Sociopolítica

DENUNCIA CONTRA EL CARDENAL MONSEÑOR ROUCO VARELA

La coacción y el chantaje,

herramientas habituales de control eclesial.

En las últimas décadas hemos asistido con desconcierto y perplejidad al incesante goteo de teólogos silenciados por la jerarquía de la iglesia católica española, bajo la excusa del alejamiento doctrinal en los escritos de estos profesores. Ha sido necesario el paso del tiempo y conocer tantos casos, para detectar un denominador común: la coacción, por parte de algunos Obispos y Cardenales para doblegar voluntades.

Coacciones a los Superiores de silenciamiento del teólogo que estuviera en su punto de mira. Las monedas de cambio que sonaban eran las amenazas a sus universidades con denominación católica, o la supresión de otros bienes a cargo de la congregación afectada.

Coacciones a editoriales católicas para que retiraran libros que los Obispos no quieren que se difundan, bajo amenaza de retirarles su condición de “editorial católica”. Recordemos el reciente caso de la Editorial PPC obligada a retirar el libro de José Antonio Pagola, a pesar de que tenía las licencias eclesiásticas necesarias y cumplía la norma canónica.

 Coacciones a responsables diocesanos y congregaciones religiosas para evitar celebrar en el Aula de Pablo VI del Instituto de Pastoral y en otros locales “religiosos” la celebración de los Congresos de Teología convocados por la Asociación de Teólogos Juan XXIII (la Comisión Doctrinal de la CEE cursó carta a congregaciones religiosas para que disuadieran a sus miembros de asistir a dichos Congresos); intervenciones por parte del Arzobispado de Madrid para impedir que el teólogo Leonardo Boff impartiera conferencias en los locales de los Escolapios y se hiciera en los mismos la presentación del libro “Vivir en la frontera” de catedrático Juan Masiá; para suprimir la parroquia de San Carlos Borromeo; para prohibir en el colegio de los Agustinos la celebración de la primera Asamblea de Redes Cristianas, etc.

Paradójiamente, la coacción se convertía en aprobación permitiendo que una fundación de las más acusadoras- tuviera su domicilio en una comunidad religiosa (Esclavas del Amor misericordioso, C/ Fermín Tirapu, 28 – VILLABA , Navarra).

Si los obispos no conseguían sus propósitos así, echaban mano de un mecanismo ciertamente canónico, el de la obediencia, pero absolutamente inapropiado para estos casos. Se extrapolaba lo que era un caso doctrinal al plano de la obediencia, evidenciando con ello la carencia de argumentos e incapacidad de afrontarlo en su terreno propio.

El período posconciliar es testigo de la larga lista de teólogos represaliados en la Iglesia universal y también en España.(Resulta sintomático analizar que gran parte de los teólogos represaliados fueron peritos y artífices del concilio Vaticano II). Sobre este punto Santiago Marcilla ha realizado un estudio investigativo riguroso, muy exhaustivo, que abarca 66 páginas (Revista Mayéutica, Nº 33, 2007)

El paso del tiempo demuestra que la estrategia de la jerarquía eclesiástica, aún hoy, sigue siendo la misma. A los teólogos puestos en la picota se les acusa de errores doctrinales, pero no les señalan cuáles. Nunca se inició un diálogo con ellos según lo requiere el derecho, el espíritu y las normas del Vaticano II, dándoles la oportunidad de escuchar, argumentar y, si preciso, rectificar. Se descalifica sin más la totalidad de sus obras y estigmatizan al autor.

Por miedo, debilidad y una mala concepción del voto de obediencia, los superiores aceptan las acusaciones y, en lugar de apoyar y defender como debieran a sus teólogos, claudican de su responsabilidad, se someten, causan daño a miembros de reconocido valor de la Iglesia y la dañan en su credibilidad.

Últimamente hemos detectado una nueva estrategia o argumento en los Obispos: la de “los pobres fieles sencillos escandalizados”. Para ello se están sirviendo de colectivos de laicos, vinculados políticamente a la extrema derecha y que, con consignas veladas o explícitas de la autoridad eclesiástica, se sienten apoyados para que, en sus medios de comunicación(“Fundación Infocatólica”, “Intereconomía”,  plataforma “Hazte Oir”, y otras, avaladas de alguna manera por la propia Conferencia Episcopal) hagan y escriban denuncias sin cesar contra los teólogos de forma claramente insultante y por supuesto sin argumentar teológicamente, ya que ellos se jactan de su ignorancia teológica y de ser “fieles sencillos” que se acogen al magisterio y no necesitan teologías para comprender las verdades que la Iglesia proclama.

