Los incondicionales

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Las migas del almuerzo

 

El próximo 6 de noviembre el afamado grupo vocal “Ratzinger y los cardenaloides” inician su gira por España. Una visita escueta, que los llevará desde Santiago hasta Barcelona; las entradas para ambos conciertos ya están a la venta en su cajero. Ya estoy preparando el macuto y el saco de dormir para hacer cola en las taquillas, pues además han avisado que habrá localidades limitadas, concretamente, para 6.000 fanáticos como yo, esos que nos sabemos todas sus canciones de memoria, a la usanza de Camilo Sesto, que anda dando sus últimos tumbos por los escenarios despidiéndose de sus incondicionales. En el fondo “Los Cardinals”, como cariñosamente los llamamos en nuestro Club de Fans, serían algo así como los Miguel Ríos de San Pedro, el cual, por cierto, también anda de despedida estos días. En realidad, el aforo del palacio de conciertos de Compostela alcanza para albergar 7.000 almas, con sus cuerpos correspondientes, pero el grupo se ha reservado, a modo de “back stage” 1.000 localidades para sus fans más acérrimos, léase, obispos, cardenales y autoridades eclesiásticas.

El “Team Manager” para los asuntos del grupo en España, que se atiene como ellos a la más pura vestimenta rockera, ya ha atizado los ánimos de sus fervientes seguidores, con una rueda de prensa que ya la firmaría para sí el mismísimo José Mourinho. En eso, al menos, no le van a la zaga a los hermanos Gallagher, del grupo británico Oasis, que como reclamo suelen prodigarse con una buena taza de sí mismos. Y miren, digan lo que digan, pese a quien le pese, llenan pabellones con sus inocentadas. Y no sólo auditivos.

Preguntado monseñor Martínez Camino por esos “problemillas domésticos” que han surgido dentro del grupo, asuntillos de pederastia, blanqueo de dinero y coste de los fastos susodichos, el “Team Manager” ha dado a sus incondicionales la de cal y la de arena, como procede en estos casos. Que sí, que a veces, para desgracia de todos, a algún párroco se le va la mano con los monaguillos o catecúmenos. Por suerte, esos casos “se pueden contar con los dedos de las dos manos”. Vaya la gravedad del hecho por su escasa cuantía. Lo uno por lo otro, como el chiste: “¿Cuántas veces ha robado usted en un supermercado?” “No sé, una o ninguna”. Pues hay gran diferencia. Vamos, que fustigado por los “pecadillos” de pederastia, el portavoz de la Conferencia Episcopal ha venido a decir que tampoco es para tanto, que sólo han sido 9 ó 10 veces. Porque les aseguro yo que si hubieran sido 4 ó 5 veces, habría especificado que los casos se pueden contar con los “dedos de una mano”.

Pero los incondicionales, somos así. Nos da igual los pecados de nuestros héroes. Hasta la muerte les seguiremos. Y hasta más allá, si es menester. Con nuestras camisetas compradas en las parroquias, las caras pintadas con aquello de “Ratzinger queremos un hijo tuyo”, y perdonando, siempre perdonándoles las afrentas, porque ya se sabe, los famosos tienen esas excentricidades. No son gente cualquiera.

Estábamos preocupados también porque las últimas informaciones apuntaban a que el grupo estaba pasando por problemas económicos. Desde hace tiempo se viene rumoreando que andan en contacto con ciertas organizaciones mafiosas a las que blanquean el dinero de sus actividades paralegales. Entiendo que eso son bulos de la feroz competencia, que ya no sabe qué inventar para denigrar su sólida y siempre comprometida carrera. Dicen las malas lenguas que en su caja de caudales, entiéndase Banco Vaticano, han entrado 23 millones de euros de “sospechosa procedencia”. Pura campaña de difamación. Joseph, vocalista del grupo, ya ha dado todo su apoyo al tesorero de turno. Y es que bien sabemos los españoles que esas cosas pasan. ¿No hemos aprendido la lección de la Pantoja? A ella, sin quererlo, sin ella saberlo, le ingresaron 3.000 euros diarios en sus cuentas corrientes y nada sabía la pobre del asunto. A mí me cargaron anteayer 6 euros por “Mantenimiento de la cuenta corriente” y me saltaron todas las alarmas. Es lo que tiene ser pobre de verdad.

De todos modos, mi peña y yo, como fans fans fans que somos, hemos decidido no sólo abonar la entrada sino recaudar una modesta hucha para cuando pasen el cepillo en pleno concierto. Que no pasen hambre. Por si acaso. Aunque también nos tranquiliza, según ha informado el portavoz, que la gira no sólo no les generará pérdidas, sino que incluso les reportará beneficios. Es bueno saberlo. Porque se avecinan tiempos difíciles. Desde que muriera el anterior cantante, el añorado Juan Pablo, parece que las cosas no funcionan tan bien. Con Joseph, las letras de sus canciones se han vuelto un poco más duras, más “extremistas”, pero no importa porque somos incondicionales. No ponemos condiciones a nuestra admiración.

En eso consiste la fe. En perdonar. Supongo.

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