Cuarenta años, Todesengel

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[Este 21 de junio, se cumplen 40 años del hallazo e identificación por expertos internacionales de Sao Paulo, Brasil, de los restos del criminal de guerra nazi Dr. Josef Mengele, fallecdo en 1979, finalizando en 1985 su búsqueda de 40 años. Mengele fue llamado «El Angel dela Muerte», y operó el campo de concentración de Auschwitz en Alemania durante los años de la Segunda Guerra Mundial. Este cuento se basa en su vida, tras huir a la Argentina y Paraguay].
Josef Mengele. Fuente imagen: http://www.sundweb.com/

Parece que los ángeles son muy perdidizos. Cuarenta años se lleva en la tarea de buscar al más oscuro. Todesengel. Uno que se mete en las sombras y se confunde con ellas. En la historia, no hay ángel más apestoso y que huela a sepultura que Mengele y no hay olfato de sabueso que olisque al primer tiento donde se ha parado. En buscar a quien no se le quiere hallar, han pasado cuarenta años. No hay autoridad institucionalizada que lo capture.

Antes se olía su pisada, su bata de médico asesino y se tenía ciertas pistas. Ya cada nueva evidencia de su rastro, se ha vuelto un espectro por el que el viento pasara revolviendo la arena o el polvo. Además, los ángeles se lavan la cara y las manos; utilizan sandalias voladoras de Mercurio. Se acicalan con ropas extrañas, se visten humanamente, cosmetizándose por entero. O se vuelven animalejos sub-terres a capricho. Se colocan dos cuernos para parecerse más al Diablo y aprenden a sonreir como los verdaderos santos. Inventan leyendas nuevas, todas alusivas a su muerte. Así es El Angel de la Muerte, dios de las selvas, tarzán entre simios de Sao Paulo. Todesengel es ángel por entero y parece que es la vida descrita como soplo. Como neuma. Como cita mal recordada y reverbalizada de una memoria del pasado.

Los ángeles verdaderos tienen expedientes de súplicas y lloros que sólo las víctimas escucharon; pero, los falsarios su carta blanca, permiso de sobrevivencia entre círculos selectos. Saben cómo pagar por todo. Tambén han sido ladrones de pueblos enteros. Realmemente, sólo cumplen los milagros que añoran los custodios, sus protectores. Amigos del angel son unas gentes, muy pocas, que mueren en vida, enflaquecen el espíritu y viven por el canto mágico. Son criados adláteres que suplican: «Ven, enriquéceme y sálvame, Todesengel».

Todo el mundo lo recuerda en Auschwitz-Birkenau. Particularmente, la judíada. En Munich, le decían el antropólogo. En Frankfurt, el médico. El no sanaba a ninguno, empero. Su deleite fue testificar cómo trabajan las bestias hasta el agotamiento y experimentar con la tortura, la más infame. Ni siquiera amó el dolor exquisito de los santos y es que sentía una tara objetable en sí mismo. Para el combate, él no era apto. En el Frente Oriental, durante su servicio, miembro de la reserva del Cuerpo Médico, fue el hazmerír aún por los incompetentes. Burla en 1940 en el Quinto Batallón, Divisón de la SS Panzergrenadier. Dos gitanos negaron que salvó dos soldados en combate. Murieron muchos más, «él no salvó a ninguno» y se lo dijeron, acusativamente, antes que le dieran el rango inmerecido como premio, la SS-Hauptsturmführer, capitán, y si no hay gratitud, y si el gitano desmerece lo que él hizo, el ángel decidió que será preferible
dedicarse al exterminio de todo pueblo acusador que se crea elegido. Y eso haría en el campo de Birkenau, ya qie su jefe, SS-Standortarzt Eduard Wirths, se lo permite.

