La Pasión de Cristo (Diáspora de turistas en busca de una paz espiritual repleta de consumo)

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Ligoteo

Gente que va, gente que viene, nadie que se queda, todos que se van, ¿dónde van? ¿Le importa a alguien? A ellos, supongo, a los hosteleros que los reciben, seguro, y a los que nos quedamos en nuestras ciudades, por supuesto, con tranquilidad absoluta con la única condición de no visitar los lugares de referencia de nuestras ciudades.

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Durante esta semana se vive una auténtica diáspora en nuestro país, independientemente de crisis, ajenos a presentes, futuros o pasados, todo lo que haga falta para honrar a Cristo, el primer hombre mediático de la historia, un personaje que si hubiera existido en la actualidad sería carne de prensa del corazón y mesías de la nada.

Estos días se recuerdan los últimos momentos de Cristo, inspirador de la religión más represiva de la historia, con una espiritualidad fingida y un sentimiento carente de toda coherencia intelectual, pero ante la que nadie parece reflexionar ni querer pararse a pensar sobre la esencia de lo que están haciendo.

Ligoteo

Perdón por mi ignorancia espiritual, pero veo gente desfilando descalzos mientras cargan con un paso de varias toneladas, otros que se flagelan, y algún otro que carga con una cruz a sus espaldas, para sentirse más cerca de Cristo, o para cumplir las promesas que se hicieron a cambio de favores.

Comprendo que hace unos años, hace unas décadas, la gente pudiera sentir el transfondo de estas fiestas. No dudo que la generación de mis padres, criada en la escasez, tuviera que dar gracias por lo poco que tenía, y ante su falta de libertad intelectual no les quedara otra que agradecérselo a un ser superior, en el que, a falta de otra cosa confiaban.

Pero mucho me temo que hoy en día se trata de un ejercicio de hipocresía supina. En una época en la que el único valor que tenemos es el de comprar algo más caro cada día, el consumo por encima de todo, el alardear de propiedades mejores que las personas de nuestro entorno, y en la que miramos hacia otro lado cuando nos enfrentamos a una injusticia, ¿qué sentido tiene salir en procesión honrando al personaje de Cristo y a la parábola de su vida, sobre la que se construyó el Cristianismo?

La sociedad de hoy en día sólo piensa en el consumo, el mismo tipo que recorre 10 kilómetros flagelándose compra al día siguiente un móvil nuevo, porque el actual ya tiene un año de vida, malgasta su dinero a manos llenas, mientras se apena por la tragedia humana del tercer mundo, e ignora a sus hijos para bajarse al bar a lanzar improperios a la camarera de turno.

La Semana Santa es un período vacacional puramente económico, y el que diga lo contrario miente, o se engaña, hay mucho dinero en juego, muchos hoteles, muchos restaurantes, bares, monumentos, chiringuitos, etc., que comienzan su verano en esta época. El querer ver una época espiritual es tan absurdo como intentar la cuadratura del círculo.

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