Economía

Farid Hanna Sarah: Hombre y empresario ejemplar

SANTA ANA: Farid Hanna Sarah, residente de Santa Ana, es una leyenda viviente de la promoción de la música. Libanés de origen, pero mexicano que ha influenciado todo el mundo, de México a Latinoamérica, de Oriente a los EE.UU. y su medio para hacerlo fue la música. Farid Hanna fue el representante artístico del trío «Los Panchos» por 25 años; pero la amistad con ellos data de 55 años. Hace 28 años está casado con la mexicana Cristina Díaz de Sarah y, hace unos días, cumplió 81 años de edad.

Es durante ese festejo que el Lic. Jesús Araujo, quien lo conoció siendo muy jovencito, que se abre un inmenso baúl de recuerdos y anécdotas sobre su personalidad empresarial, su sensibilidad musical y la gran persona que Farid Hanna es. Araujo organizó la recepción a su amigo, mentor y mutuo admirador de la música mexicana. Fue la oportunidad para entrevistar al empresario, quien nació en Batur, en el Norte del Líbano, el 28 de junio en 1924.

Se educó en escuelas privadas (no las había públicas o de gobierno) en esa época en que Líbano era una colonia francesa). Su educación secundaria en un colegio francés de Lafayette se orientó a la Contabilidad, graduándose en 1944 y, pasando a la Universidad de la Sorbonne. A su regreso a Beirut, se integró como empleado de la Century Fox en 1946 y ascendió como Jefe de Contabilidad en el Medio Oriente (incluyéndose los países de Egipto, Irak, Siria, Líbano y el Jordán). «Esta fue una época en que yo ganaba más dinero que el Presidente de Líbano y se me pagaba en dólares», recuerda Hanna.

En este rol estaría diez años, hasta que, terminada la II Guerra Mundial, combina la distribución de películas de la Fox, con la contratación y promoción de artistas, orquestas y revistas de cabaret. «Donde no había cabaret, como en Siria, a mis representados los llevaba a El Cairo (Egipto)».

Uno de sus primeros espectáculos contratados fue la revista del «Lido» y «Moulan Rouge» de París. Promocionó en Oriente a la orquesta española «Cocó» (de 16 miembros, incluyendo sus dos pianistas y tres cantantes), a la Orquesta de Eduardo Bianco (uno de cuyos integrantes trabajó con Carlos Gardel) de Argentina y, desde 1956, al conocer a El Güero Gil, al trío «Los Panchos».

El conducto de este primer contacto con un trío ya famoso (que conocía por sus grabaciones y la notoriedad que le daba la radio) se hizo a través de la familia de Elías Zacarías, cuyo abuelo es libanés, y Miguel y Mauricio Zacarías, todos asociados a la producción cinematográfica mexicana. Los Zacarías son parientes del abuelo de Hanna. Este contacto con el «joven que representan a la Fox» sirve para alianzas más profundas que los negocios, siendo que al principio «Producciones Cinematográficas Zacarías» sólo interesaron la colocación y doblaje de cinco de sus películas para el mercado árabe. Hanna explica el papel de la censura en el trámite (asegurarse que no haya contenido anti-islámico); sólo la película musical, con Pérez Prado, pasa la prueba y no porque tuviesen contenido controversial, sino la barrera inmediata del idioma.

En los Estudios Zacarías, en México, fue que Farid Hanna conoció a El Güero Gil durante una filmación y donde se produjo ese momento en que Gil y «Los Panchos», con Farid Hanna, harían la mancuerna perfecta, a sin de ganar un mercado que en Líbano de los ’50s, únicamente, representaba una colonia de más de 20,000 hispanoamericanos. «El Líbano se conocía entonces como El París del Medio Oriente».

Utilizando sus contactos en Beirut, incluyendo al de quienes son hoy una familia libanesa multimillonaria en México (la de Pedro Abed, dueños de «El Frontón» y «El Hispanoamericano»), los contrató por primera vez para que vayan a El Líbano. Hanna llevó a Los Panchos por una semana de espectáculos diarios y la gira se convirtió en seis semanas y ésto porque habría otros compromisos más. Sucesivamente, Hanna los llevaría a Grecia, Egipto y España, donde los tuvo por un mes. «Abed estaba feliz y hubiese dado hasta el doble porque «Los Panchos» viniesen a Beirut cada vez que pudiesen. Cualquiera cosa daba por llevarlos. El trío tenía magia… Abed los aprovechaba de 9 a 11 de la noche en su cabaret; y yo de 3 a 6 en un teatro que yo dirigía, con capacidad de mil espectadores. Les daba la mitad de la entrada a ellos».

