Atado y bien atado

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EL CRISOL    –    Pascual Mogica Costa

                

    Dijeron que el dictador lo había dejado todo atado y bien atado y en algunas cuestiones no les falta razón a los que esto dijeron.

    Una de las cosas que dejó bien atadas fue que no se pudieran juzgar los abusos y los excesos del franquismo que tuvo a este país atemorizado durante cuarenta años. Cuando en 1977 fue promulgada la Ley de Amnistía que vino a propiciar el que todos los presos políticos que Franco tenía confinados en las mazmorras, ciudadanos de izquierdas disconformes con el régimen franquista y sindicalistas, pudieren disfrutar de esa libertad que se les cercenó por el mero hecho de tener una ideología distinta a la del dictador y pedir una situación laboral y social digna para los trabajadores. Pero en honor a la verdad hay que decir que no fue el dictador quien dejó escrito todo aquello que se podría incluir dentro de ese concepto de “todo atado y bien atado”, no, esto se hizo posteriormente cuando las Cortes Generales, después de haber transcurrido dos años desde la muerte del dictador, sancionaron la Ley 46/1977 de 15 de octubre, Ley de Amnistía, que en su artículo uno y en su apartado a) dice lo siguiente: “Quedan amnistiados todos los actos de intencionalidad política, cualquiera que fuere su resultado, -llamo la atención sobre esto de “cualquiera que fuere su resultado”- tipificados como delitos y faltas realizadas con anterioridad al día 15 de diciembre de 1976”. Esta misma Ley en su artículo dos apartado a) señala lo siguiente: “En todo caso están comprendidos en la amnistía: Los delitos de rebelión y sedición, así como los delitos y faltas cometidos con ocasión o motivo de ello, tipificados en el Código de Justicia Militar”. Por esta Ley, una Ley que el franquismo no promulgó sino todo lo contrario, durante esos negros cuarenta años no hubo amnistía para nadie y durante todo ese periodo se siguió investigando y encarcelando a los republicados y a todos aquellos que se mostraban disconformes con el régimen y ahora nos encontramos, lo que hay que ver,  con que el sindicato Manos Limpias, en mi opinión un sindicato ultraderechista, lleva a los tribunales al juez Garzón por haber pretendido investigar los crímenes del franquismo y el Tribunal Supremo, que cosas tiene la vida, ha admitido la querella basando su decisión en la Ley 46/1977 de 15 de octubre, de amnistía y la Comisión Permanente del Consejo General del Poder Judicial, estudia el suspender cautelarmente en sus funciones en la Audiencia Nacional a Garzón. Una Ley, la de Amnistía,  que sirvió para que muchos crímenes y hechos muy reprobables y condenables de la dictadura quedaran impunes y para que además gente que al parecer defiende aquellos latrocinios pueda ejercer su derecho a acudir a los tribunales para denunciar contra quien pretende, o pretendió, averiguar la causa de muchos crímenes y quienes fueron los responsables de que esto sucediera. Y encima estos “protegidos” despotrican contra la Democracia y la Constitución. Qué paradoja tan sangrante.

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