La formación de los trabajadores, el camino más corto hacia el empleo

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La formación de los trabajadores, el camino más corto hacia el empleo

Ante la incredulidad generalizada de propios y extraños, propios me refiero a aquellos que todavía no han recibido cargo público, ni lo recibirán, y extraños me refiero a todos los demás, críticos por devoción o sentido común, pues ante la incredulidad de todos, te iba diciendo, Zapatero, nuestro Presidente, ha dicho algo coherente, y ya llevaba mucho tiempo sin hacerlo.

Una de sus nuevas proclamas anticrisis es la defensa de la formación de los trabajadores. Hasta ahí nada nuevo bajo el sol, pero sí ha dicho algo diferente, algo que alguien con más de dos dedos de frente le debe de haber asesorado y él, como persona inteligente que es, ha hecho suyo.

Se trata de focalizar la formación en las cualidades individuales del trabajador y no en los valores añadidos que el trabajador puede aportar a la empresa en la que se encuentra trabajando.

La idea es sencilla, si se forma al trabajador en sus cualidades personales e individuales se conseguirá que todos ganen. Gana él (o ella para no herir sensibilidades) porque conseguirá mejorar su formación y estar en mejor disposición para encontrar una nueva empresa o encontrar otro trabajo cuando pierda el actual.

Pero además su empresa actual se verá beneficiada por el hecho de que el valor añadido de su trabajador habrá mejorado con lo que su productividad será mayor y, por extensión, los beneficios empresariales se incrementarán.

El problema de la formación que se viene dando hasta ahora es que sólo busca la mejora del trabajador en su puesto de trabajo, y no el crecimiento de su potencial como trabajador. Con la nueva propuesta, que no es propuesta todavía, pero que estaría bien que lo fuera, los trabajadores de este país serían, por fin, autónomos y no dependerían de la arbitrariedad de sus superiores.

Y una vez instaurado un sistema de formación adecuado, con trabajadores en permanente crecimiento como profesionales, sería el momento de abordar la verdadera necesidad de nuestras sociedades laborales del siglo XXI: el despido libre, la única forma de tener un mercado laboral justo y equitativo.

En definitiva, espero que éste sólo sea la primera de una batería de propuestas inteligentes de nuestro Presidente o, por lo menos, de nuestro Gobierno, aunque mucho me temo que esta idea lanzada a los cuatro vientos y de la que nadie parece haberse percatado o haberle concedido la suficiente importancia, no será más que un vergel en el desierto.