Recuerda cuando todavía era El Angel blanco, no sangriento: Der weiße Engel. En sólo 21 meses, ya no fue tal por su comportamiento. A cada paso, se desmereció con sus faenas. «Son esos gitanos mis mayores críticos; pero yo soy el poder y ellos la escoria». Y, por lo menos, a 750 de sus gitanos y etnias infestadas le dio gas. Los envenenó; los quemó vivos. Y se obsesionó con la idea de las almas gemelas, ángeles blancos y negros dentro de los cuerpos, y se buscó a un judío Berthold Epstein, médico en almas de niñosa fin de buscar la norma del ángel para recrear la angelicidad verdadera, hombres perfectos. Los niños del Bloque Décimo tienen la angelicidad más clara y definida que el adulto. El interno ángel negro produce liliputienses, enanos infames como los Ovitz de Rumanía. Posiblemente, ángeles con esencia oscura, enanos teratológicos, y como Lilliput Troupe, éstos conspiran contra Der weiße Engel, «tu ángel blanco, tu
radiancia, Mengele».

El esterllizó con químicos a las niñas y cambió unos ojos por otros. Y esperó, a partir de enanos, replasmar a dioses inmensos. E insertar en sí y en sus favorecidos las potencias de espíritus oscuros, esencias de poder que químicamente esos enanos han robado, casi todos gitanos de la Rumanía, gnomos, lujuriosos que se reproducen para seguir robando a los arios noreuropeos.

Antes que cayera el sistema que financió su agenda de tortura, se fue Auschwitz con sus secretos, se fue a la Baja Silesia; se unió a Hans Otto Kahler, también obsesionado con la biología herditaria y las batallas internas de ángeles y la prácyica de una higiene racial que es necesaria parar erradicarlos, de Auschwitz a Bohemia. Después que cayera el sistema que financió sus luchas contra demonios, enanos y gitanos del mundo, buscó a su amigo, uno que vive en Rosenheim, Bavaria, y éste, Hans Sedlmeier, lo ayudaría en la escapada, sólo por una vacuna contra el enanismo y la fealdad genética.

Y en Buenos Aires, lo esperaban otros ángeles, con vida próspera en un mundo de blancos, donde el indio ha sido exterminado. Allí lo vio Hans-Ulrich Rudel y Adolf Eichmann y compró un pedacito de slva impenetrable, que llamo la Finca Fadro, e hizo vacunas contra los ángeles feos y los complejos del hombre. Dicen que nadie podía, en aquellos años, confeccionar farmacéuticamente afrodisíacos tan potentes, esencia de sátiros enanos, que rumanos robaron al ángel blanco de los genes. El sí. Judíos perseguidores, de muchos países, buscaron a este ángel perdidizo; pero ya él olía a topo, a pequeña alimaña, tragada por la tierra. Podía llevarse diez hembras argentinas y paraguayas, tomarlas como esclavas sexuales, seducirlas como hizo con Marta, viuda de su hermano más joven. Enseñaría las artes del aborto ilícito. Tendría hijos con diez diferentes colores en los ojos.

… mas irse de la Argentina (sería en la fecha de la captura de Eichmann por la Mossad israelí en Buenos Aires), provocó su olor a pánico. Y se fue al Paraguay, donde lo protegería el dictador Alfredo Stroessner y, en las faldas de la colonia de Hohenau, al norte Encarnación e Itapúa, hizo un agujero en tierra. Volvió a ser asura, o topo, ángel subterráneo y perdidizo. Cuarenta años se llevaría la tarea de encontarrle. El era el más oscuro. Todesengel.

Lo hallaron expertos, enviados desde Sao Paulo, Brasil. Hallazgo de los huesos y dijeron que habría muerto en 1979. Y no era cierto. Mengele los observó, transformando en topo una vez que vio cómo excavaron su supuesta osamenta humana. El secreto anhelado de la angelicidad quedó intacto. Todesengel es ángel por entero y parece la vida descrita como soplo. Como neuma. Como cita mal recordada y reverbalizada de una memoria del pasado. En la rama alta de un árbol, observaría cómo engañan las transformaciones y han pasado cuarenta años.

09-12-2001 / Leyendas históricas y cuentos colora’os
del narrador Carlos López Dzur