En el caso de Juan Masiá han llegado más lejos. Las constantes denuncias de estos laicos “sencillos” han movido a algunos obispos, concretamente a Monseñor Antonio Rouco, Fernando Sebastián y Agustín García Gascó (este último secretario de la Comisión Doctrinal de la CEE), a exigir que la Compañía de Jesús silenciara al jesuita Juan Masiá y se le prohibiera venir a España, siendo español, escribir en español y seguir ejerciendo cualquier tipo de actividad teológica, hablada o escrita. Al presentar su último libro “Vivir en la frontera” en España en marzo pasado ya se le cursaron órdenes para que no pudiera hacerlo y ahora se le hacen advertencias de que puede ser expulsado de la Compañía de Jesús por desobediencia en materia grave. Nunca le dijeron cuáles eran los argumentos para pedirle su silencio, ni cuando al poco de ser elegido le impusieron la destitución como Director del Departamento de Bioética en la universidad de Comillas, ni ahora cuando reaccionan contra sus escritos.

Con esta actitud, los Obispos logran que las congregaciones religiosas y sus superiores se sometan por debilidad, dejen de cumplir con su deber de defender según conviene a sus miembros y acepten el chantaje de ejercer de verdugos con sus propios miembros.

Es preciso romper el tabú de la obediencia ciega como arma arrojadiza contra las personas, porque va contra los más elementales derechos humanos y constitucionales, como en el caso de Juan Masiá, al serle prohibida su estancia en España por motivos ideológicos:

“Los españoles tienen derecho a elegir libremente su residencia y a circular por el territorio nacional. Asimismo, tienen derecho a entrar y salir libremente de España en los términos que la ley establezca. Este derecho no podrá ser limitado por motivos políticos o ideológicos” Constitución Española, º 19). 

El Código de Derecho Canónico se ha utilizado demasiadas veces para condenar a teólogos y teólogas, se ha ignorado cuando se ha tratado de cumplir las obligaciones con los fieles y evitar, sobre todo, las coacciones expresamente prohibidas. Determinados obispos han desatendido la norma canónica que les obliga a ellos y se han dedicado a aplicarla a los demás.

Por ello, nos parece novedoso e importante dar a conocer a la opinión pública, que una católica, María Victoria Gómez Morales, de 84 años de edad, 60 de los cuales pasó en un monasterio de clausura, convencida de que denunciar estos hechos es un acto de lealtad y purificación de la iglesia, ha denunciado ante El Papa Benedicto XVI a través de la Nunciatura Española a Monseñor Rouco Varela, Monseñor García-Gascó y Monseñor Fernando Sebastián, con artículos del Derecho Canónico como los siguientes:

C1375  “Pueden ser castigados con una pena justa quienes  impiden la libertad del ministerio, de una elección o de la potestad eclesiástica, o el uso legítimo de los bienes sagrados o de otros bienes eclesiásticos, o coaccionan al elector, al elegido o a aquel que ejerció una potestad o ministerio eclesiástico”.

C823 P1 “Para preservar la integridad de las verdades de fe y costumbres, los pastores de la Iglesia tienen el deber y el derecho de velar para que ni los escritos ni la utilización de los medios de comunicación social dañen la fe y las costumbres de los fieles cristianos; asimismo, de exigir que los fieles sometan a su juicio los escritos que vayan a publicar y tengan relación con la fe o costumbres; y también reprobar los escritos nocivos para la rectitud de la fe o para las buenas costumbres”-

C227 “Los fieles laicos tienen derecho a que se les reconozca en los asuntos terrenos aquella libertad que compete a todos los ciudadanos; sin embargo, al usar de esa libertad, han de cuidar de que sus acciones estén inspiradas por el espíritu evangélico, y han de prestar atención a la doctrina propuesta por el magisterio de la Iglesia, evitando a la vez presentar como doctrina de la Iglesia su propio criterio, en materias opinables”. 

 

C1326 2º  “A quien está constituido en alguna dignidad, o abusó de su autoridad u oficio para cometer el delito”.F I R M A D O

Margarita Durán

Maite Lesmes

Hugo Castelli Elena Garzón

* Los que deseen expresar su adhesión y solidaridad con la Denuncia,

pueden dirigirse a:

Nunciatura Apostólica

C/ Av. Pío XII, 46 // 28016 Madrid // E-Mail: [email protected]

Conferencia Episcopal Española

C/ Añastro, 1 // 28033 Madrid // E-Mail: [email protected]

Superior General Compañía de Jesús : Adolfo Nicolás

C/ Borgo Santo Spirito, 4 // 00193 Roma – Italia // E-Mail:

[email protected]

Superior Provincial Jesuitas España: Elías Royón

Av. De Moncloa, 6 // 28003 Madrid // [email protected]

O bien dirigirse al correo electrónico:  [email protected]

* Para comunicarse con Mª Victoria Gómez, autora de la denuncia, pueden dirigirse,

exclusivamente, al mismo E-Mail: [email protected]

Sobre el autor

Jordi Sierra Marquez

Jordi Sierra Marquez

Comunicador y periodista 2.0 - Experto en #MarketingDigital y #MarcaPersonal / Licenciado en periodismo por la UCM y con un master en comunicación multimedia.