Se acumularían 25 años de representación de «Los Panchos». El trío sería cada vez mejor pagado, muy agradecido ante la honestidad y generosidad de Hanna. Sus integrantes diciéndole a Farid Hanna: «Eres el rey de nosotros. Iremos donde quiera que vayas». Y lo que es impensable: La hija de El Güero, nacida en Puebla y llamada Jalil, terminó casada con el hijo del Presidente de Líbano y abrió para «Los Panchos» unas puertas insospechadas de éxito, invitaciones especiales a fiestas, banquetes y cenas oficiales. «Y así pegaron con tubo, con tubo con temas como ‘Sin un amor’, ‘Rayito de Luna’, ‘Contigo’, que enloquecían a la gente», dice con regocijo.

Lo que fue negocio, de unos y otros, se tornó en profunda amistad ante una de las trilogías más aclamadas y creadoras del lirismo musical mexicano y latinoamericano. Los Panchos son un símbolo cultural al que un libanés, como Farid, supo valorar y proyectar al mundo… Y la amistad, aunque ya separados o fallecidos algunos, se extendió por 55 años. Farid, a los 81 años, guarda los testimonios materiales y espirituales de esa amistad. El compone una que otra canción y Los Panchos las han grabado. El primer requinto y guitarra de El Güero le fue obsequiado a Farid para que lo conserve en memoria de aprecio. «El Güero me fue presentado por Miguel Zacarías y desde ese momento reconocí a un hombre muy noble y cariñoso, que sólo hablaba unas palabritas de árabe, aunque sus abuelos, según una libreta que me mostró, con anotaciones en árabe, tenían muchas tierras en Líbano».

Hay muchas memorias y amor a México en este cumpleañero, ya anciano. Se casó en segundas nupcias con una mexicana. Su primera esposa española-colombiana (Cecilia Gómez con quien se casó en Colombia), lo había dejado viudo. Farid dice que la amistad y compromisos con Los Panchos, una vez que fue insistentemente invitado a Acapulco por Elías Zacarías a conocer su nieta que se casaba, le salvó la vida. Una rara intuición o presentimiento. Farid tercamente declinó el viaje que, de realizarse, habría resultado en su muerte, porque ocurrió un accidente vehicular durante el rumbo a Acapulco en que perdieron la vida Elías Zacarías y su chofer, según se enteró por la prensa, que destacó la tragedia del productor cinematográfico que hiciera películas a Libertad Lamarque, Pedro Infante, Pérez Prado y otros grandes.

Sorprende, a su edad, la claridad de sus ideas y ricos recuerdos, que Farid tiene. Hombre que habla siete idiomas, incluyendo el árabe, francés, inglés y español, nunca perdió su contacto con «Los Panchos». El inclusive los trajo al teatro «Million Dollar». Los firmó para Japón, pero ahí no pudo acompañarlos. «El éxito de Los Panchos en Japón fue tan grande que ahora hay como 4,000 tríos que tomaron su nombre y cantan en español».

Les llevó de Brasil a Chile, Venezuela y Colombia, y fueron Los Panchos quienes cantaron en su boda… Al valorar el romanticismo mexicano, el empresario dice: «México, para mí, ha sido el país más bello del mundo. Como México, en cuanto a romanticismo, no hay dos. Soy libanés de nacimiento, pero mexicano de amor y cariño».

Al valorar la relación entre el requinto y el romanticismo, Farid explica: «El requinto y su arte son una cosa que El Güero inventó. Interpretarlo es un don», dice el fundador de la empresa editorial y de representación Agencia Campaign que manejara publicidad, regalías, contratos y presentaciones de artistas en el exterior, no sólo en la zona cabaretera del Distrito Federal, sino para el extranjero. Esto incluía el Teatro Blanquita, El Patio y Liris y la colaboraciones con Agustín Lara.

