Diálogo interno XXIV (La reforma laboral: De lo que todos hablan y nadie hablaba)

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Superyo: Si sigues así voy a terminar por pedir el divorcio
Yo: No te pongas así, ya sabes que tengo mil cosas en la cabeza
Superyo: Sí, pero no puedes olvidar que yo soy lo más importante, todo lo demás son cosas terrenales que van y vienen y que sólo cuestan dinero, yo siempre estoy aquí y siempre estaré y no cuesto nada, aunque valgo mucho
Yo: Vaya, no conocía yo ese aspecto tuyo tan melodramático
Superyo: Será la primavera o el despecho
Yo: Si no te conociera te diría que tu lado femenino te está comenzando a gobernar
Superyo: ¡Vaya comentario tan machista! Así es como te las gastas ahora
Yo: Tienes razón, perdona. Bueno, ¿has leído algo mío últimamente?
Superyo: Ya sabes que sí, que siempre leo todo lo que escribes
Yo: ¿Y?
Superyo: He de reconocer que alguna cosa me ha gustado, pero esa novela que te tienes entre manos no tengo claro hacia donde va, ¿estás seguro de que funcionará el camino que has elegido?
Yo: No lo sé, veremos. Ya sabes que los personajes de mis novelas tienen vida propia, yo sólo les muestro el cruce de caminos y luego ellos eligen
Superyo: Al menos ellos tienen capacidad de elección
Yo: Porque son personajes de ficción, si fueran reales no podrían elegir
Superyo: Y serían otros los que eligirían por ellos, por ejemplo, el FMI
Yo: Por ejemplo
Superyo: Tú que dices que sabes de esto, ¿no es un poco extraño que el FMI ande ahora reclamando una reforma laboral en España, cuando antes no decía nada?
Yo: Suele pasar, es la política del ventajismo, de subirse al carro ganador. Cuando las cosas iban bien nadie se paraba a pensar que España necesitaba una reforma laboral, ¿para qué? Ahora que las cosas van mal, todo el mundo la reclama, la historia de nunca acabar
Superyo: Lo cuál es un error de bulto, porque las reformas deben de realizarse en los tiempos de bonanza, no en los de crisis
Yo: Efectivamente, porque si se realizan en tiempos de crisis, es ésta y no la eficiencia, la que rige las decisiones, las urgencias temporales limitan la grandeza de las medidas
Superyo: Vaya, por fin estamos de acuerdo en algo
Yo: En el fondo estamos hecho de la misma pasta, tú algo más visceral, yo algo más cerebral, pero dos caras de una misma moneda
Superyo: Pero que conste que no te he perdonado
Yo: Ni yo pedido tu perdón
Superyo: Bien, pues zanjada entonces esa cuestión puedes empezar con el capítulo 3 de tu novela
Yo: Gracias

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