Sociopolítica

Abril: Mes de la Historia Confederada en Virginia

ORANGE COUNTY: Estuve leyendo una de las interesantes columnas sobre política de Clarence Page que publica con Tribune Media Service. Esta vez fue una titulada «It’s Not Hate, It’s a Hateful History». En ésta nos habla sobre Brag Bowling, quien es el Comandante de la División de Virginia de la organzación «The Sons of Confederate Veterans».

La organización se funda sobre la premisa de destacar un aspecto de la historia estadounidense, el punto de vista del Sur durante la Guerra Civil. El Gobernador del Estado de Virginia, McDonnell, pidió a los Hijos de los Veteranos de la Confederación, comandada por el susodicho Bowling, al firmar una proclama para festejar «April as Confederate History Month», su apoyo. Acude a Brag Bowiling, quien de paso es afroamericano y descendiente de un esclavo confederado. El columnista se lo recuerda y explica:

«The Sons of Confederate Veterans are spiritual descendants of the Lost Cause, a post-bellum movement and philosophy that sprung up after the war to justify the Confederate cause as noble, chivalrous, militarily clever and only incidentally tied to slavery… Both of us agree that too many people oversimplify the causes of the Civil War as either all about slavery or nothing to do with slavery. The truth of history is always more complicated than that and too many people don’t take history seriously enough».

Aquí la frase clave es que, aunque en ciertos aspectos una causa noble y caballerosa, «sólo incidentalmente relacionado a la esclavitud». Y precisamente en ésto es que hay un diferendo entre Brag Bowiling y el articulista Clarence Page. Contrario a lo planteado en la proclama de McDonnell, Page establece con razón que una causa prominente de la Guerra Civil, entre Norte y Sur confederado, es la esclavitud y que ellos la omiten. Es cierto que hay otros aspectos en conflictos entre los estados; pero ninguno es tan significativo como lo fue la esclavitud.

Un aspecto horroroso es cuando el Jefe de de Justicia Roger B. Taney declaró en la decisión judicial «Dred Scott» que los eclavos «no tenían derechos a la que los blancos tuviesen una obligación de respetar». Es por que el Gobernador McDonnell, con su proclama no pudo conseguir el endoso a la misma del exgobernador L. Douglas Wilder, demócrata, quien le dijo que añadiera un párrafo a la proclama que describiera que: «slavery is an evil and inhumane practice», a lo que Bowling no accedió ya que «Virginia did not leave the Union to defend slavery», «Virginia seceded after President Abraham Lincoln called up troops to invade the lower South. Virginia was solidly pro-Union but refused this intrusion on their sovereignty. It had nothing to do with slavery».

Que salga con este argumento, el descediente de un esclavo, conturba. Aquí está planteda una especie de falacia por omisión. Técnicamente, se trata de lo que en Sicología se designa como el Efecto de negación de precedentes o la «tendencia de algunas personas a evitar incorporar probabilidades o sucesos precedentes muy bien conocidos que pueden ser importantes en la decisión a tomar».

Para dar preeminencia al argumento de Virginia no rompió con la Unión para defender la esclavitud, pues… neguemos la esclavitud. Y sea como sea, Virginia se unió a la Confederación y el vicepresidente de la misma, Alexander H. Stephens, hizo una declaración histórica muy negativa en un discurso en 1861 cuando dijo que la gran verdad es que el negro no es igual al blanco y debe subordinarse a una raza superior. «Slavery subordination to the superior race is his natural and normal condition». Bowling siquiera había leído ésto al endosar esta festejo de los Hijos de los Veterano Confederados. Bowling, el negro, niega la esclavitud para todo fin conceptual y práctico.

Esto es indicativo de afroamericanos que no quieren que se les diga la verdad histórica sobre el sufrimiento de sus ancestros. Se colocan en la interpretación del sureño blanco. Minimizan las verdaderas razones de la Historia de la Guerra Civil y se prestan al juego de neoconservadores republicanos que viven desfigurando la historia. En un ridículo DENIAL.