Como compositor, Farid Hanna escribió una canción en francés (muy aclamada e interpretada durante la guerra entre musulmanes y cristianos}, cuyo mensaje es la hermandad y una crítica a «esa falsa guerra», que no representó ni desmiente el cariño y la afinidad que hay entre cristianos y libaneses musulmanes, que son hospitalarios, emprendedores y alegres, razón por la cual hay tanta identificación con mexicanos y latinoamericanos en general, algo que se palpa en la gran colonia libanesa en México y un modo de ser muy parecido.

El tema de esa guerra (la invasión del Líbano por Siria y Egipto) le hizo recordar sus vicisitudes en Colombia, donde al llegar se desató otra guerra y, en el ínterin, un frustrado embarazo de su primera esposa. Vemos a un hombre lleno de sentimientos y memorias sobre el cáncer de su viuda, fallecida hace diez años. Es padre de seis hijos y tiene 8 nietos. El mayor de sus hijos tiene 65 años de edad. Todos viven en España.

Desde 1960, él se radicó en los EE.UU. Sus viejas relaciones con ejecutivos de la Fox, MGM y otras empresas fílmicas, le ofrecieron el cargo de Gerente General para América Latina de Bronfield. Farik Hanna estará viajando a Chicago y luego a Lima (Perú) en tareas tan diversas como ventas de lanchas y equipo de boliche, por dos años. Más tarde, en el negocio de franquicias de 7′ Eleven, Mc Donald’s, luego en gasolineras y, en fin una vida aventurera y emprendedora, mas todavía representando a Los Panchos. Terminó radicado en Orange County, donde en 1963 se salva del arresto por el IRS al no registrarse para el reclutamiento en la Guerra de Vietnam. El vino a los EE.UU. con pasaporte francés. Una vez resuelto el incidente de su negativa al Servicio Militar Obligatorio, se integró como voluntario a trabajar por la gente más pobre de Santa Ana. Y lo hace por 4 años.

Para 1963, ya sería el jefe del Job Agency / Community Work / de todo California y tenía al menos, 8 ciudades del Condado de Orange (de Plascentia a Anaheim, de Garden Grove a Santa Ana), donde visitaba las comunidades pobres, con alto desempleo juvenil y comunidades carentes de servicios, a veces con su propia luz y agua, siendo discriminadas por los blancos y sus alcaldías. Farid «el Arabe», como le decía, cumplía un buen trabajo con Job Corps, programa de entrenamiento laboral, al que llevaba jóvenes que por discrimen eran fácilmente el blanco de multas por manejo sin licencia y otros delitos.

Para mayo 1970, llegó a su oficina Jess Araujo, de 22 años, recién salido del Army y alumno de Santa Ana College, Farid Hanna lo aprovecha, lo estimula a que siga sus estudios y se hacen grandes amigos.

«Después de 18 meses de entrenamiento vocacional en mecánica, o plomería u otros oficios, a esos jóvenes ‘presos o desorientados’, sin otro delito que ser pobres, se les daba un certificado, como aptos para trabajar. Job Corps les daba ropa, albergue y un salario de 90 dólares, durante ese entrenamiento; así se libraban de delincuencia o los excesos de la edad. Yo enviaba a jóvenes, de ambos sexos, a Arizona o San Diego, e intercedía con ellos. Ese fue un buen programa y siempre a Jess Araujo me lo llevaba a las cortes, donde tenía mis contactos, el apoyo de un juez de Sacramento. Creo que ésto fue una buena influencia para Jess», dijo

Es Farid Hanna quien estimula a Jess Araujo a proseguir sus estudios en la Universidad de California, Irvine, y posteriormente a sus estudios de Derecho en Loyola University. Lo aconseja y ayuda en cuanto puede. Lo hace su mano derecha y le enseña a no temer a nadie, «porque si no te muerden». Son muchas las anécdotas del tipo de persona maravillosa que ha sido y es este libanés mexicano y, muy agradecido, Jess Araujo le organizó una recepción para su cumpleaños número 81.

Sobre el autor

Jordi Sierra Marquez

Jordi Sierra Marquez

Comunicador y periodista 2.0 - Experto en #MarketingDigital y #MarcaPersonal / Licenciado en periodismo por la UCM y con un master en comunicación multimedia.