Revisionismo terminológico

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La nueva Estrategia de Seguridad Nacional de la Administración estadounidense finalmente fue dada a conocer en su totalidad. Los asesores de la Casa Blanca en materia de lucha contra el terrorismo han declarado días pasados que la estrategia del Presidente Obama es muy clara en relación a la amenaza que EE.UU. enfrenta y anunciaron un proyecto puntual donde se indica que la administración no definirá a sus enemigos como “yihadistas o islamistas”, porque (según han argumentado) lingüísticamente Yihad es una palabra de santa connotación religiosa, un termino legítimo dentro del Islam, por lo que la utilización de un término religioso ofrecería una falsa percepción de que Al-Qaeda y sus aliados sean vistos como líderes religiosos y defensores de una causa santa, cuando en realidad, Ben Laden y los suyos no son más que criminales.

Lo cierto es que abandonando el uso de términos tales como “yihadistas” o “islamistas” en lo referente a la definición de la amenaza en su conjunto estratégico, la administración esta retrocediendo en la guerra de las ideas y se aleja de la estrategia de Defensa Nacional que la precedió, tanto como de aquellos hombres y mujeres que ofrendaron sus vidas y lucharon valientemente contra Al-Qaeda, el Taliban y otros grupos aliados al “Yihadismo Global”.

A mi juicio la premisa de la nueva doctrina de Seguridad Nacional en materia de identificación de la amenaza, como así también de los nombres adecuados a utilizar: es errónea de raíz. En primer lugar, porque lingüísticamente la palabra “Yihad” no se traduce como “Guerra Santa.” En su esencia, “Yihad” significa <en abstracto> “la purificación del creyente”. En segundo lugar, porque teológicamente se interpreta como “un llamado”, “un esfuerzo” para el creyente hecho en nombre de Allah, y ese llamado puede tener distintas formas, algunas de las cuales, sin lugar a dudas, podrían estar en el campo de batalla. Por ello, el gobierno de los EE.UU. no debería “caer en la trampa” de la disyuntiva en cuanto afirmar que la Yihad es legítima o ilegítima desde el punto de vista teológico. En su lugar, debería identificar hasta donde una determinada ideología definida como “Yihadista” por los propios islamistas, es o no una amenaza de radicalización dentro de sus fronteras. Otro inmenso error que se vislumbra, se produce cuando la administración demuestra escandalosamente no comprender que “Yihadismo” no es lo mismo que “Yihad”. El primer término, es claramente un concepto ideológico, mientras que el segundo es originalmente un concepto teológico pero “ideologizado” por los radicales. Por tanto, vincular al Yihadismo en la generalidad de la Yihad, es un error que vicia de nulidad cualquier desarrollo intelectual que se pretenda y solo generara una innecesaria polémica dentro de las comunidades islámicas estadounidenses que incluso, ofenderá a los musulmanes no adherentes al yihadismo.

Académicamente la estrategia de la administración también ha sido defectuosa desde los orígenes históricos en cuanto a la definición del término, puesto que el yihadismo como tal es un movimiento contemporáneo, aunque su ideología data de mas un siglo. Pero lo más importante es que ésta ideología le ha declarado la guerra a los EE.UU. desde hace dos décadas. Por tanto, cualquiera sea el debate sobre la “Yihad como ideología” o como “termino teológico”, no puede haber dudas de la existencia de los yihadistas y de la amenaza real que estos encarnan, ellos han demostrado de lo que son capaces como enemigos jurados de las democracias Occidentales, de los gobiernos árabes que no adhieren a sus ideas y de los EE.UU. mismos. Aun así, los asesores del presidente Obama prefieren eliminar de su vocabulario terminología como “extremismo islámista”. Esto es un cambio significativo y relevante en la Estrategia de la Seguridad Nacional, cuya vigencia en la lucha contra el radicalismo viene desde los eventos del 9-11 y significa que la Administración Obama está diciéndonos que no hay tal cosa a la que denominar “radicalismo islámico” y que no se debe hablar de esa ideología como una amenaza para la seguridad nacional. Este es un tremendo error que solo puede tener sustento en el mas absoluto desconocimiento sobre la materia.

Lo concreto es que la prohibición de la terminología que refiere a una amenaza real, no sólo esta mal definida desde lo académico, también lo esta desde lo teológico. Ello es así en virtud de que el extremismo y la violencia son términos abstractos que designan ideologías, movimientos u organizaciones. Sin embargo, “descripción” no es “identificación”, de allí que se puede decir que los nazis fueron extremistas, pero se debe identificar la amenaza antes de describirla y para ello hay que comprender la significancia, la barbarie y la esencia ideológica del nacional-socialismo alemán de los años ‘30.

Rechazar las generalizaciones contra las comunidades musulmanas esta bien y es lo correcto, pero eliminar la denominación del enemigo real será un desastre a niveles sin precedentes para la seguridad de los  EE.UU. Académicamente, los términos “islamista y yihadista” no son descriptivos del Islam o de los musulmanes en su generalidad, contrario a ello, ambos términos describen a los sectores radicales que han decidido apropiarse del Islam. Si se deja sin efecto su uso estarán prestándose al juego de los yihadistas. En otras palabras, se estará vinculando a toda la comunidad musulmana en vez de separar a los seguidores de la violencia de la mayoría de los fieles que no adhiere al radicalismo extremo, y eso es exactamente lo que los yihadistas pretenden para erigirse en representantes de la comunidad toda.

La Administración Obama sostiene que la revisión de la terminología forma parte de un esfuerzo de la Casa Blanca para la apertura de conversaciones y acercamiento con las naciones musulmanas. A mi juicio, este es un argumento de inusitada pobreza intelectual que solo habrá de empeorar el debate y pondrá en peligro a los gobiernos amigos de EE.UU. en la región del Oriente Medio, puesto que en los medios de prensa de la mayoría de los países musulmanes precisamente utilizan esta terminología para definir y conceptuar a los radicales y extremistas, y ello es así desde el Magreb hasta Indonesia. ¿Por qué entonces los asesores de la Casa Blanca creen que tales palabras ofenderían a los musulmanes? Si con estos mismos términos definen al enemigo en el mundo árabe y musulmán, ¿Por qué los asesores de defensa pretenden quitarlos del debate dentro mismo de los EE.UU.?

La única respuesta posible, es que estas palabras serán vedadas a la opinión pública estadounidense y no porque que el mundo musulmán se sienta ofendido; sino porque hay una clara intención de bloquear a los ciudadanos norteamericanos en el uso de tales términos haciéndoles creer que las mismas palabras que muchos gobiernos árabes y musulmanes usan para identificar y aislar a los terroristas también les ofenden. Lo infortunado de la decisión, es que con este accionar, la administración sitúa a los EE.UU. de cara a una nueva y previsible catástrofe sobre sus intereses nacionales, un evento que nadie desea, pero que puede incluso superar lo acaecido el 9-11 y que no debería sorprendernos si ocurriera en el mediano plazo.