Enfoques cooperativos;Hoy: “La educación debe alimentar el espíritu altruista de los jóvenes”.

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Por José Yorg, el cooperario.

He discrepado con muchos sobre la naturaleza del ser humano en cuanto a que se afirma que éste es invariablemente egoísta y que la educación, la moral y la propia cultura frenan estos impulsos. Sostengo por el contrario que el hombre como especie es naturalmente cooperante, y luego como nos aleccionara Rousseau “la sociedad lo hace malo”.

El instinto de conservación es naturalmente muy fuerte en el individuo y es ese el elemento el que sufre una metamorfosis y se manifiesta en conductas egoístas y mezquinas, individuos alienados, fuera de sí mismos, despojados de su condición social.

Lo dije en muchas ocasiones y lo repito aquí y ahora mismo: lo natural es ser cooperante, lo contra-natura es ser individualista, mezquino.

Se sabe, en la especie humana pesa la herencia y el ambiente para su desenvolvimiento, y podemos afirmar que el mundo en la actualidad es palmariamente un ambiente nefasto dada su penosa situación de crisis ecológica, moral, económica y política.

En tal situación los ojos se vuelven hacia los jóvenes, sinónimos de esperanza, de renovación,… ¡quien, sino ellos podrán enmendar tanto daño socio-ecológico!

Me gusta pensar que la juventud es espartana.

Ubiquémonos ahora en América Latina, lugar geográfico que exhibe más o menos la misma característica en cuanto al ambiente político, económico y social se refiera, y ello con los condicionantes que frenan la efectiva participación de los jóvenes en los asuntos decisivos de la vida.

¿Por qué hacemos referencia al ambiente y los condicionantes? Ya lo dijimos, frenan la participación, y entonces, en tales circunstancias, es muy difícil que el joven pueda manifestar su altruismo.

Alentamos a que la educación sea el vehículo que alimente el espíritu altruista y del tal modo expresarse en la sociedad a través de obras y esfuerzos que enaltezcan al joven y al mismo tiempo así su personalidad sea forjada en bien social.

Siguiendo al Lic. Luis Caputo en su estudio sobre la temática, denominada “Jóvenes rurales formoseños y los obstáculos a las prácticas participativas” nos permite comprender claramente los obstáculos del joven en el ámbito rural: “Para el caso de Formosa, las vivencias de juventud rural se dan en un ámbito de dominación política tradicional que no deja espacios de participación y en un contexto productivo erosionado por el difícil acceso a los mercados de los medios de producción, combinado con débiles acciones para el desarrollo rural, sobre todo, en cuanto a servicios sociales destinados a los jóvenes del campo”.

Allí precisamente el cooperativismo podría-si existiere la decisión política oficial-posibilitar la energía contenida y canalizarla hacia un desarrollo pleno.

Nos ilustra Caputo que los jóvenes “En esta situación, agobiado por la crisis, el joven rural no cuenta con instancias aglutinantes y menos aun aquellas que le puedan permitir instrumentar sus demandas y proyectos de vida”.

Por estas y otras razones no cejaremos en nuestra misión de promover el cooperativismo educacional como redención social y económica para construir un mundo mejor y sea posible el generoso despliegue altruista de los jóvenes.

Juventud ligada al cooperativismo nos sugiere que es la mejor fórmula de mejoramiento humano y en esa construcción está empeñada nuestra vocación educadora.

El altruismo supone actitudes y comportamientos organizados hacia el bien común, hacia el necesitado, hacia el desvalido, hacia el débil en procura de su protección y mejoramiento. Se trata en definitiva de una concepción de la vida en la que es preciso traspasar barreras que impiden accionar con los mejores impulsos humanos. Los jóvenes pueden hacerlo.

¡En la fraternidad, un abrazo cooperativo!