Cuando Norteamérica misma, ante indígenas, afroamericanos y otras etnias que se van sumando a la demografía estadounidense, descubre que puede participar de una ideología abiertamente condonada y admitida por el colonialismo europeo del siglo XIX, esta ideología es el racismo, al que Ernst Nolte llegó a definir como una «rama del pensamiento europeo» y George Mosse como «el lado oscuro de la Ilustración». El confederado y el unionista blancos hicieron causa común en ésto. La Revolución Americana puede que haya nacido de muchas causas gloriosas, pero una de esas causas no fue el abolicionismo.

Hay libros de un vicioso revisionismo que son pura politiquería de rednecks del Establecimiento republicano y, si bien es importante el trabajo que Robert Middlekauff comenzó con su libro «The Glorious Cause: The American Revolution, 1763-1789» [Oxford University Press, USA; Rev Exp edition (2007)], donde explica la necesidad de evitar simplificaciones y enfocarse en hechos que separen lo real de lo mítico, los libros sobre la Causa Perdida / la Guerra Civil / muy pocas veces sirven a esa tarea. En este libro de Middlekauff nos habla sobre los entrejuegos que aceleraron (en unos casos y demoraron en otros) esa lucha por la independencia de los EE.UU.

Así, por ejemplo, cómo los excesivos impuestos de Inglaterra a las colonias mientan «el esfuerzo por desembarazarse de los inmensas deudas incurridas al defender a las mismas colonias contra otras potencias, especialmente, Francia»]. Las colonias del Sur eran un enemigo interno porque muchas eran pro-francesas y, por consiguiente, pro-esclavistas. El Sur, moralmente aislado por su abierto esclavismo, tuvo el espaldarazo del periódico oficial del Vaticano, que editorizlizó a sui favor, pero el Norte también fue racista. Cuando se promulgó la Proclama de la Abolición, no tardaron en verse motines de enojo por blancos en protesta.

Middlekauff nos habla sobre cómo escribirse la Constitución en Norteamérica fue arduo y se demoró, por dos años por causa del divisionismo en cuanto al asunto del negro y la propiedad, en lo que ciertos estados debatían en defensa de lo que más les convendría y con quiénes afiliar sus lealtades, sin con los revolucionarios americanos o con la Francia misma. Y, más importante, en cuanto a lo que sería la Guerra Civil (1861), posterior a la formación de la nación (1776) y su Congreso de Filadelfia, es la discusión en torno a los cambios demográficos durante la Revolución Americana.

El aumento de la diversidad étnica, en ese tiempo temprano y decisivo, explicará muchas de las conductas conservadoras en el Sur y en el Norte. Alexis de Tocqueville pensaba que el racismo «was far more prevalent in free states than in slave states» y que los militares sureños, generales pro-esclavistas, como Jefferson Davis y Robert E. Lee, esperaban que «la esclavitud despareciera de un modo natural». No había que mover, legalmente, ningún dedo para acelerar el proceso, pese a que se reconocía que había hasta tres veces más sociedades anti-esclavistas en el Sur que el Norte. Mas aún así, en los estados, ya libres de esclavitud, había más racismo.

La única reflexión posible, cuando se plantea el «Mes de Abril como Mes de la Historia de la Confederación», es conmoverse con horror. Robert E. Lee era un general confederado que pensaba que la esclavitud era un mal moral y politíco; pero, aún, cuando no quería dividir el país, peleó en favor de los divisores, los confederados. No hay, pues, coherencia entre lo que se piensa y lo que se hace. La historia de la Confederación y la Reconstrucción, tras la guerra civil, estadounidense parece ser la historia del imperio del espíritu de Joseph Arthur de Gobineau, el fundador de la filosofía racista, con su obra «Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas» (1853-1855).

Otro general William Tecumseh Sherman, presunto abolicionista, y quien llegó a decir que los sureños debían ser «exterminados» para que los norteños se reestablecieran en sus tierras, no sabía cuál mal era peor: «Si la esclavitud o la democracia». Nathan Bedford Forrest, fundador y comandante de los Ku Klux Klan, quería negros y chinos libres en el Sur; ah, pero posiblemente libres después de muertos. Un General como Ulisses Grant y un presidente como Lincoln, siempre hablaron en favor de la guerra con el Sur. La solución. El General George McClellan, demócrata y el de más rango y cercanía de Lincoln, rechazaba la ideal de la igualdad racial y para dar una idea de sus guerrerismo humillador, al avanzar con sus tropas por el Occidente virginiano, amenzaba con hecatombes. Si encontraba resistencia insurrecional, las «aplastarla», utilizaría exclusivamente a los esclavos sureños para que lo hagan. Para eso sirve el negro, para que le
pelea las guerras al blanco que no cree en ellos ni en la igualdad de unos y iotros ante la la ley.

