Asalto al Imperio de Google

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Google evoluciona y, en mi opinión, es una evolución lógica y esperada de la inquietante posición dominante que ha adquirido en Internet.

Editoriales, grupos de comunicación, organizaciones en defensa de los derechos de autor, gobiernos de países europeos y, en los últimos tiempos, operadores de telefonía, quieren su parte del pastel. Esto irá a más. De hecho, sólo está empezando.

Algunas reclamaciones parecen lógicas. Otras, como las recientes declaraciones del presidente de Telefónica, César Alierta, -que pretende que Google pague por el uso de las redes en España- son cuanto menos delirantes. ¿Pedirán también los fabricantes de vasos a Coca Cola que pague por el uso de sus recipientes?

En los 80 el mundo estaba dominado por IBM. Hoy en día, viven el ocaso, siendo una sombra de lo que llegaron a ser. En los 90, la modernidad e innovación impusieron a Microsoft, que en esta década se ha visto superada y eclipsada por el nuevo dorado: Google. ¿Son casos similares? No lo creo. En mi opinión hay dos diferencias entre ellos. Microsoft e IBM eran monopolios económicos, estrangulaban financieramente a sus rivales, imponían sus productos, eran poderosos. Google a ese poder financiero añade una variable más: han sido mucho más inteligentes en la ejecución. La gente que antaño se levantaba en movimientos undergroud revelándose contra los primeros, hoy en día aplaude y recibe con los brazos abiertos los productos de Google. Han utilizado la vieja técnica del palo y la zanahoria. Nos pegan palos como hicieron otros, pero nos los dan inteligentemente, con el estómago lleno.

Una de las cosas que me inquieta personalmente es el uso de la joya de la corona: el buscador que da nombre a la compañía, en los últimos tiempos llega a ser un arma de destrucción masiva de competencia. Eso demuestra que detrás de Google hay…  personas, efectivamente. Google es humano y eso hace que, teniendo el 97% de cuota de mercado de las búsquedas de Internet en un país como España, pueda utilizar esa posición para destacar tus propios productos, ponerlos primero en las posiciones que funcionan del buscador y reducir drásticamente el caudal de tráfico que das a la competencia. Pero ojo, que sea humano actuar así no quiere decir que sea legal, ni que las autoridades antitrust no deban tomar cartas en el asunto.

El antaño mágico algoritmo de Google hoy se ha vuelto previsible; las reglas por fin están claras: “lo primero mis productos, luego los de los demás”.

Que yo tenga una opinión negativa de la evolución hacia un monopolio de facto de esta compañía y de cómo esto afecta a nuestra vida diaria, no deja de ser subjetivo y, desde luego, no me ciega en que pueda seguir pensando que desarrollando productos para el usuario final son, junto a Apple, simplemente los mejores. Del mismo modo, creo que nadie ha ordenado mejor la información y no concibo mi trabajo diario sin productos como Gmail, el buscador, Google Calendar… Son simplemente geniales.

Para el sector de la tecnología en España, Google representa oportunidades, pero también una seria amenaza. Mientras haya un actor que llega a resultar juez y parte, siendo el organizador de la información, pero además creándola, explotándola publicitariamente y midiéndola, no tiene mucho sentido la formación de empresas e iniciativas locales que puedan competir con esa capacidad económica ni de posición de mercado. Se produce del dumping, no tiene sentido lanzar un producto en un nicho interesante, ya que Google, aún llegando mucho después, impondrá el suyo y además, al ser dueño del 55% del mercado publicitario online en España, podrá ofertarlo gratis basado en publicidad.

La única salvación para las startups sería encontrar nichos aún demasiado pequeños para llamar la atención de nuestro depredador amigo.

Google aporta mucho a nuestras vidas. Aún así, debemos de empezar a ser menos ingenuos y mientras colectivamente observamos maravillados resplandecer el último de sus productos, tener cuidado con la cartera, no vaya a ser que de lo abstraídos que estamos con el resplandor, a la vez nos la estén quitando. 

Alejandro Suárez Sánchez-Ocaña

CEO Ocio Networks

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