Los pactos rotos

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A las 09.04 de la mañana de miércoles, día 17 de febrero, relataba  Zapatero el lento ritmo de recuperación de la economía en términos de PIB: -1.7 (trimestre 1); -1 (trimestre 2); -0.3 (trimestre 3); -0.1 (trimestre 4). Escogió el Presidente para sus primeros 46 minutos un tono profesoral, asumiendo toda la responsabilidad del Gobierno, que ha sido azotado fuertemente por la recesión económica global made EE.UU. de factura neocom. Reafirmó su compromiso y voluntad, argumentando que había margen para la recuperación. Señaló como líneas rojas el  mantenimiento de  la inversión pública; la solidaridad  y la mejora de los ingresos  públicos, concluyendo con el compromiso de ahorro de 50.000 millones de euros en el horizonte del 2013. La presión fiscal no superaría a la del 2004. Rodríguez Zapatero tuvo palabras para el empleo fijo y flexible en aras a la conciliación familiar, para los jóvenes, para la mujer, la cooperación al desarrollo, la educación. En el marco de la nueva economía señaló los vectores biosanitario, energético eficiente y renovable, aeroespacial y medioambiental. Comprometió la estrategia del diálogo social, político e institucional. Confirmando la pretensión de pactos en educación, en la Comisión Pactos de Toledo, y en la mesa organizaciones sindicales y empresariales. El Presidente José Luis Rodríguez Zapatero fue sensible al reclamo generalizado de la sociedad. “la sociedad quiere más”, dijo; quiere el consenso de todos los grupos políticos” y lo ofreció el Presidente sobre competitividad, modernización industrial, sistema fiscal y sistema financiero. Por el Gobierno presentó a Elena Salgado, Pepe Blanco y Miguel Sebastián para agilizar ese posible pacto “que no admite demora”. En este momento bajaron  risas de los escaños del PP y Rajoy movía la cabeza, miraba en su rededor y pareció que pronunció “¡ahora, a buenas horas!” ante los ojos de Cospedal y Santa María, que en esta ocasión le acompañaban en los primeros puestos de la oposición. Pactos rotos tenemos. En efecto, Rajoy  utilizó el latiguillo aznariano del “váyase”, mientras se revolvía entre los grandes males, que aquejan a la economía española, silenciando que son males globales. También a España llegaron las corrientes neoconservadoras, profesadas por Aznar, pies sobre la mesa, ante Bush. Incluso osó jalear a los escaños socialistas para que hiciesen suyo también el váyase de los populares.  A  uno le queda la duda de si lo hizo porque entre los potencialmente suyos no encuentra unanimidad. Desde la Tribuna de invitados,  Esperanza Aguirre seguía el episodio de los pactos rotos. Los demás grupos, pese al PP, quieren ser palanca del bienestar en España.

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