¡Quantum nobis notrisque que ea de Christo fabula profuerit, satis est ómnibus seculis notum! Papa LEON X

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¡Quantum nobis notrisque que ea de Christo fabula profuerit, satis est ómnibus seculis notum! Papa LEON X. Carta al cardenal Bembo.

“Fiarme quiero, gayo, que vienes de meter huevo”. Refrán sefaradí.

En provecho de los más terrenales intereses, a veces, el hombre tergiversa o deforma la Historia; en otras ocasiones se la inventa. En cuantas dependencias de este inmenso palacio que es la Historia de la Humanidad ha trasteado el hombre, raro es encontrar algo, circunstancia o hecho que se sostenga en pie, indemne a las interpolaciones, falsificaciones y manipulaciones; impoluta tras las perdigonadas literarias de los talleres especializados en maquillar textos, nacimientos y muertes, incluso de certificar y recrear vidas de seres imaginarios. Ha ocurrido siempre, desde que el hombre es hombre y desde que el mismo supo utilizar los dedos en algo más que desgarrar la carne de caza y pulir su armamento.
Hablan textos eruditos de falsificaciones e interpolaciones de todo tipo en textos considerados fundamentales o imprescindibles para la comprensión de algunas etapas históricas. Incluso, aunque parezca increíble, existen obras cuyos textos originales fueron sustraídos, manipulados en su totalidad, incluso el nombre de su autor, y puestos en circulación como obra nueva. Al respecto parece que hay unanimidad en señalar a los Libros Sagrados judíos como las víctimas por antonomasia y a los escribas cristianos en su conjunto como los autores de las interpolaciones, falsificaciones y manipulaciones. Esta laboriosidad falsaria vendría justificada, en primer lugar, por la intención de desvirtuar al propio judaísmo ante los judíos de la diáspora -clientela primigenia de Saulo y sus compañeros-, en segundo lugar por la construcción del propio andamiaje del cristianismo y, por último, para disponer de mejores testimonios para la siempre cuestionada historicidad de Jesús. Es menester airear y recordar todo esto ante la creciente intoxicación del ambiente en foros, blogs y salas de conferencias con, entiendo yo, un nuevo “jesuismo” no fundamentado. Ya, incluso, a este Jesús se le presenta con la figura de rabí. De esta guisa al menos aparece en muchos de los libros que se vienen editando sobre el tema.
Aun cuando el anti-judaísmo es antiguo, se tiene por demostrado que desde la destrucción de los símbolos judíos en Elefantina (410 A.E.C.) hasta las primeras manifestaciones cristianas, las agresiones, persecuciones y enemistades sufridas por el Pueblo de Israel tenían su fundamento en motivos políticos; también religiosos, aunque en menor medida. No olvidemos que ni aún después de la conquista de Jerusalén por los romanos los judíos tuvieron dificultades para la práctica religiosa. Fue con la llegada y expansión del movimiento ideado por Saulo, llamado “de Tarso”, y su pretensión de apropiarse los Libros Sagrados, utilizándolos con sus falsificaciones como armas arrojadizas contra los judíos, como se inició lo que hoy llamamos anti-semitismo o anti-judaísmo. Con la Interpretatio Christiana se sistematiza desde el propio cristianismo primitivo el proceso diferenciador con los judíos, a los que incluso llegaron a acusar de apóstatas. Es evidente que de haber existido un registro general de la propiedad intelectual, la expansión del cristianismo no hubiera sido posible, éste no existiría. “Vuestras Escrituras, mejor dicho, no vuestras, sino ¡nuestras!”, dijo San Justino Mártir, uno de los primeros apologistas cristianos; santo, por supuesto. Esta apropiación dura ya mil novecientos años.
Iniciada la tercera etapa y construido intelectual y políticamente el esqueleto del edificio cristiano mediante las mencionadas sustracciones y falsificaciones, se procede a la creación de la figura de Jesús. No había nada con qué fundamentarla, por lo que se hacía indispensable la manipulación de textos a tal fin. Obvio. Para ello se utilizaron textos tanto de autores judíos como paganos. Así, interpolando las Antigüedades Judías, surgió el Testimonium Flavianum y, como dice Deschner, inventaron el Josefo apologista otorgándole la autoría de varios libros cristianos. Según este mismo historiador, el proceso de creación del Pilatos cristiano fue relativamente rápido. Aparecieron falsas cartas dirigidas al emperador Tiberio, Claudio, Herodes, hasta con Augusto, muerto hacía décadas. En una de ellas llega a testificar sobre el nacimiento de la madre de Jesús y sobre los “milagros” de éste. La acumulación de falsos textos de Pilatos llega a tal extremo que, aparece en el llamado Evangelio de Gamaliel atestiguando sobre la resurrección de Jesús. Las Iglesias copta y etíope veneran como santo a Pilatos.
Al parecer, muchas de estas falsificaciones e interpolaciones eran chapuzas de tal calibre que fueron objeto de burlas en algunos ambientes, llegando Erasmo de Roterdam a declararlas toscas falsificaciones y san Jerónimo a plurímis leguntur. Con todo y pese al barro ocasionado y las burdas mentiras, la obra tomó asiento y fructificó como un injerto. Ya nadie se espanta de tanta falsedad, de tanto mártir falso, tanto anacronismo histórico, tantas fingidas fuentes. Pero es bueno dar un grito de vez en cuando.

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