Final del verano, fin del amor

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Vivimos en la era de lo inmediato. Donde Facebook te consigue en un momento más de 100 amigos y la Nespresso te da un café en menos de un minuto. El amor romántico, condenado o anhelado, parece que, como las bicicletas, son sólo para el verano. ¿Estamos perdiendo el tiempo al buscar parejas para el futuro?

Final del verano, fin del amor

Se acaba el verano, y miles de personas de todo el mundo se han enamorado. Sin embargo, numerosos estudios científicos (y estadísticas) revelan que las posibilidades de que esa relación se consolide son pocas, que la química que mantiene ahora vivo su enamoramiento se apagará en dos años, y que la convivencia y el día a día son los mejores asesinos de la pasión.

¿Por qué hay tantas separaciones y divorcios? Juan Luis Linares, jefe de la Unidad de Psicoterapia del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau (Barcelona), cree que la prolongación de la vida influye bastante. “Hasta hace muy poco, la vida no duraba mucho más que la fertilidad de la mujer. Así que una pareja iba teniendo hijos y, cuando ya no podía tener más, se moría. Ahora las expectativas de vida se han duplicado, por lo que las perspectivas de tantos años junto a una persona sin amor pueden resultar inquietantes”.

De hecho, los datos preliminares que maneja el Instituto Nacional de Estadística (INE) para 2009 confirman que los matrimonios han disminuido un 10%. El número de divorcios también ha caído (118.939 disoluciones en 2008, un 13,5% menos que en el año anterior).

Y es que las crisis median en las relaciones de pareja, aunque no parecen influir demasiado. “Una crisis económica como la que atravesamos, de breve duración, no alcanza a cambiar de forma relevante las relaciones familiares. Las parejas se adaptan mediante modificaciones pragmáticas de su dinámica, como retrasar el momento de independizarse, pero no la alteran en profundidad”, indica Linares.

Al parecer lo mismo ocurre con los modelos cinematográficos y televisivos, que son más el producto de un momento evolutivo que factores decisivamente influyentes. Victoria Ferrer, profesora de psicología social de la Universidad de las Islas Baleares, apunta que “el inicio de una pareja, donde prima la pasión, sería lo más parecido a ese ‘amor loco’ que reflejan las películas”, y que puede derivar en una relación estable.

Enamoramiento: teoría para todos los gustos

Según la psicología evolutiva, los seres humanos tenemos tres afectos sexuales: deseo, atracción y enamoramiento. Estos pueden activarse en cualquier momento, aunque el enamoramiento es más probable que se dé cuando no estamos enamorados de otra persona, cuando estamos insatisfechos afectivamente con otras personas, cuando estamos solos; o necesitados de aprecio y afecto.

“Estar enamorado es un estado de fascinación sexual y afectiva que sólo se puede vivir con una persona a la vez, aunque puede haber varios procesos en la vida. No creo que necesariamente sea temporal, como se dice con frecuencia confundiendo los cambios bioquímicos que lo acompañan con dicho estado de fascinación, que puede durar muchísimo”, explica Félix López Sánchez, catedrático de la Universidad de Salamanca (USAL), pionero en la teoría del apego en España. No obstante, otras voces expertas argumentan lo contrario, tal y como afirma el psicólogo Yves-Alexandre Thalmann en su libro “Las virtudes del poliamor. La magia de los amores múltiples” (2008).

Lo que está claro es que lo mejor en el enamoramiento es que sea correspondido; que las dos personas establezcan compromisos; y que ambas se cuiden afectiva y sexualmente y en la vida diaria. “Lo que más enamora finalmente es que el otro nos haga sentir bien, nos valore y nos resulte físicamente atractivo”, subraya López Sánchez, a quien no le gusta hablar de ‘amor de verano’.

Al parecer confundimos este término con el de atracción, que se puede sentir por una o varias personas a la vez y puede ser muy intensa también. El experto afirma que el amor del verano es igual que el del resto del año, lo que cambia es que en esta época hacemos una vida más abierta y disponible.

«Cómo vivir en pareja y no morir en el intento»

El ciclo vital de la pareja, como modelo de organización socio-afectiva, puede desembocar o no en un proyecto de futuro. Pero de ser así, se abre un campo no carente de dificultades. La psicología está de acuerdo en algo básico: la convivencia es más fácil si, además de tener afectos sexuales, se generan apego, amistad y compromiso.

Aunque no existe una receta para el éxito, López-Sánchez da un cóctel: una personalidad apropiada, equilibrada, confiada y con capacidad para la intimidad; saber querer y ser querido -cuidar y ser cuidado-; ser igualitario y respetuoso con el otro; compartir buenos momentos; apoyar al otro/a; tener capacidad de establecer compromisos; tener una vida amorosa rica; compartir proyectos de vida, etc. “Y todo siendo una naranja entera, nada de media naranja dependiente o sometida al otro”, sentencia.

Entonces, ¿una pareja “para toda la vida” es una batalla perdida? Para la psicóloga Victoria Ferrer, el amor cambia con el tiempo, pero eso no implica necesariamente que tengamos que llegar al desamor: “El amor atraviesa diferentes fases, pero no es inevitable que se acabe”.

El catedrático salmantino lo tiene claro: “Somos personas para el contacto y la vinculación. Las relaciones de pareja no son obligatorias, pero si se encuentra la persona apropiada son una buena alternativa. Encontrarla y vivirla no es perder el tiempo, sino vivir intensamente la vida”. Ya sea en verano, o en otoño.

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AMANTES VIRTUALES

El final del verano supone la ruptura de muchas ‘parejas estivales’ por culpa de la distancia o del mayor tiempo que comparten. Sin embargo, las relaciones que se construyen a través del ordenador pueden continuar sin importar el cambio de estación.

Abducidas por las tecnologías, las personas han generado un nuevo tipo de amor, el de los ‘amantes virtuales’. Algunas entienden que las relaciones mediadas por una máquina deshumanizan. Otras enfatizan sus virtudes.

Los sociólogos Beatriz Cavia y Ángel Gordo de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) desarrollaron un estudio en 2002 donde analizan, más allá de estos dos polos contrapuestos, “la manera inminente y progresiva en que internet nos permite entablar amistades, colaborar en la distancia o incluso amar”.

En este sentido, los científicos explican que “enamorarse por medio de juegos de escrituras (como chats o emails) proporciona nuevas visiones sobre el amor donde prevalece el poder mental de seducción para elaborar fantasías ‘controlables’ por el otro”. Si bien es cierto que lo más común es que esa fantasía entre internautas, como en cualquier relación, derive en un contacto corporal en tres dimensiones.

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Referencias bibliográficas:

Juan Luis Linares. “Paseo por el Amor y el Odio: La conyugalidad desde una perspectiva evolutiva”. Revista Argentina de Clínica Psicológica. Volumen XIX. Abril de 2010.

López, F (2009). “Amor y Desamor: procesos de vinculación y desvinculación sexuales y afectivos”. Madrid: Biblioteca Nueva.

Victoria A. Ferrer Pérez, Esperanza Bosch Fiol, Capilla Navarro guzmán, M. Carmen Ramis Palmer y Esther García Baudes. “El concepto de amor en España”. Psycothema, (589-594) Vol.20 nº4 2008.

Beatriz Cavia, Ángel Gordo. “Enredados en lo virtual. Estrategias de Gobiernos e Insurrecciones Postbiológicas”. Centro de Estudios sobre Identidad Colectiva CEIC, septiembre de 2002.