La Confederación produjo el detalle de un nieto de Thomas Jefferson peleando en su favor, lo mismo que a otro nieto de Francis Scott Key, quien es el autor del «Star- Spangled Banner». Es decir, nadie sabe para quien pelea. El Norte es como el Sur en su fanatismo bélico y racismo. Pero, en medio de esa barahunda de ideas y cruces de lealtades; en la práctica, al negro y a las raza amarilla se les considera «variedades inferiores de nuestra especie humana». La decisión del Dred Scott y, al final de la Guerra Civil, las Leyes de la Reconstrucción definen el resentimiento del Sur. Estos estados del sur, derrotados, se inventaron una variedad de leyes para discriminar a ciudadanos negros. Este proceso de Reconstruccion, después de la guerra civil fue tan intenso y extenso que, al final de tal proceso en 1877 y la elección de Rutherford B. Hayes presidente, la discriminación se extendió a los estados del norte y se completó el dominio moral y
político de la superioridad del tipo blanco.

¿Qué es, en mi opinión, la historia de la Confederación? Más que heroicas batallas, este periodo es la culminación del triunfo de Gobineau con sus ideas del «monopolio de la belleza, de la inteligencia y de la fuerza», encarnadas en el hombre blanco. Mas, leído este artículo de Page, me ha gustado el título con que él resume el proceso: «No es odio. Es la historia del odio» / «It’s Not Hate, It’s a Hateful History». Y aún un manipulador de la historia, como Clint Johnson, autor de una de esas series neoconservadoras y caricaturescas como «The Politically Incorrect Guide™ to the South» tiene material de sobra para embarrar de cacas de racismo cualquier lado, especialmente, al Norte.

El comienza diciendo que la Causa Sureña es más importante que la causa de los Padres Fundadores en el Norte. De hecho, las Trece Colonias fueron las primeras en legalizar formalmente la esclavitud, en tanto que la Georgia sureña la primera en prohibirla en su Carta de Fundación. Fueron los blancos del Norte, no del Sur, quienes quisieron que los esclavos se contaran como propiedad, no como gente en términos de materia constitucional y fueron los primeros que amenazaron con una sucesión mucho antes que se formara la Confederación… ¿Dónde fue más cruel la esclavitud? En las Trece Colonias del Norte, no en el Sur…. Y fue en New York, la más grande ciudad industrial, donde los buques negreros de sus puertos, echaron las bases para que las colonias norteñas se enriquecieran, cuando el esclavismo se colapsaba en el Sur y necesitaban un segundo aire, que ellos proveyeron con sus compraventas de esclavos.

Luego, no con Lincoln al que asesinaron como a un perro, algo después viene el arrepentimiento, el doble estántard moral, la denegación, y se irán viendo aires correctores (el negro se puso bravo en los ’60 y a quemar y hacerse sentir)… Poco antes, entre blancios, un antiguo esclavista, confederado, fuera del sur, lucharía contra la segregación en los trenes de Filadelfia, un obispo y ex-general confederado se vio medirse en duelo con Grant en los campos de batalla…

Muy interesante es la historia de la esclavitud en los EE.UU. y cómo el Norte y el Sur juegan echándose la culpa por zonas o punos cardinales y cómo el afroamericano se pasa la bola y no aprende a defenderse a sí mismo y contradecir a lo que lo toman como pretextos de su juego. Como en esta historia del historiadorcillo Brag Bowling, prestándose a las «proclamitas de mierda» del Gobernador de Virginia.

Sobre el autor

Jordi Sierra Marquez

Jordi Sierra Marquez

Comunicador y periodista 2.0 - Experto en #MarketingDigital y #MarcaPersonal / Licenciado en periodismo por la UCM y con un master en comunicación multimedia.

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