Los sindicatos siguen viviendo en la prehistoria

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Ligoteo

¿Sería posible escribir algo hoy sin hablar de la Huelga General de mañana? Complicado, ¿verdad? Sería como ir contra la naturaleza, contra el propio devenir de los acontecimientos, así que me dejaré llevar, dejaré que mi voluntad caiga en el discurrir inevitable del tiempo y se traslade, al son del soniquete de dos relojes marcando los segundos, al día de mañana.

Se supone que los sindicatos han organizado el paro de mañana con el objetivo de conseguir que el Gobierno de marcha atrás en su reforma del mercado laboral y mantenga los derechos adquiridos a los trabajadores.

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Y no digo que no, que puede que sí, aunque sigo sosteniendo que su verdadero objetivo es conseguir darse importancia y marcar su territorio, no vaya a ser que alguien se de cuenta de que su composición está ya pasada de moda y que la sociedad actual reclama otro tipo de organización sindical.

Sin embargo, la Huelga General parte con ventaja. Será secundada, como mínimo, por unos cuatro millones de personas que no acudirán a su puesto de trabajo, entre otras cosas porque no tienen trabajo. A esas personas el debate sobre los días de indemnización por despido o el retraso de la edad de jubilación les trae sin cuidado, ellos sólo quieren trabajar.

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Pero ello son secundarios para los sindicatos, porque ellos no eligen a los delegados sindicales en las empresas, ellos no determinan el poder de las organizaciones, hay que defenderlos, pero menos.

Si tuviéramos sindicatos como debe, el diálogo social no hubiera fracasado (bueno, también hubiera ayudado que Díaz Ferrán se hubiera marchado a limpiar su casa en lugar de dar clases de moralidad), se hubieran arremangado la camisa y encontrado los puntos de acuerdo con los empresarios para generar más puestos de trabajo.

Porque el drama no es estar trabajando y que te puedan despedir más fácilmente, el drama es no estar trabajando. Porque los empresarios no tiran piedras contra sus propias empresas, y si un trabajador es eficiente darán mil vueltas a sus finanzas para no tener que despedirlo, y sólo en situaciones extremas lo harán, y en ese caso ya poco importará la indemnización, ni a uno ni a otro.

Los sindicatos deberían de preocuparse por dinamizar la contratación y por mejorar la formación continua de los trabajadores. Vivimos en una sociedad dinámica, y en ella los empleos se crean y se destruyen, ya no hay empresas que duren 100 años, por lo que los trabajadores deben de estar siempre al día, siempre formados, y ese debería de ser el verdadero objetivo de los sindicatos, y no proteger derechos adquiridos que restan riqueza a la sociedad a la vez que esclavizan a empresarios y a trabajadores, sí, también esclavizan a los trabajadores, que no abandonan sus empresas por miedo a perder los derechos adquiridos.

Basta ya de demagogias absurdas basadas en ideologías obsoletas. Es hora de que los sindicatos se dejen de Huelgas Generales que no aportan nada y arrimen el hombro para construir un mercado laboral acorde con los tiempos que corren.