, a partir de aquel momento máxima rival de IBM que todavía apostaba por perfeccionar su sistema de tarjetas perforadas. Cuando los franceses vieron este nuevo ingenio lo denominaron “Ordinateur” (ordenador) porque permitía ordenar la información.

En España, por aquella época, estábamos mucho más influenciados por todo lo que venía de nuestro país vecino que por lo que procedía del otro lado del charco. El francés, y no el inglés, era el idioma que se hablaba en los principales círculos sociales y diplomáticos del mundo. Así que cuando la “Computadora” llegó a España, pronto pasaría a denominarse “Ordenador” por dos motivos: porque la máquina servía para algo más que para hacer cálculos, y porque, quienes tenían un nivel cultural como para trabajar con ellas en aquellos días, habían aprendido más francés que inglés.

Por hoy dejaremos aquí la historia, o más bien prehistoria del ordenador. La próxima semana continuaremos con la tercera entrega, la evolución del ordenador, donde veremos la evolución de esta maquina que funcionaba con válvulas hasta los pequeños ordenadores de bolsillo que funcionan con microcircuitos.

Bibliografía:

Morales Pascual, Jose Luis y Martínez Trevín, Carlos Antonio. “Historia del cálculo” Programación de ordenadores. Estructura básica del proceso de datos 1. Editorial Tesys, Barcelona, 1987, pags 22-28.

Garza Cuartero, Javier. “Evolución tecnológica de los servicios documentales en Prensa.” Informática Documental y Bases de Datos. CPA-Salduie, Fundación para la enseñanza audiovisual. Zaragoza 2008.

Computer History Museum. http://www.computerhistory.org/ (08/02/2010)

London Science Museum. http://www.sciencemuseum.org.uk/objects/computing_and_data_processing/1992-556.aspx (08/02/2010)

Wikipedia. http://es.wikipedia.org/wiki/Herman_Hollerith (08/02/2010)

http://www.phillyburbs.com/pb-dyn/news/222-12072008-1633757.html (12/07/2008)

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